Trump y Putin podrían destruirse mutuamente

Apoyar al presidente de Estados Unidos puede llegar a ser contraproducente para el Kremlin.

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Parece altamente probable que el ‘hackeo’ haya influido en el resultado de una elección estrecha.

EFE

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septiembre 15 de 2017 - 06:47 p.m.
2017-09-15

Si Vladimir Putin efectivamente ayudó a colocar a Donald Trump en la Casa Blanca, logró un importante golpe de inteligencia. Sin embargo, también podría ser el autogol final.

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Una operación destinada a aliviar la presión sobre el Gobierno de Putin mediante la instalación de un rostro amigable en la Casa Blanca, ha llevado a un endurecimiento de las sanciones contra Rusia y un peligroso aumento de la presión política interna sobre el presidente ruso.

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En cuanto a Trump, la supuesta colusión de su campaña con Rusia podría haber ayudado a su victoria electoral, pero corre el riesgo de destruir su presidencia. Sería una extraña ironía si la cercanía entre los equipos de Putin y Trump finalmente terminara con las carreras políticas de ambos presidentes.

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Por supuesto, el Gobierno ruso y los defensores intransigentes de Trump todavía niegan que tal colusión haya ocurrido. Pero los servicios de inteligencia estadounidenses están seguros de que Rusia estuvo detrás de la filtración de correos electrónicos del Partido Demócrata.

Parece altamente probable que el hackeo haya influido en el resultado de una elección estrecha.

Yo estaba en Filadelfia en vísperas de la convención demócrata en julio de 2016 cuando se publicaron los primeros correos electrónicos que se filtraron. La revelación de que Debbie Wasserman Schultz, la copresidenta del Comité Nacional Demócrata, había ultrajado a la campaña de Bernie Sanders en privado, forzó su renuncia y aseguró que la convención comenzara de manera caótica.

Los partidarios de Sanders estaban convencidos de que a su candidato le habían robado la elección. Y los votantes de Sanders que apoyaron a los republicanos, fueron cruciales para la victoria de Trump en los estados vitales de Pennsylvania, Michigan y Wisconsin.
Ahora también sabemos que los operadores rusos usaron Facebook y Twitter para difundir mensajes contra Clinton.

Durante su campaña, Trump siempre simpatizó con el Kremlin. Aún no se sabe si su simpatía estuvo motivada por la ideología, alguna inversión o algún secreto embarazoso.
Pero la conexión con Rusia desencadenó una serie de acontecimientos que en última instancia podría destrozar su presidencia. Alarmado por la investigación de la Oficina Federal de Investigaciones sobre sus contactos rusos, el mandatario estadounidense destituyó a James Comey, jefe del FBI en ese momento.

La reacción contra el despido de Comey llevó al nombramiento de Robert Mueller, un exjefe del FBI, como fiscal especial para examinar la conexión entre Trump y Rusia. Y el progreso implacable de la investigación de Mueller probablemente provoque arrestos y renuncias.

Eso, a su vez, podría conducir a la destitución de Trump y a la destrucción de su presidencia.

En cuanto a Putin, el momento en que quedó claro que su apuesta podría ser contraproducente fue cuando Trump fue obligado a despedir al General Michael Flynn, su primer asesor de seguridad nacional, por no revelar los contactos con el Gobierno ruso. A partir de ese momento, relajar las sanciones en contra de Rusia se volvió políticamente imposible para Trump.

Por el contrario, la reacción contra la injerencia rusa en las elecciones estadounidenses ha llevado a la intensificación de las sanciones, y la desconfianza del Congreso asegura que Trump no podrá levantar estas medidas unilateralmente. De hecho, parece que el Congreso republicano ha endurecido las medidas contra Rusia en lugar de endurecer su actitud contra Trump.

Las sanciones, que se añadieron durante el verano, se dirigen específicamente a la minería rusa y las industrias petroleras. En respuesta, Dmitry Medvedev, el primer ministro ruso, acusó a EE. UU. de “una declaración de guerra económica contra Rusia”.
Por ahora, lejos de mejorar con Trump, las relaciones entre EE. UU. y Rusia son tan amargas como en cualquier momento desde el apogeo de la guerra fría.

Al darse cuenta de que el Gobierno de Trump no podrá levantar las sanciones, el Kremlin recurrió a una expulsión masiva de diplomáticos estadounidenses en respuesta a una expulsión anterior de los rusos por la administración Obama.

La perspectiva de que EE. UU. pueda suministrar armas a Ucrania se ha vuelto mucho más real. Y Rusia está a punto de embarcarse en algunos ejercicios militares importantes en Europa del Este, lo que aumentará los temores estadounidenses.

La ironía para Putin es que, si simplemente hubiera dejado que los acontecimientos siguieran su curso, las sanciones a Rusia podrían haber sido aliviadas durante el curso normal de los acontecimientos, incluso con Hillary Clinton en la Casa Blanca.

De hecho, Clinton ya había intentado un “reajuste” con Rusia como secretaria de Estado y podría haber estado preparada para intentar otro. Muchos en Europa también se estaban cansando de las sanciones.

Cuando los informes de la investigación Mueller salgan a la luz, es probable que haya un nuevo nivel de indignación estadounidense hacia Rusia. La amenaza más obvia es contra Trump. Pero el proceso también representa una amenaza indirecta para Putin, quien participará en una elección presidencial en marzo y se enfrentará a una oposición revitalizada, liderada por el popular y atrevido Alexei Navalny, y una economía en deterioro que ha afectado profundamente a los consumidores.

Aunque muy pocas personas esperan que pierda las elecciones, la euforia pro-Putin de hace un par de años está claramente desapareciendo. Han comenzado a aparecer artículos sobre la era post-Putin en los medios de comunicación rusos.

Sobre todo, los intereses económicos más poderosos en Rusia ahora saben que ya no hay una luz al final del túnel de sanciones. De hecho, es probable que las cosas empeoren. Algo radical tendrá que cambiar para que se levanten las sanciones.

Y ese cambio podría ser su salida del Kremlin. De hecho, sólo con la salida de Trump y de Putin, será realmente posible restablecer las relaciones entre EE. UU. y Rusia.

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