‘Desgraciadamente, América Latina actúa poco como región’

El expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti dio para Portafolio su visión sobre el presente y el futuro de América Latina.

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septiembre 01 de 2013 - 10:44 p.m.
2013-09-01

Sanguinetti, mandatario del país en dos ocasiones (1985-1990 y 1995-2000), afirmó que el futuro de la región está en la educación y que la pobreza en realidad no se ha reducido como muestran las estadísticas oficiales de la región.

Todo indica que el viento que sopló en beneficio de América Latina está disminuyendo su intensidad. ¿Está de acuerdo?

Desde el 2003 nos beneficiamos de un extraordinario auge de precios y de una fluidez de crédito, prácticamente ilimitado. Hoy comienza un viraje. Se ha detenido ese ritmo expansivo, pero no preveo en el corto plazo una situación de crisis.

No es la primera vez que la región tiene una bonanza por cuenta de los productos básicos. ¿La hemos administrado mejor que en otras ocasiones?

Esa es la gran pregunta. Unos países, Venezuela, por ejemplo, la han despilfarrado, y basta ver las carencias de su mercado para advertirlo. Otros, como Perú o Chile, por ejemplo, han mejorado mucho su infraestructura.

En el medio estamos todo el resto. El propio Brasil, la mayor potencia hemisférica, está acusando su falta de inversión en infraestructura de energía, puertos o aeropuertos, con un freno al desarrollo.

¿Qué se debe hacer para no repetir las experiencias del pasado?

No hay receta milagrosa, pero está claro que se necesita mantener equilibrio macroeconómico, invertir más en los sectores exportadores, incorporar mayor tecnología y mejorar sustancialmente la educación, para preparar recursos humanos aptos para la globalización.

La inversión, en estos años, se ha anclado preferentemente en bienes no transables, lo que apunta al mercado interno, que es importante aunque limitado.

¿Qué tan duradera considera la baja en los índices de pobreza?

La baja de 45 por ciento de la población en pobreza, en el 2001, a 28 por ciento hoy, es importante, pero encubre una realidad cuestionada. Esos guarismos se miden por nivel de ingresos y allí se contabilizan los nuevos planes de transferencias en dinero, que si hoy se quitaran dejarían a sus beneficiarios en la misma situación de pobreza. Se supera el nivel cuantitativo de la pobreza, pero no por ello se ingresa en la clase media.

¿Y el crecimiento de la clase media?

Como decimos, las clases medias, con toda la variedad que suponen, se definen no solo por el ingreso sino por el acceso a vivienda, a servicios de salud y muy especialmente de educación. Todo eso debe traducirse en la capacidad personal de sustentarse.

Han crecido en América Latina, pero bastante menos que lo que refleja la estadística, si la analizamos bajo esa visión que comentamos.

¿Qué amenazas se ciernen sobre la región?

El mundo está en un acelerado proceso de cambio y hay que adaptarse a él. La región hoy está dando respuestas distintas. México está vinculado al mercado norteamericano. En el sur, los países del Alba, populistas, apuntan hacia economías relativamente cerradas, que solo podrán crecer en coyunturas muy favorables. La Alianza para el Pacífico es una muy buena perspectiva si se actúa pragmáticamente. En el Mercosur estamos estancados.

Más allá de lo económico, la política es muy importante, porque así como ayuda a crecer, también puede descarrilar, desalentar la inversión y -como consecuencia- atrasarse tecnológicamente, lo que es peligrosísimo en un mundo global. Si tenemos una mirada social, el gran desafío es la educación. La nueva economía no ofrece oportunidades al trabajador poco calificado. En las aulas se está jugando el futuro.

¿Es malo crecer con base en bienes primarios?

En sí no es malo, pero es limitado. También hay que matizar el concepto, porque hoy, en alimentos, por ejemplo, la exportación ya no es un bien primario. Nosotros no exportamos carne de media res colgada de un gancho, como fue la tradición.

Hoy se exporta un corte específico, con una trazabilidad -que es el curriculum del novillo- dónde nació, qué comió, qué enfermedades tuvo, qué vacunas recibió. Esto lo aleja de ser una simple materia prima.

Dentro de las asignaturas pendientes, ¿cuáles son las más importantes?

Insisto en la educación. Es el mayor desafío. La mitad de nuestros jóvenes no termina secundaria. Se estima que entre 15 y 20 por ciento son NI-NI, o sea ni estudian ni trabajan.

¿Cómo ve a Colombia?

Se la ve crecer económicamente, con equilibrio fiscal, baja inflación y sin riesgos en su estabilidad política. El fantasma de la guerrilla está reducido a una expresión comparativamente menor que en el pasado.

Si el proceso de paz culmina, como todos deseamos, será muy importante, pero aunque no se llegara a una solución integral, está claro que ya no genera el peligro de otros tiempos, cuando estaba amenazada la propia institucionalidad.

¿Considera que en América Latina persiste el antagonismo entre dos modelos de desarrollo?

La expresión ‘modelo’ alude a ciertos esquemas de planificación definidos. Es muy reduccionista. Hay que mirar hacia las grandes líneas generales y, en ese aspecto, sin duda hay diferencias. Venezuela o Bolivia, por ejemplo, no privilegian la inversión extranjera. El gran Brasil, la mayor potencia, aún registra una economía más cerrada que el resto, y eso hoy lo está pagando.

En materia cambiaria hay países flexibles y otros totalmente administrados, como Argentina, con un dólar oficial y uno paralelo 50 por ciento mayor. El hecho es que en estos años todo el mundo creció, pese a esas diferencias, y ello fue el resultado de precios internacionales espectaculares. Hoy, que esas circunstancias comienzan a virar, desnudan el error de invertir mal y gastar de más en sectores no productivos.

¿Es optimista sobre el futuro de la región?

América Latina en general tiene todo para seguir creciendo: materias primas, agua, alimentos, fuentes de energía abundantes.

Desgraciadamente, actúa poco como región. Las tres economías más grandes, Brasil, México y Argentina, van cada una por su lado. Las potencialidades son enormes, pero hay que cuidar el equilibrio económico, la seguridad jurídica, la estabilidad política y ponerlo todo al servicio de la formación profesional. El mundo de hoy, como decía H.G. Wells hace cien años, es cada vez más una carrera entre la educación y el desastre.

Ricardo Ávila Pinto

Director de Portafolio

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