Los diálogos en Venezuela no dan muchas esperanzas

Analistas afirman que el Gobierno quiere ganar tiempo y debilitar a la oposición con las discusiones. Hoy se volverán a reunir las dos partes para continuar conversando sobre el país.

Los diálogos en Venezuela no dan muchas esperanzas

EFE

Los diálogos en Venezuela no dan muchas esperanzas

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abril 15 de 2014 - 02:08 a.m.
2014-04-15

El diálogo que se llevó a cabo en la noche del jueves pasado entre la oposición y el Gobierno en Venezuela, con el fin de detener la violencia que vive el país, no presenta los mejores augurios ni en soluciones ni en continuidad, según analistas de ese país consultados por Portafolio.

La pregunta que todos se hacen es si esos diálogos servirán para apaciguar los ánimos, en un país cuyas protestas han dejado a la fecha 41 muertos, más de 2.000 estudiantes arrestados y opositores políticos encarcelados.

Los analistas ven estos diálogos, los cuales continuarán hoy, como un esfuerzo del Gobierno de Nicolás Maduro por apaciguar las protestas, y debilitar y dividir a la oposición por la falta de resultados palpables, ya que el Gobierno se niega a negociar las demandas de los opositores.

Miguel Ángel Martínez, experto en sociología del conflicto y politólogo, afirma que en ese primer debate la oposición se mostró mucho más fuerte que el Gobierno, con una agenda precisa y propuestas concretas.

“Mientras los diálogos sigan siendo públicos y por televisión, favorecerán a la oposición. Pero yo creo que el Gobierno va a intentar sacar los diálogos de la televisión, aprovechar para intentar dividirla, ir ganando tiempo y que las protestas disminuyan”, agrega Martínez.

La politóloga Ruth Capriles afirma que en las próximas ocasiones el Gobierno irá mejor preparado y, entre más sesiones haya, va a favorecerlo. “Si el diálogo fueran dos o tres sentadas, está bien. Si la situación en la calle se deteriora, va a ser más costoso para los opositores que para el gobierno”, dice Capriles.

“En este primer debate, los opositores tenían una agenda, algo concreto; al Gobierno se le vio evasivo y a la defensiva”, añade Martínez. “La gente los pudo escuchar, que eso en Venezuela no es nada fácil”, explica Capriles.

Uno de los principales problemas para los líderes de la oposición es que no la representan en su totalidad, como por ejemplo a los estudiantes y al movimiento de Leopoldo López y María Corina Machado. “Además de que no tienen nada que ofrecer, pidieron que suelten a los presos políticos, pero sin ofrecer cosas a cambio. Ni siquiera parar las protestas”, sostiene Capriles.

Martínez puntualiza que la insistencia del Gobierno en que no hay negociaciones y la falta de mediadores o facilitadores externos les dejan a los diálogos muy poco espacio para el éxito. “Se supone que debe haber algún tipo de acuerdo; si no es así, soy muy escéptico frente al proceso”, explica.

Capriles es de la opinión de que se debería trabajar en la libertad incondicional de los estudiantes presos, “ya que otro tipo de negociación es complicada”.

Pero a pesar del ambiente de pesimismo, ambos analistas ven como positivo que las partes se hayan sentado, especialmente para la oposición, que debido a la censura del Gobierno tiene muy pocos espacios para expresarle al pueblo venezolano sus puntos de vista y su malestar por la situación económica, social y política que vive el país.

LA LEGITIMACIÓN DE LOS LÍDERES DE OPOSICIÓN

Capriles dice que los líderes opositores se legitimaron con sus intervenciones ante la oposición misma, ya que el solo entrar al Palacio de Miraflores los hacía ver como traidores. “La oposición debe tener un diálogo interno para unificar sus orientaciones”, añade Martínez.

EL CAMINO HACIA EL BORDE DEL ABISMO

La invisibilidad y el resentimiento que le tocó padecer a buena parte de la población durante décadas son algunas de las explicaciones que los analistas sociales dan como las causas de la creciente polarización y el odio entre los venezolanos.

La sicóloga social María Teresa Urreiztieta lo explica como batallas por el reconocimiento. Los que fueron invisibles, ahora que están visibles quieren invisibilizar a los otros, y estos luchan por no dejarse.

“La gasolina para la situación actual fue el resentimiento, durante décadas, de ser desplazado, de no tener acceso al poder, a los bienes y servicios”, explica Urreiztieta.

“Ese fue el caldo de cultivo en el que se montó el presidente Chávez, y luego lo utilizó como arma de lucha política en contra de los adversarios, que calificó como enemigos. Esto llevó a que se exarcerbaran los resentimientos de parte y parte, y estamos en un momento en el cual la violencia tenía que aparecer”.

Pedro Vargas Núñez

Subeditor Portafolio

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