‘Es muy difícil ser político opositor en Venezuela’

“Venezuela tiene raíces democráticas profundas. La prueba está con los estudiantes, muchachos de 17 y 18 años, que no han conocido otro presidente que Chávez y están matándose en las calles por nuestra libertad y democracia”, asegura Williams Dávila.

Williams Dávila / Diputado a la Asamblea Nacional por el Estado Mérida.

Archivo Portafolio.co

Williams Dávila / Diputado a la Asamblea Nacional por el Estado Mérida.

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mayo 07 de 2014 - 01:56 a.m.
2014-05-07

Ser diputado opositor en Venezuela por estos días no es una tarea fácil. Lo que deberían ser debates, presentación de proyectos de ley y denuncias sobre los diversos aspectos del país en la Asamblea Nacional, es una lucha constante contra las condiciones adversas que impone el Gobierno, que maneja por igual los tres poderes del país.

El diputado por el Estado de Mérida, Williams Dávila, afirma que el oficio se convirtió en un riesgo, tanto en lo profesional como en lo personal, porque se ha disminuido el estatus jurídico del parlamentario, son sometidos a escarnios, a agresiones físicas, se eliminó la inmunidad parlamentaria y los oficios de contraloría política.

“Hay, además, un proceso de intimidación y hostigamiento a nuestras funciones. Nuestras cuentas de Twitter son hackeadas y, además, los medios de comunicación no pueden transmitir lo que decimos.

Hay censura”, agrega.

También, los oficialistas tienen la táctica de rodear al parlamento con sus partidarios y cuando “salimos nos tiran piedras y botellas de agua congelada. Tienen 3 mil personas y nosotros salimos solos, expuestos a cualquier agresión”.

Añade que los escoltas y los carros blindados son para los altos cargos del oficialismo.

El rostro ensangrentado de Dávila estuvo en los medios internacionales en abril del año pasado, cuando fue atacado por miembros del oficialismo en plena Asamblea Nacional.

¿Por qué y cómo fue la agresión física?

Eso sucedió el 16 de abril del año pasado. Yo reclamé para que se hiciera un reconteo total de votos después de las elecciones que ganó Maduro por escaso margen el 14 de abril.

Ese martes, cuando comenzó la sesión, uno de los diputados oficialistas se vino a clavarme un lápiz en la garganta pero lo detuvieron los mismos oficialistas. Sin embargo, cuando yo me fui a sentar me tiraron un cesto de basura y después un micrófono, el cual me produjo una herida en la frente, que necesitó 18 puntos de sutura.

Me negaron la ambulancia, el servicio médico, tuve que salir a la esquina lleno de sangre, porque cuando me vieron sangrando, tanto el presidente de la Asamblea como la mesa directiva lo que hicieron fue reírse.

A finales de ese mismo mes ocurrió la agresión física contra Borges, Corina Machado y otros diputados, a quienes también hirieron.

¿Qué piensa usted de la comunidad internacional respecto a lo que sucede en Venezuela?

La comunidad internacional ha sido muy débil. No quieren ver lo que pasa allí. Los parlamentarios no se dan cuenta que lo que pasa allí, también les puede suceder a ellos. Hay varios que sí nos han apoyado como el de Perú, Paraguay y México.

Vine a Colombia a entregar un informe en el Parlamento Andino, y el presidente del mismo, un ecuatoriano, muy displicente, no quería que la sesión donde yo estaba entregando el informe, fuera pública, pero recibí el apoyo de los otros diputados. Debe ser que el señor Pedro de La Cruz le está cuidando la chequera a Maduro.

¿Por qué hay tanta polarización en Venezuela?

Porque utilizaron las elecciones y los mecanismos de la democracia representativa para después destruirla, y eso generó la polarización.

No quiero excusar ni esconder que hubo problemas sociales que no se resolvieron durante la democracia.

En los últimos 40 años no se resolvieron problemas básicos. Por ejemplo, se agroindustrializó mucho el campo, pero se abandonó la base social rural.

Salió un redentor, que fue Hugo Chávez, y se aprovechó de todo eso para montar un modelo totalitarista.

¿Cómo ve los diálogos que se están llevando a cabo?

Lo que veo es que no va a haber transparencia pública. El Gobierno no quiere debates públicos porque los pierde.

Abogo permanentemente por la unión de la oposición, el diálogo no nos puede dividir.

Es un error y ser ingenuo creer que el Gobierno va a dar gestos concretos de ceder.

¿Tienen que invitar a los estudiantes al diálogo?

El Gobierno tiene que invitarlos. Y la oposición tiene que estar unida con ellos. Los estudiantes han dicho que irían al debate si es público. A veces dentro de los mismos movimientos estudiantiles hay concepciones diferentes.

Hay que respetar la autonomía del movimiento estudiantil y dejar que desarrollen su estrategia.

Hay que tener tácticas separadas, y la lucha de calle y la protestas, no se excluyen para llegar al poder de manera democrática.

Las fuerzas democráticas en Venezuela no pueden darse el lujo de dividirse. Independientemente de que marchen separadamente, con pensamientos diferentes, el propósito común es rescatar la democracia, la libertad y la justicia social.

¿Cuál es la realidad del país en el corto plazo?

Que pueden haber conflictos sociales, que esto no lo van a parar. Claro, seguimos un escenario democrático y van a llegar las elecciones parlamentarias dentro de año y medio.

¿Y aguantará Venezuela esta situación durante año y medio más?

Esto va a seguir, pero más ordenado, con una direccionalidad política y social más clara, pero esto ya no lo pueden detener por qué ya hay muchos problemas acumulados.

EL PAPEL DEL EMPRESARIADO

Le hago un llamado al sector privado y es que no puede pensar exclusivamente en la plata.

No puede caer en la trampa del Gobierno que, por unas dádivas o unos dólares, los metan en la estrategia para hacer creer al mundo entero que todo los venezolanos están involucrados con el Gobierno, y que solo hay un grupo de revoltosos y anárquicos de la oposición.

El empresariado debe combinar el brazo derecho y el izquierdo. El derecho para recibir los dólares que el Gobierno le pueda dar, y el izquierdo para seguir pidiendo por la justicia social, la democracia y la libertad. No puede darle la espalda a la protesta social.

Históricamente, tanto el sector privado como la iglesia le han dado soporte y estabilidad democrática al país.

Pedro Vargas Núñez

Subeditor Portafolio

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