La doble cara colombovenezolana

Una mirada profunda a las lecciones empresariales que deja la crisis del vecino país.

La popularidad del presidente Nicolás Maduro se encuentra en sus niveles más bajos.

Archivo particular

La popularidad del presidente Nicolás Maduro se encuentra en sus niveles más bajos.

Internacional
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febrero 28 de 2015 - 12:18 a.m.
2015-02-28

Venezuela y Colombia miran desde hace unos años a horizontes distintos. Como la doble cara del dios romano Jano, nuestro vecino mira metafóricamente a la accidentada historia de África, mientras que Colombia, por el Pacífico, mira a la progresista historia de Asia. Un elemento de esta visión contraria, tan complejo como simple, es el apoyo al espíritu empresarial. La empresa que goza de garantías es el núcleo que genera la base para la prosperidad.

El espíritu emprendedor es quizá el activo más poderoso de la empresa. En él empieza la idea que genera una marca, un establecimiento, un acervo de clientes, una identidad, ingresos, empleos e impuestos.

Los últimos años nos han enseñado que Venezuela y Colombia, geográficamente pegados, se distanciaron en su visión de las políticas públicas. Nuestro país vecino, irónicamente bautizado –según el rumor histórico– con el nombre de una de las ciudades más ricas de la era del mercantilismo: Venecia, ha venido estropeando la iniciativa empresarial y con ello su competitividad. Pensar que siempre viviría de una bonanza petrolera era tan optimista como irresponsable. Esta visión se refleja en las restricciones cambiarias de la Cadivi y su misterioso sucesor Simadi, en el contraproducente control de precios, en el acaparamiento de redes de distribución, en los pagos recibidos por las expropiaciones que no recompensan el valor del trabajo invertido en empresas, en acusaciones a chivos expiatorios que otrora abrieron empresas y hoy son vistos como criminales.

En estos días entrevisté a Alejandro M. y Enrique N., dos ciudadanos venezolanos que dejaron su país con un sabor amargo. Alejandro no solo es candidato a doctorado en Stanford, sino también exgerente de operaciones de la empresa de su familia. Enrique fundó y manejó tres empresas en Venezuela, hasta que tomó la dura decisión de dejarlas. Meses después de su llegada a Colombia, ya había fundado una nueva sociedad. Un día, un empleado de Alejandro amenazó a un colega con arma blanca. El Estado se valió de los decretos Presidenciales de Inamovilidad Laboral para prohibir el despido. Poco tiempo después, dos empleados amenazaron con armas automáticas a Enrique y luego ocasionaron una balacera en medio de un sitio de construcción.

Alejandro y Enrique relatan que tener propiedad privada para alquilar también es una pesadilla, porque, a pesar de la Ley de Arrendamientos del 2011, el propietario está en desventaja ante la creatividad de los inquilinos.

Dedicarse a lo que los venezolanos llaman ‘matar tigres’ (el rebusque) no es muy apetecedor para personas que han fundado empresas que han llegado a tener miles de empleados.

LAS DOS CARAS

No es sorprendente que venezolanos hayan direccionado su capital hacia Colombia. Mientras el Banco de la República reportaba un aumento del 261 por ciento de las inversiones venezolanas en el 2012, los exportadores venezolanos de productos no petroleros, vivieron el colapso de más del 90 por ciento de sus ventas.

Una de las empresas de Enrique detuvo operaciones rápidamente por falta de insumos, mientras que la empresa de Alejandro duró 11 meses sin recibir pagos de su principal cliente nacional, PDVSA, antes de ser expropiada.

El deterioro de la situación en Venezuela puede sugerirnos que Colombia va por mejor camino, porque las comparaciones miden lo relativo. Sin embargo, dormirse sobre los delgados laureles del éxito colombiano es peligroso. En el contexto de la reforma tributaria y el planeado posconflicto, es esencial generar apoyo y protección al emprendimiento.

Este apoyo va más allá de la dimensión tributaria, pues requiere seguridad, transparencia y recursos para fomentar ideas que no vienen con capital incluido. Cabe preguntarnos si Colombia mirará metafóricamente por el Océano Pacífico hacia la tierra del sol naciente para evitar que nuevos alejandros y enriques colombianos algún día sean entrevistados por aquello que los llevó a dejar Macondo.

Erick Behar Villegas

Profesor del CESA y consultor Venezuela y Co