Los peligros que traerá el venidero auge económico de Trump

Aumentará la tentación de socavar la independencia de la Reserva Federal y culpar a China.

Trump ya no despierta temor entre la clase empresarial de Estados Unidos

Trump ya no despierta temor entre la clase empresarial de Estados Unidos

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Portafolio
diciembre 16 de 2016 - 07:38 p.m.
2016-12-16

Los analistas no sólo decían que Donald Trump perdería el mes pasado; también pensaban que los mercados colapsarían si ganaba. Ha ocurrido todo lo contrario. Los inversionistas esperan que sucedan todas las cosas buenas que Trump prometió y ninguna de las malas.

En lugar de guerras comerciales internacionales y deportación masiva de inmigrantes, los mercados bursátiles prevén reducciones de impuestos, desregulación y gran gasto. Casi todos los índices han alcanzado niveles máximos recientes desde el ocho de noviembre, sumando más de un billón de dólares a las valoraciones accionarias estadounidenses y casi un cinco por ciento del valor comercial ponderado del dólar.

Los mercados mundiales están preparándose para un auge de Trump. En este sentido, Trump ya es heredero de Ronald Reagan.

Pero ya están sembradas las semillas del retroceso del ‘comercio de Trump’. La mayor amenaza vendrá por parte de la Reserva Federal estadounidense.

Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal, elevó las tasas de interés estadounidenses por sólo segunda vez en una década.

Antes de la victoria de Trump, la Reserva Federal había dado señales de que probablemente aumentaría las tasas solamente entre tres o cuatro veces antes de 2019. Eso se debía a que anticipaba una continua restricción fiscal. La victoria de Trump ha arruinado esos planes. Un gobierno republicano unificado está preparado para adoptar las medidas de estímulo fiscal que les ha impedido a los demócratas adoptar durante años.

El efecto sobre la economía estadounidense será recuperador. Incluso si se redujeran a la mitad los planes de Trump de 5,7 billones de dólares en recortes fiscales y un billón de dólares en gastos de infraestructura, su estímulo fiscal aún sería enorme.

Puesto que el desempleo ya es muy inferior a cinco por ciento, Yellen no tendrá otra opción que acelerar el aumento de las tasas de interés previsto por la Reserva Federal.
Esto tiene sus ventajas. La política monetaria estadounidense regresaría a la normalidad mucho antes de lo esperado, lo que le daría mayor poder de fuego a la Reserva Federal para contrarrestar la próxima recesión.

Nos despediremos de la “nueva normalidad” de límite inferior de cero de las tasas de interés. Y le daremos la bienvenida a la antigua normalidad en la cual los banqueros centrales luchaban con el espíritu animal de la economía.

Pero también hay dos graves inconvenientes. La primera es que preparará el terreno para un enfrentamiento entre la Reserva Federal y Trump. A ningún presidente le gustan los banqueros centrales que se llevan el ponche justo cuando la fiesta se está poniendo buena.

El mandato de Yellen llega a su fin a principios de 2018 -apenas dentro de un año-. La promesa de campaña de Trump de despedir a Yellen es una de las cosas malas que los mercados ahora asumen que ha descartado.

De cualquier manera, un presidente estadounidense no tiene el poder de destituir a un jefe de la Reserva Federal. Pero Trump podría hacerle la vida imposible a Yellen.

Cuando se sepa a quién nombrará para llenar las dos vacantes en la junta de la Reserva Federal, se tendrá una idea más clara de la dirección que quiere que la Reserva Federal siga. Uno de ellos puede ser el sucesor designado de Yellen.

La manera en que Trump responda a los aumentos de las tasas de interés de la Reserva Federal, mediante Twitter o de otra forma, será clave.

Una cosa es enviar mensajes de Twitter desaprobando la actuación de la Reserva Federal durante la campaña, y otra muy distinta cuando se está sentado en la Oficina Oval.

No se le debe dar mucha importancia a la promesa de Trump de nombrar a alguien de línea dura para sustituir a Yellen. Los republicanos tienen un historial de denunciar la política monetaria relajada cuando son la oposición, pero abrazarla cuando están en el poder. Lo mismo se aplica a los déficits fiscales. Dick Cheney, el ex vicepresidente, reflejó esto cuando dijo “Reagan demostró que los déficits no importan”.

Como promotor inmobiliario altamente apalancado, Trump se ha descrito a menudo como alguien a quien le gustan “las bajas tasas de interés”. Querrá ser un presidente de bajo interés.

El segundo gran inconveniente es el efecto sobre el dólar. Cuando se combina una relajación fiscal con un endurecimiento monetario, la moneda inevitablemente se aprecia. Eso reducirá aún más los costos de las importaciones y elevará el precio de las exportaciones.

El déficit comercial estadounidense -incluyendo el que tiene con China, que por sí solo ascendió a cerca de 400.000 millones de dólares el año pasado- aumentará. Los crecientes déficits por cuenta corriente son otra característica del Reaganismo.

La gran diferencia es que Trump ha prometido reducirlos. Revertir el globalismo y repatriar los empleos manufactureros estadounidenses fue el núcleo de la campaña de Trump. ¿Puede permitirse abandonar eso? ¿Cómo afectaría eso su popularidad?
Aquí es donde las malas promesas de la campaña de Trump vuelven a ponerse de manifiesto. Los mercados estadounidenses hacen bien en apostar a que Trump abandonará sus amenazas de guerras comerciales globales a corto plazo en favor de un auge expansivo tipo Reagan.

Su nombramiento de banqueros de inversión a puestos económicos fundamentales -la mayoría de Goldman Sachs- ha tranquilizado a Wall Street. Pero esta primera fase de la presidencia deTrump cambiará cuando las cosas se pongan difíciles.

La tentación de socavar la independencia de la Reserva Federal, culpar a China, revivir el discurso sobre deportación de inmigrantes e imponerle aranceles a México aumentará con el déficit de la balanza comercial. En ese momento, los mercados recordarán lo que originalmente temían de Trump.

Pero aún falta tiempo para eso. Durante los últimos 18 meses Trump ha encabezado una campaña presidencial anti-elitista sin igual. Durante los próximos meses, las élites de Estados Unidos pueden esperar recibir sus mayores recortes tributarios e impulsos a los precios de los activos en años. No es de extrañar que los mercados estén tan felices.

Financial Times

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