Egipto quiere cambiar de capital

Para descongestionar a El Cairo, el Gobierno estudia actualmente la creación de un nuevo centro administrativo.

¿Podría librarse de sus problemas si dejase de ser la capital de Egipto?

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¿Podría librarse de sus problemas si dejase de ser la capital de Egipto?

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agosto 01 de 2014 - 12:32 p.m.
2014-08-01

La capital de Egipto es esa ciudad que tiene el encanto del río Nilo, sus históricos monumentos y minaretes, pero también infernales atascos, contaminación y barriadas: ¿podría librarse de esos problemas si dejase de ser la capital de Egipto?

Los ministerios, edificios oficiales, viviendas de funcionarios y embajadas se trasladarían a una zona aún sin concretar al este de El Cairo, en la carretera que conduce al canal de Suez.

Un portavoz del Ministerio de Vivienda explica que esa iniciativa, que podría completarse en dos años por unos 200 millones de dólares, es solo una posibilidad sobre la que no hay nada decidido.

Pero su anuncio coincide con el interés mostrado por el presidente del país, Abdelfatah al Sisi, en descentralizar el Estado y crear nuevas divisiones territoriales para desarrollar todo el país.

Con la propuesta de una capital alternativa a El Cairo, las autoridades han rescatado parte de un proyecto que incluía esa y otras ideas para mejorar la calidad de vida en la actual ciudad, y que data de tiempos de Hosni Mubarak, concretamente de 2007, bajo el sugerente título de "Cairo 2050".

No es un ejemplo de ciencia ficción, pero casi. Un bulevar en la avenida que lleva a las Pirámides de Guiza, rascacielos y jardines en las márgenes del Nilo, y polos recreativos en áreas deprimidas formaban parte del diseño primigenio.

Su objetivo se parece al de otras metrópolis como París, Tokio o Abu Dabi, que han creado grandes planes urbanísticos a largo plazo, si bien la capital egipcia enfrenta problemas estructurales propios que complican cualquier remodelación.

"Esa clase de planes solo existen en el papel y no pueden ver la luz mientras no se sigan los procedimientos legales", como ser aprobados por el Parlamento o el Ejecutivo, afirma el principal asesor estratégico de ONU-Hábitat en Egipto, Basem Fahmi.

La falta de financiación y coordinación entre administraciones, asegura, son otros obstáculos que hacen dudar sobre la remota posibilidad de que El Cairo pueda llenarse de áreas verdes o que una moderna red de transporte sustituya al actual caos vial.

El consejero de ese programa de Naciones Unidas es incapaz de imaginarse ese tipo de cambios y lamenta que desde la revolución que en 2011 derrocó a Mubarak ni siquiera se ha invertido en el mantenimiento de las infraestructuras de la ciudad.

El tráfico es uno de los principales quebraderos de cabeza para los aproximadamente 20 millones de personas que habitan en ella (una cuarta parte de la población egipcia), una cifra que podría aumentar a 25 millones en 2025.

Según un reciente informe del Banco Mundial, los atascos en un área metropolitana tan densa como la de El Cairo cuestan al país unos 8.000 millones de dólares cada año, un 3,6 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).

Una pérdida de dinero y tiempo, pues se calcula que en hora punta solo se recorren entre 6 y 25 kilómetros por hora en las calles.

Fahmi añade que los barrios pobres sin servicios básicos que rodean la capital se han multiplicado, acogiendo al 40 por ciento de los residentes de El Cairo, mientras que las ciudades satélite -construidas en las últimas décadas, sobre todo para los más adinerados- concentran a menos habitantes de lo planeado.

Sin embargo, el especialista confía en que se aprovechen potencialidades como la concentración de capital bancario, servicios médicos o educación superior; se frene la especulación del suelo y se implanten proyectos de forma "consistente".

"Se trata de pensar en el futuro", sostiene el asesor, que cita Londres como ejemplo de ciudad moderna que no tiene nada que ver con lo que era en el siglo XIX.

En el caso de El Cairo, la urbe más poblada de Oriente Medio que en su larga historia ya pasó por las manos de fatimíes, mamelucos, otomanos y demás pueblos, otra capital podría aliviarle de sus cargas.

Así lo cree el profesor de Planificación Urbana de la Universidad de Alejandría Mohsen Zahran, que en un artículo publicado en el semanario en inglés Al Ahram recuerda que Brasilia, Washington DC, Ottawa o Ankara han servido a los intereses gubernamentales sin obstruir el desarrollo de las grandes ciudades de sus respectivos países.

Ahora bien, en su opinión, las nuevas localidades deberían estar lejos de las antiguas para ser independientes y autosuficientes.

"Cuando las nuevas se construyen cerca, se convierten en ciudades dormitorio vacías durante el día", con miles de casas sin habitar, destaca Zahran.

Un consejo que todavía puede aplicar el Gobierno si sigue adelante con su propuesta de una nueva capital para Egipto.

EFE