El eje del poder económico mundial se reorienta

OPINIÓN / La severidad de la crisis que sacude las economías debilitadas de Europa inquieta a los países emergentes.

China

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octubre 29 de 2012 - 01:01 a.m.
2012-10-29

China, el coloso asiático, que desde hace algún tiempo busca diversificar sus cuantiosas inversiones en divisas, mantiene conversaciones con las afectadas naciones europeas. 

Desde comienzos del siglo XXI, el centro de gravedad mundial se está corriendo aceleradamente de Occidente a Oriente, hacia el Este del continente asiático, donde algunos países emergentes, con la China Popular y la India en el primer plano, se cimientan como pilares de desarrollo económico y modelan un nuevo orden internacional.

Hoy, a todo lo ancho y largo de la geografía planetaria, existe la clara certidumbre de la súbita irrupción ¿resurgimiento? de China en el concierto internacional con el envite colosal e imparable del crecimiento explosivo de su economía, están moldeando de manera arrolladora, y probablemente de forma endémica, las relaciones económicas, financieras y geopolíticas mundiales. 

China, lo sabemos, se está convirtiendo en el centro neurálgico del mundo despojándole apresuradamente el liderazgo a los Estados Unidos. De hecho, hace poco los superó en cuanto a producción industrial, posicionándose como la mayor potencia manufacturera del orbe y la segunda en términos económicos, sólo después de los mismos Estados Unidos y ya por encima de Japón, Alemania, Francia, el Reino Unido, Brasil, Italia, Rusia y Canadá.

Otro aspecto interesante de los movimientos en el ajedrez económico del mundo del siglo XXI es la reciente incursión de una serie de potencias emergentes (antes llamados países periféricos o del Tercer Mundo) que, con China a la cabeza, cargados de esperanzas y con espíritu de progreso, denuncian con su peso específico un mayor protagonismo e impacto de sus particulares condiciones y voluntades en el escenario de las interacciones internacionales.

Entre estas naciones en ascenso en el contexto de su despegue macroeconómico y de la globalización, aparte de China se cuentan principalmente: Brasil, India, Suráfrica, México y algunas otras del Asia-Pacífico, más propiamente del Sureste asiático, los llamados ‘Tigres Menores’ o ‘Pequeños Dragones’, que iniciaron tardíamente su camino a la industrialización. Ellos son Malasia, Indonesia, Tailandia y Filipinas, que forman parte, entre otros, de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean). 

Aunque todavía no en bloque, este conjunto de economías emergentes entra a reforzar tendencias de gran alcance, dejando traslucir paulatinamente el cambio histórico de mayor calado que se haya visto en varios siglos del sistema internacional, de consagrada supremacía de Occidente, y sus perfiles de influencia y poder tradicionales, habitualmente enfilados hacia la conveniencia de preservar la industrialización, los adelantos científicos y la tecnología que les son propias, por encima de cualquier otro miramiento en cuanto a las necesidades de progreso de los países que en su momento ellos bautizaron y categorizaron en el concepto de subdesarrollados o, para suavizar el término, en vías de desarrollo. 

Hasta hace todavía un par de lustros o menos, los países desarrollados de Europa y los Estados Unidos, de la mano de Canadá, Japón y Corea del Sur, en el extremo oriente, venían ejerciendo de tiempo atrás un papel predominante y decisivo en el liderazgo del orden político y económico en el seno de la comunidad global. Pero el mundo da vueltas y, ahora, la severidad de la crisis que sacude las economías debilitadas de Europa inquieta a los países emergentes, pero no se marginan del problema. 

En contraste evidente de décadas pasadas, cuando coyunturas de inestabilidad de las economías en desarrollo despertaban la desconfianza de las naciones más avanzadas, que vacilaban en autorizar el salvamento que éstas requerían por parte de los organismos multilaterales, son ahora los dinámicos países emergentes a los que desvela la irradiación negativa que puedan generar sobre sus economías en ascenso los desarreglos de los países ricos del llamado Primer Mundo. 

En China, la actividad manufacturera se ha contraído notoriamente en lo corrido del año, justamente por cuenta de la postración de la economía europea, principal destino de sus exportaciones. 

De suerte que China se ha vuelto, desde luego, objeto de deseo por excelencia para los Gobiernos de los países de Europa y desde luego, los Estados Unidos. Mientras, el ministro de Economía del Brasil, Guido Mantega, anunció recientemente que su país, en conjunto con las otras tres naciones que representan las economías más fortalecidas de los Estados emergentes, está dispuesto a arrimarle el hombro a Europa para ayudarla a salir de la crisis financiera que la atenaza.

JUVENAL INFANTE

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS DE ASIA PACÍFICO

UNIVERSIDAD SERGIO ARBOLEDA