El argumento democrático para detener el Brexit

La pregunta es si el público británico apoyaría un segundo referéndum.

Brexit 22

El exprimer ministro, Tony Blair, es uno de los defensores de la permanencia.

AFP

Internacional
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julio 21 de 2017 - 08:11 p.m.
2017-07-21

La campaña para detener el Brexit está ganando impulso. La señal más obvia son los crecientes rumores sobre un segundo referéndum, aunque por el momento, son principalmente los expolíticos, como Tony Blair y Nick Clegg, quienes han expresado su deseo de impedir que el Reino Unido abandone la Unión Europea.

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Los políticos actuales tienden a hablar de un ‘Brexit suave’. Para algunos, esto es simplemente un discurso conveniente, o un ensayo, para su objetivo verdadero: detener el Brexit por completo.

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La razón por la que los políticos que apoyan quedarse, o Remainers, siguen siendo tan cautelosos acerca de rechazar explícitamente el Brexit es que les preocupa que esa postura parezca antidemocrática.

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A medida que la evidencia demuestra que el Brexit será una mala noticia para la economía, los políticos que apoyan la salida, o Leavers,vuelven al argumento principal: “el pueblo ha hablado”.

Con esto, cualesquiera que sean los costos económicos, el Brexit debe avanzar, cualquier otra cosa sería un insulto a la democracia. Este argumento a veces va acompañado de terribles predicciones de agitación social si la voluntad del pueblo es frustrada por “los dirigentes políticos”.

Si los Remainers quieren tener alguna posibilidad de bloquear el Brexit, tienen que encontrar una respuesta al argumento de la democracia. Pero eso será cada vez más fácil a medida que se evidencian las contradicciones en el proyecto del Brexit.

La clave reside en el más famoso y petulante eslogan de Theresa May: “Brexit significa Brexit”. Esta declaración buscaba demostrar propósito y claridad, pero en realidad, era una tautología sin sentido que subrayaba el hecho de que el Brexit podía significar muchas cosas.

La mayoría del 52% de los votantes que apoyaron el Brexit fueron en realidad dos minorías, votando por dos ideas incompatibles. La minoría más grande parece estar a favor del ‘Brexit duro’, que prioriza el control de la inmigración sobre el acceso al mercado único. Pero una minoría sustancial de quienes apoyaron el Brexit asigna una mayor prioridad al libre comercio que a los controles fronterizos.

Estas dos minorías se convirtieron en mayoría porque la campaña de los Leavers convenció exitosamente a los votantes de que no había otra opción. Gran Bretaña podría tener un comercio sin fricciones con Europa y, al mismo tiempo, detener la libre circulación de personas y los pagos a la UE.

Ahora es obvio que esta visión de un Brexit sin dolor era una ilusión. A medida que se aclaran las opciones reales, la pequeña mayoría pro-Brexit podría fácilmente desmoronarse. Esto es tanto más probable porque las encuestas de opinión han sugerido consistentemente que la mayoría de los votantes no están dispuestos a pagar un precio económico personal para asegurarlo.

Cuanto más evidente es que se está derrumbando la visión original de los partidarios del Brexit, más insistentemente reclamarán que un segundo referéndum sería antidemocrático. Pero la concepción de la democracia de los Leavers es similar a la de un dictador del tercer mundo: “un hombre, un voto, una vez”. En otras palabras, una vez que se ha tomado una decisión por referéndum, no puede ser revocada.

Éste es un principio que nunca se aplicaría a la democracia electoral, donde es esencial que el consentimiento se renueve cada cinco años, como mínimo.

Los referendos, se argumenta, son diferentes. Pero, ¿en realidad son diferentes? La única razón por la que está sucediendo el Brexit es porque un referéndum sobre la adhesión a la UE celebrado en 1975 se ha revertido en un segundo referéndum celebrado en 2016.

Los partidarios sostienen que una nueva votación sobre la adhesión a la UE estaba justificada porque la UE ha cambiado fundamentalmente desde 1975, lo cual es justo.

Pero el Brexit que se le entregará al pueblo británico es muy diferente del que muchas personas apoyaron en el referéndum.

Si los cambios justificaron una segunda votación sobre la adhesión a la UE, ¿por qué estos nuevos cambios no validan una segunda votación sobre el Brexit?

Algunos opositores de un segundo referéndum rechazan la idea no porque sea antidemocrática, sino porque temen una reacción de los votantes que apoyaron el Brexit y porque hay una franja nacionalista violenta en Gran Bretaña que podría agitarse por un esfuerzo de revertirlo.

Pero si el Brexit se fuera a detener, sería a través de un proceso legal y democrático, no un golpe de estado. Y ninguna sociedad gobernada por la ley debe dejarse intimidar por la amenaza de la violencia.

El verdadero problema es si el público británico puede convencerse de que se necesita un segundo referéndum. Al igual que con la independencia de Escocia, hay un comprensible rechazo público a reabrir un asunto divisivo.

Para los que apoyan quedarse en la UE, el mayor riesgo es que los verdaderos costos del Brexit no sean evidentes hasta después de que el Reino Unido haya salido de la UE, y sea demasiado tarde para revertir la decisión.

Esto es ciertamente posible, tal vez incluso factible. Pero seguramente habrá momentos reveladores en los próximos dos años que creen una clara demanda de una segunda votación. Un grave fracaso en las negociaciones con el riesgo de un Brexit sin concesiones sería uno de esos escenarios.

Otra sería una serie de concesiones que dejen claro que las promesas del Brexit — como una inversión de 350 millones de libras esterlinas adicionales a la semana al Servicio Nacional de Salud — no se cumplirán.

También se puede confiar en la incompetencia y las luchas internas del actual Gobierno de May para socavar la causa del Brexit semana a semana.

En cierto momento, el pueblo británico podría llegar a la conclusión obvia de que los partidarios del Brexit tuvieron su oportunidad y fracasaron. Entonces será el momento de recuperar el control.