El exorbitante costo del unilateralismo de Trump

Tanto los aliados como también los adversarios están aprendiendo a mantener acuerdos dejando al margen a Estados Unidos.

Donald Trump

Los líderes tienen que lidiar con el caracter cambiante y emocional de Donald Trump. 

Bloomberg

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mayo 25 de 2018 - 07:57 p.m.
2018-05-25

A continuación, estudiemos un ejemplo del arte de la negociación autolesionadora de Donald Trump. En primer lugar, exígele a China que elimine su superávit con EE. UU.; de lo contrario, comenzarás una guerra comercial. En segundo lugar, asegúrate de que tu equipo de negociación esté dividido y confundido.

En tercer lugar, capitula después de que China ofrezca algunas insignificantes promesas, como lo hizo la administración el fin de semana pasado. A continuación, descubre con ira que te han engañado. Por último, reanuda las incendiarias amenazas acerca de una guerra comercial.

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Trump aún no ha tomado estas últimas medidas. Pero, con la misma certeza de que a la noche le sigue el día, él lo hará. Es la dialéctica básica de Trump: amenazas seguidas por conciliación seguida por ira seguida por amenazas. Lava, enjuaga y repite el proceso.

Él está siguiendo el mismo patrón con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. El año pasado, Trump amenazó con borrar al país del mapa. Luego descubrió que “el pequeño hombre cohete” era honorable.

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La Casa Blanca incluso acuñó monedas conmemorativas para la planificada reunión cumbre el próximo mes en Singapur. Ahora Trump está empezando a sospechar que lo puedan haber tomado por tonto. Es posible que Kim no quiera desnuclearizar su país después de todo y Trump está suspendido entre la conciliación y la ira. Raramente existe algo intermedio.

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¿Cuál es el precio de estos extremos altibajos emocionales? El costo instantáneo es debilitar la ventaja de EE. UU. Con cada nuevo ciclo, las amenazas de la administración se toman menos en serio. Está muy bien decir que ZTE, uno de los campeones de las telecomunicaciones de China, es un infractor serial de la ley estadounidense y que será proscrito. Pero si le haces seguimiento tuiteando que ahora quieres restaurar el negocio de ZTE, tu postura anterior se devaluará.

Para cuando Trump retome su retórica condenatoria, como seguramente lo hará, en China ya no estarán tan preocupados. Ellos pueden reconocer a un tigre de papel cuando lo ven. Lo mismo se aplica a Corea del Norte. A esto hay que agregarle la respuesta de Irán a la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear. Y la reacción de Europa ante las amenazas comerciales.

Pero existe un costo más elevado para EE. UU., y para el mundo, que supera con creces la autolesión inmediata de Trump. Se presenta en dos formas. La primera es acumulativa. Mientras más EE. UU. ignore el sistema global que construyó, más difícil será repararlo.
Los aliados estadounidenses aún se aferran a la esperanza de que Trump sea ‘un caso único’. No sólo será reemplazado por un presidente más convencional, sino que la espera para que esto suceda será de solamente dos años y medio.

Si Trump ganara nuevamente en 2020, el impacto global superaría, por mucho, a su primera victoria. Eso confirmaría lo que todos temen: que EE. UU. ha tomado una decisión duradera de alejarse del orden global que creó. Ya podemos medir la diferencia después de 18 meses.

Hubo un tiempo en que un presidente estadounidense podía suspender su participación en las iniciativas de terceros y ellas fracasaban. Por ejemplo, en el protocolo de Kioto de 1999 sobre el calentamiento global. O en la invasión anglo-franco-israelí de Suez en 1956.

El mundo ya había evolucionado antes de que Trump asumiera el cargo. Su presidencia es una prueba de concepto. Cuando Trump retiró a EE. UU. del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), como él lo hizo durante su primera semana, el acuerdo comercial no murió. Está vivo y en buenas condiciones.

Lo mismo se aplica al acuerdo de París sobre el cambio climático. Mi apuesta es que Europa y China también mantendrán vivo el acuerdo nuclear con Irán. Se está convirtiendo en un hábito. Tanto los aliados como los adversarios están aprendiendo a mantener acuerdos sin EE. UU.

Pero el mundo todavía debe lidiar con los extremos altibajos emocionales de Trump. Sus tácticas en relación con China representan un buen ejemplo. La semana próxima, Wilbur Ross, el secretario de Comercio estadounidense, intentará elaborar una versión del siglo XXI del acuerdo de trueque. Le pedirá a China que acepte contratos a largo plazo para comprar soja, gas, acero y otras materias primas estadounidenses.

Si Ross trabajara para un presidente diferente, él abordaría a China junto con Europa y Japón, los principales socios comerciales estadounidenses. Ellos colectivamente presionarían a China para que llevara a cabo reformas estructurales.

Trump, en cambio, amenaza con imponer sanciones punitivas en contra de los propios aliados estadounidenses. Mientras tanto, China debe comprometerse a comprar productos estadounidenses de bajo valor agregado a expensas de los socios comerciales de EE. UU. Los economistas llaman a esto “comercio administrado”. Los no economistas lo llaman un pedido de auxilio. Esto ridiculiza las reglas que Estados Unidos creó.

El segundo costo para el ‘arte de la negociación’ de Trump es el peligro de conflicto.
Siempre existe el temor de que él se convierta en rehén de sus propias palabras. Durante las últimas semanas, él ha estado disfrutando de la cobertura de su inminente Premio Nobel por desarmar a Corea del Norte. Ahora él está dándose cuenta de que fue un terrible malentendido.

Lo cierto es que Trump sólo tiene dos modalidades. ¿Pretenderá no oír nada y se reunirá con Kim de Corea del Norte de todos modos? ¿O volverá a su juego de ‘quién tiene más armas nucleares’? La diferencia no es trivial.

Edward Luce

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