El fútbol y la pasión de Pekín por el poder blando

Una ola de gastos en clubes europeos conlleva tanto riesgos como recompensas para la imagen de China.

Estadio Wanda

El nuevo estadio del Atlético de Madrid, uno de los equipos más importantes de España, ha incorporado el nombre de su dueño chino, Dalian Wanda Group.

AFP

POR:
financial times
noviembre 17 de 2017 - 08:21 p.m.
2017-11-17

El abarrotado bar Billy Wright en Wolverhampton, una ciudad de clase obrera en West Midlands, Gran Bretaña, es un inverosímil punto de partida para la misión global de Xi Jinping de aumentar la influencia china.

(Lea: ‘No hay que ver a China como una posible amenaza’)

Sin embargo, mientras Kevin James bebe con otros fanáticos del equipo Wolverhampton Wanderers en el bar cercano al estadio Molineux del club de fútbol, rinde homenaje al conglomerado chino que compró el equipo en julio de 2016.

(Lea: ‘Default’ tendría efecto limitado en la región)

Ha inyectado decenas de millones de libras, comprado jugadores extranjeros, reducido los precios de los boletos y lanzado el club, que ganó por última vez un trofeo importante en 1980, a la cima de la segunda división del fútbol inglés.

La compra de Wolves por parte de Fosun por 45 millones de libras (US$58 millones) integra de una gran ola de gastos en respuesta al llamado de Xi a iniciar una revolución futbolística, tras lo cual magnates chinos han invertido más de US$2.500 millones en los últimos tres años en 20 clubes europeos desde gigantes como Manchester City y AC Milan hasta equipos más pequeños como FC Sochaux, en Francia, y Northampton Town en Inglaterra.

Cuatro de los mejores equipos de West Midlands — Aston Villa, Birmingham City, Wolves y el club de la Premier League West Bromwich Albion — ahora son de propiedad china.

Fuera del terreno de juego, Fosun ha sido fantástico”, dice James, poseedor de un boleto de temporada durante 30 años. “Han estado escuchando a los fanáticos. Quieren que regresen los fanáticos”.

Este club pasado de moda, cuya sede se encuentra a 225 km de Londres en una región que ha estado en declive por décadas, parece una inversión extraña para Fosun. Aunque es rentable, es poco probable que los ingresos de los Wolves tengan un gran impacto en su empresa matriz con sede en Shanghái, más conocida por su negocio de productos farmacéuticos, bienes raíces y activos como Club Med y Cirque de Soleil. Los banqueros dicen que los magnates como Guo Guangchang de Fosun estaban deseosos por ganarse el favor de Xi, un fanático del fútbol, y ayudar a China a adquirir la experiencia en el extranjero necesaria para desarrollar el juego a nivel doméstico.

En 2015, Xi lanzó un plan radical para convertir a China en una potencia del fútbol para encarnar su visión muscular del “gran rejuvenecimiento” de la nación. Impulsar la influencia de China en el juego más popular del mundo es parte de una iniciativa más amplia para aumentar el poder blando del país y darle a China el lugar que le corresponde en el escenario mundial.

Muchos de los magnates que incursionaron en el mundo del fútbol también tenían sus propias motivaciones financieras, pues tenían la esperanza de aprovechar la financiación barata para comprar clubes antes de venderlos posteriormente con fines de lucro. Pero el mundo financieramente frágil y emocionalmente cargado del fútbol europeo conlleva riesgos para el partido comunista y los magnates conectados con la política.

Temiendo que el aumento en los tratos se estaba saliendo de las manos, el Gobierno comenzó a intensificar el escrutinio de las adquisiciones de clubes deportivos en el extranjero a finales del año pasado. En agosto, formalizó una ofensiva más amplia al restringir las inversiones en sectores donde habían ocurrido grandes cantidades de lo que consideró acuerdos “irracionales”, como los bienes raíces, el cine y los deportes.

Habiendo desatado el frenesí inicial de inversión, Xi se había vuelto receloso en cuanto a que su nombre se usara para justificar acuerdos cuestionables. “Originalmente todos pensaron que mientras le gustara al Emperador, podíamos hacer cualquier cosa en el fútbol”, dice un ejecutivo. “Pero olvidaron que el Emperador también debe tener cuidado con los riesgos financieros del sistema”.

El objetivo de convertir la nación más poblada del mundo y un país bastante atrasado en el fútbol en una ‘gran nación deportiva’ es ambicioso. Quiere construir miles de escuelas de fútbol, celebrar la Copa del Mundo y transformar al equipo nacional, que ocupa el 57º puesto en el mundo, para que pueda ser competitivo en el principal torneo.

El ‘extenso desarrollo’ de los deportes competitivos ha ayudado a aumentar el atractivo de los ‘valores subyacentes’ de China y aumentar su “poder blando e influencia internacional”, aseguró Xi a los delegados en el congreso quinquenal del Partido Comunista el mes pasado, donde fue confirmado como el líder más poderoso del país desde Mao Zedong. “La onda de energía positiva que se siente en toda la sociedad está aumentando”, destacó.

El presidente de China no es el primer líder autoritario en considerar la promoción del deporte como una forma de ganar apoyo popular y pulir la imagen del país en el exterior. Pero la magnitud, ambición y el respaldo financiero que Pekín aporta a proyectos estatales clave se encuentra en un nivel que ya está transformando las industrias mundiales desde la robótica hasta la energía solar.

Exportar el poder blando es difícil para el Partido porque su rechazo manifiesto de los valores democráticos y la intensificación de las duras medidas contra la crítica proyectan una imagen más dura en el extranjero. El fútbol, que carece de las complicaciones políticas como los medios y la educación, debería ser una victoria más fácil.

“Es muy prestigioso que los compradores chinos adquieran activos de fútbol en occidente”, indica Jonathan Sullivan, un científico político de la Universidad de Nottingham quien está investigando las ambiciones deportivas del país. “Es una buena idea que China se involucre con activos culturales mundiales famosos como el Atlético de Madrid o el AC Milan”.

La cifra de US$2.500 millones invertida en clubes europeos en los últimos tres años son insignificantes en comparación con los US$220.000 millones que las compañías chinas gastaron en adquisiciones en el exterior en 2016, un año histórico. Pero el cálculo es que el fútbol tiene más posibilidades de ganarse las simpatías que la compra de plantas de tratamiento de aguas o fábricas.

“Se trata de poder blando”, afirma otro fanático de los Wolves. “Entrar e invertir en un área descuidada que ha sido olvidada durante años. A las personas de West Midlands les caen bien los chinos. Los ven como gente adinerada y exitosa. Hacen mucho más por nosotros que al Gobierno”.

Sin embargo, el éxito es célebremente voluble en el fútbol. Las oleadas previas de adquisiciones de clubes europeos por parte de compradores de EE. UU., Rusia y el Medio Oriente han contribuido muy poco a mejorar las percepciones de esos países. ¿Será diferente en el caso de China?

Los inversionistas van desde magnates prominentes, como Guo de Fosun, Wang Jianlin de Dalian Wanda (Atlético de Madrid) y Li Ruigang de China Media Capital (Manchester City), hasta empresarios como Chen Yansheng (Espanyol), Tony Xia (Aston Villa) y Li Yonghong (AC Milan).

La motivación de algunos inversionistas es más clara que las de otros. CMC, Wanda y Fosun ven el fútbol europeo como un elemento muy importante de las empresas de medios y entretenimiento. Otros tratos parecen tener menos sinergias y están más impulsados por el oportunismo.

El Espanyol, el segundo equipo de Barcelona, parecía ser uno de esos tratos caprichosos cuando fue adquirido por Rastar Group, un fabricante de autos a control remoto. Pero Robert Wong, un alto ejecutivo de Rastar, asegura que Chen, el presidente de la compañía, veía el fútbol como parte de una expansión hacia el entretenimiento, junto con la compra de una firma de videojuegos.

Después de rescatar al club de dificultades financieras, Rastar mantuvo la mayor parte de la administración del Espanyol en sus puestos y le devolvió la rentabilidad al club. “Nuestros resultados son mejores, y jugamos un juego más divertido, como los fanáticos lo aseguran”, dice Wong.

Esos agradecidos fanáticos del Espanyol, y los seguidores de otros clubes repartidos por toda Europa, se sorprenderán de lo mucho que las perspectivas de sus equipos se ven afectadas por las vicisitudes de la política del Partido Comunista. Las medidas enérgicas contra las adquisiciones han preocupado a los inversionistas del fútbol chino.

Pensaron que ganarían capital político y financiación favorable por apoyar las ambiciones futbolísticas de Xi. Ahora tienen miedo.

Lin Feng, director Ejecutivo de DealGlobe, que asesoró a Gao Jisheng en la adquisición por 200 millones de libras del equipo Southampton de la Premier League, dice que el Gobierno se asustó por las grandes salidas de capital. Piensa que será muy difícil para los nuevos compradores completar acuerdos de fútbol, a menos que puedan recaudar fondos fuera de China.

El AC Milan, siete veces campeón de Europa, fue uno de los clubes más afectados por el cambio en la política. Un consorcio dirigido por Li, un hombre de negocios poco conocido, ya había pagado un depósito de US$117 millones a Silvio Berlusconi, el exprimer ministro italiano y propietario del club en ese momento, cuando surgieron las restricciones a las adquisiciones.

Li esperaba recaudar fondos en China antes de cobrar más tarde a través de una oferta pública inicial, dicen personas familiarizadas con el acuerdo. Las medidas estrictas casi descarrilaron la adquisición y tuvo que recurrir a una costosa fuente de financiamiento extranjero, tomando prestado del fondo de cobertura Elliott Management, que es conocido por su enfoque activista.

Los banqueros esperan que la avalancha de tratos en el fútbol disminuya a un ritmo lento en los próximos años, a menos que el Gobierno invierta el rumbo. Pasarán algunos años antes de que quede claro hasta qué punto han ayudado, u obstaculizado, el objetivo final de elevar el perfil internacional de China.

Sin embargo, la ola de gastos ya ha grabado el poder económico del país en las mentes de cientos de millones de fanáticos. También ha revelado una debilidad en el sistema opaco y políticamente motivado de China, ya que los empresarios oportunistas intentan aprovechar una política gubernamental propensa a los giros de 180 grados.

Significa que el destino del plan de Xi está en manos de personajes estrafalarios como Xia, quien dirige negocios que van desde la producción de aditivos alimentarios hasta el diseño de ciudades inteligentes.

El franco propietario del Aston Villa ha atraído a más de 100.000 seguidores a su cuenta de Twitter, donde ha pedido consejos sobre las transferencias de jugadores, se ha ganado una multa de la Asociación de Fútbol inglesa por criticar a un árbitro y ha citado a Mao.

Para Xia y otros propietarios chinos, especialmente aquellos que han obtenido grandes préstamos para respaldar la ambición de Xi, una pregunta más apremiante es si sus equipos lograrán el éxito necesario para cubrir sus costos.

También crecen los riesgos políticos para algunos de estos magnates, pues la campaña anticorrupción del Presidente este año ha atrapado a empresarios que se consideraban intocables. Guo desapareció repentinamente durante cuatro días en 2015 cuando fue interrogado como parte de una investigación por corrupción, y tanto él como Wang, de Wanda, han negado este año los rumores de que fueron nuevamente detenidos en relación con investigaciones de corrupción.

“Algunos de los inversionistas chinos que compraron clubes extranjeros no están en una posición financiera excelente”, asegura Sullivan. “Si un club chino se arruina, especialmente uno de alto perfil, no es bueno para la imagen de China”.

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