El plan de Trump medita recortes fiscales, no reforma tributaria

Un presidente totalmente desinteresado en los principales detalles ha incumplido su promesa de ayudar a las personas de bajos ingresos.

Senado de Estados Unidos

El Senado de Estados Unidos ha rechazado en varias ocasiones las propuestas que ha impulsado el presidente Donald Trump, entre ellas, la reforma sanitaria para cambiar el Obamacare.

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financial times
octubre 27 de 2017 - 08:14 p.m.
2017-10-27

Hace casi un año, Donald Trump ganó la presidencia con la promesa de que serviría a los “estadounidenses olvidados”. En las próximas semanas, es probable que el Congreso apruebe el primer proyecto de ley serio de la era Trump: un recorte de impuestos. Puede ser el último, también.

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No importa cuál sea la pregunta, los republicanos del Presidente siempre tienen la misma respuesta. Los recortes de impuestos siempre son el remedio.

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La ironía es que profundizarán las desigualdades que allanaron el camino para la elección de Trump. Pero ése será el problema de otra persona. Antes de que termine el año, es probable que el mandatario finalmente obtenga la ‘victoria’ que tanto ha anhelado.

Esto habrá sucedido a pesar de Trump. Con el Congreso en manos de los republicanos, él podría haber diseñado una reforma tributaria única en una generación. Esto hubiera dividido al Partido Demócrata y el dirigente hubiera brillado por primera vez.

A cambio de tarifas más bajas, podría haber drenado el pantano de Washington de las exenciones impositivas otorgadas a los intereses especiales.

Esta reforma habría simplificado el código impositivo, pagado por sí misma y nivelado el campo de juego para las pequeñas empresas, y también para las nuevas compañías que aún no han nacido. La batalla hubiera sido sangrienta, pero se habría ganado el aplauso de los economistas de izquierda y derecha. En definitiva, eso hubiera sido una reforma genuina.

Los recortes de impuestos son otra cosa. Aprobar esta reducción de las tasas impositivas nominales perpetuaría el sistema tributario manipulado de EE. UU. con cifras más bajas para aquellos que ya se benefician de él. Sería como cortar el número de celdas de la cárcel sin cambiar el código penal y llamarlo reforma de la justicia penal.

Del mismo modo en que las cárceles comenzarían a reventar, los recortes de impuestos del Presidente exacerbarán el déficit fiscal de EE. UU. Eso significará menos dólares para los estadounidenses olvidados, y más para sus conciudadanos pudientes.

Trump ha hecho todo lo posible por alienar a los críticos republicanos, aunque necesitará cada voto para garantizar que se aprueben los recortes fiscales. No puede darse el lujo de perder a tres republicanos en el Senado. Sin embargo, insulta regularmente a dos de ellos: John McCain y Bob Corker, cuyos dos votos pueden estar en peligro.

Los republicanos más peligrosos son aquellos, como Corker, que no se postularán de nuevo. El cáncer de cerebro de McCain significa que seguramente no volverá a postularse tampoco. Están protegidos del espectro de perder sus trabajos.

En caso de que Trump agregue un tercero - digamos Jeff Flake, el senador anti-Trump, que ha dicho que no se postulará para reelección - eso podría arruinar las posibilidades del proyecto de ley. Mi apuesta es que pasará de todos modos, pues los recortes de impuestos son la razón de ser del Partido.

Y estas medidas pasarán a pesar deTrump, quien ha mostrado poco interés en el contenido de los proyectos de ley. Una o dos veces se ha preguntado si los recortes, que reducirían la tasa corporativa estadounidense de 35% a 20%, y abolirían el impuesto sobre sucesiones, deberían pagarse de alguna manera. Incluso coqueteó con mantener una tasa más alta para aquellos que ganan más de US$1 millón al año.

Esta propuesta de recortes fiscales transferiría una pequeña fortuna a los contribuyentes más ricos de EE.UU. La mayor parte, beneficiaría al 1% más alto en un momento en que están dominando una mayor parte de la economía que en cualquier otro momento desde la década de 1920.

Casi nueve de cada 10 de los dólares que EE. UU. ha ganado desde 2009, se han destinado a esa clase afortunada. Trump les daría aún más y el precio sería pagado por otros. Significaría menos dólares para la infraestructura – otra promesa olvidada de la campaña – y menos para reforzar los derechos del Gobierno que Trump convenció a los votantes que protegería.

¿Habrá valido la pena hacer el esfuerzo? En el corto plazo, tal vez. Trump se uniría a las filas de Ronald Reagan y George W Bush en la reducción de la imposición estadounidense y los republicanos tendrían un récord para postularse para las elecciones de mitad de período de 2018. El mercado de valores estaría feliz y los donantes más importantes del partido habrían recibido un beneficio por su dinero.

Más allá de esto, sin embargo, yacen los problemas olvidados del país. Los recortes de impuestos harán poco para impulsar el crecimiento de EE. UU. Tampoco, a pesar de las afirmaciones del dirigente, elevarán los salarios de la clase media.

Las empresas estadounidenses ya están disfrutando de ganancias récord, las cuales no se han traducido en el crecimiento de la productividad. De hecho, el segmento corporativo es más propenso a embolsarse las ganancias con más recompras de acciones.

Sin embargo, a pesar de sí mismo, Trump finalmente habría obtenido una ‘victoria’. Pero no podemos confundir el resultado con una reforma.

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