¿Clinton o Trump? A los inversionistas no debería importarles

La gran insensatez de los inversionistas reside en confiar en las palabras de los presidentes, creyendo que llevarán a cabo lo que prometieron. 

Hillary  Clinton y Donald Trump

Hillary Clinton y Donald Trump

AFP

Internacional
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noviembre 06 de 2016 - 05:37 p.m.
2016-11-06

Pronto sabremos quién será el próximo presidente de Estados Unidos. No existen garantías, pero a menos que ocurra algo terriblemente inesperado, Hillary Clinton probablemente ganará.

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Gallup comenzó a realizar encuestas de elecciones presidenciales en 1936 y, desde entonces, cuando las encuestas se inclinan hacia la dirección de un candidato en septiembre u octubre, ése es casi siempre el que prevalece. La excepción fue Ronald Reagan en 1980, quien invirtió los resultados de las encuestas, excedió su encuesta final por cuatro puntos y ganó, la sorpresa más grande para cualquier candidato republicano.

Pero el déficit de Donald Trump supera el de Ronald Reagan. Trump habla de ‘votantes tímidos’ que no admiten públicamente su apoyo, pero conseguir una cantidad suficiente de ellos para superar tan enorme déficit sería sorprendente.

Los demócratas han superado regularmente sus números de votación finales; los republicanos sólo lo han hecho cuatro veces. Aunque las diferencias en los resultados de las encuestas se ha reducido durante las últimas semanas, todavía tomaría una enorme sorpresa para catapultar a Trump a la Casa Blanca.

Tal vez el hecho de que el director del FBI James Comey haya reabierto su investigación de Clinton sea esa sorpresa. ¡Siempre hay una primera vez! Y este es un año fuera de lo común. La historia y el impulso indican que Clinton ganará, pero no estoy prediciendo el resultado.

Cualquiera que sea la dirección que tomen las elecciones, creo que los mercados pueden esperar ver un fuerte retorno de las inversiones en 2017.

Pero primero hay que considerar algo de historia. Por lo general, las acciones tienen dificultades durante años en que Estados Unidos elige a un demócrata, obteniendo una media de sólo un 7,4 por ciento debido a que los inversionistas temen una plataforma antimercado, anticomercial y proregulación. Pero se elevan el siguiente año, con una media del 16,2 por ciento, ya que el nuevo presidente es menos malo de lo temido, lo que supone una sorpresa positiva.

John Kennedy es el epítome de esto: las acciones estadounidenses ganaron sólo medio punto porcentual en su año electoral, y luego se dispararon un 26,8 por ciento el siguiente cuando, típico de un político, él se volvió más moderado.

Para los presidentes republicanos la situación es la contraria: las esperanzas y los sueños promercado aumentan los rendimientos medios durante las elecciones a 15,5 por ciento. Pero la decepción los arrastra a 0,7 por ciento el año siguiente, cuando los inversionistas se dan cuenta de que el presidente no es un gran salvador capitalista. A los mercados les gustaba ‘Ike’ Eisenhower cuando fue elegido en 1952, aumentando 18,5 por ciento, pero cayendo a -1,1 por ciento en 1953.

La clave es la sorpresa. Si Clinton gana, las probabilidades son que ella no será tan mala como se temía (más sobre el por qué más adelante), por lo tanto los mercados obtendrán una agradable sorpresa en 2017. Si Trump gana, probablemente ocurrirá lo mismo. Él es un republicano que los mercados tratan como a un demócrata. Muchos en el mundo de las inversiones le temen, posiblemente más de lo que le temen a Theresa May en el Reino Unido por descartar el manual de estrategias Thatcher/Reagan. La retórica anticomercial de Trump aterra a las corporaciones estadounidenses. Ninguno de los directores ejecutivos de compañías en la lista Fortune 100 lo respalda.

Los precios de las acciones están incorporando todo eso y, si él gana, probablemente seguirán haciéndolo a medida que asume el cargo. El miedo inevitable ha debilitado las ganancias del año hasta la fecha. Pero una sorpresa positiva debiera impulsar los mercados el año que viene, cuando el presidente, cualquiera que sea, no puede lograr mucho.

En alguna ocasión escuché a Ronald Reagan decir que los grandes presidentes logran sólo tres o cuatro cosas importantes en cuatro años. Si son menos capaces, la cantidad es menor. Si el capital político se gasta en cosas estúpidas y en peleas partidistas, tal vez no se logre nada.

Un presidente Trump no tendría el poder para unificar a los republicanos del Congreso con el fin de bloquear el comercio, construir muros y arruinar aún más el código fiscal corporativo. Numerosos congresistas están actualmente en guerra con él y lo continuarán estando. Si Trump gana, hemos de esperar un bloqueo intrapartidista.

El Congreso también le ataría las manos a una presidenta Clinton. Los medios de comunicación han denominado a Trump como un desastre para los candidatos republicanos compitiendo por cargos de menor nivel en estas elecciones pero la historia no está de acuerdo. Él supera en las encuestas a John McCain en octubre de 2008, a John Kerry en 2004, a Bob Dole en 1996, a Mike Dukakis en 1988 y a George McGovern en 1972.

De esas diferencias aplastantes, sólo en 2008 representó enormes pérdidas en los cargos de menor relieve en la boleta electoral, lo cual probablemente tuvo más que ver con la crisis financiera que con la carrera presidencial.

Así es que los demócratas probablemente no arrollarán en el Congreso. Tal vez obtendrán una débil mayoría, pero no lo suficientemente poderosa como para lograr hacer mucho. Estos políticos egoístas quieren ser reelegidos.

Mientras que los escaños del Senado vulnerables actualmente favorecen a los demócratas, los mismos favorecen a los republicanos en 2018. Cada uno de los senadores demócratas que se enfrentará a la reelección en dos años sabe esto, y no querrá reducir sus posibilidades de ganar. Por lo tanto, no hay mucho que puedan hacer.

Los demócratas contaban con una gran mayoría durante los primeros dos años del mandato del presidente Obama, pero lo único que él consiguió fue unas debilitadas reformas de asistencia médica y de finanzas.

Los demócratas contaban con mayores márgenes cuando Bill Clinton, Jimmy Carter, Lyndon Johnson y John Kennedy fueron elegidos por primera vez. Si los mercados prosperaron entonces, seguramente pueden hacerlo en 2017, con menos poder en el Congreso y con un presidente que logre menos. Incluso si Clinton fuera un desastre, si no pudiera lograr suficiente legislación sobre los presupuestos, programas y políticas, sigue siendo una sorpresa positiva.

La gran insensatez de los inversionistas reside en confiar en las palabras de los presidentes, creyendo que llevarán a cabo la mayoría de lo que prometieron durante sus campañas. Así es que ‘canaliza’ a tu Reagan interno y recuerda: los presidentes no pueden lograr más que unas cuantas cosas importantes. Ésa será la gran sorpresa de los mercados el próximo año. Créelo.

Financial Times