Emmanuel Macron, un vistazo al hombre providencial de Francia

Un político que programó su ascenso a la perfección está al borde de la presidencia.

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Emmanuel Macron

EFE

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mayo 06 de 2017 - 09:19 a.m.
2017-05-06

En 2014, mientras que Emmanuel Macron andaba en bicicleta por la costa norte de Francia, recibió una llamada del Elíseo. Dos meses antes, había tenido una disputa Hollande, quien se había negado a darle a su consejero económico de 36 años un trabajo ministerial. Con la intención de dejar la política, Macron dimitió para crear una empresa en el sector de la educación.

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Pero ese día, su antiguo jefe le ofreció el ministerio de Economía, un puesto que Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy habían desempeñado. Así que Macron regresó. El nombramiento fue uno de los muchos momentos de suerte que han llevado a este político tan cerca de la presidencia.

Liderando un naciente movimiento llamado En Marche!, el cual insiste que no es de derecha ni de izquierda, ha pulverizado a un partido socialista dividido y eliminado al candidato de centro-derecha Fillon, que sigue envuelto en un escándalo de malversación de fondos.

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En un país hipnotizado por la decadencia nacional y traumatizado por los ataques terroristas, Macron optó por llevar a cabo una campaña optimista prometiendo reformas económicas de gran alcance.

Y si las encuestas son correctas, será elegido presidente con alrededor del 60% de los votos, dejando atrás a la ola populista que llevó a Trump al poder y que impulsó el apoyo para el Brexit.

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El ascenso de Macron ha sido uno de éxito académico y particular sincronización. Creció en una familia de clase media en Amiens y en la escuela era un nerd que a menudo permanecía en el aula para charlar con los profesores. Sus amigos de la universidad de París recuerdan a un estudiante con una vida intelectual rica. Además de la ENA, la institución de élite que prepara a los altos funcionarios, sus años formativos incluyeron una maestría en filosofía y un periodo como asistente de Paul Ricoeur. “Adoptó la creencia de que el Estado tiene un papel que desempeñar en la economía, pero no puede hacerlo todo; que se necesita implementar políticas pro-empresariales antes de realizar una redistribución; y que los beneficios no son lo suficientemente eficaces para corregir las desigualdades”, asegura Marc Ferracci, economista de Sciences Po.

El candidato pertenece a una generación que ha visto el ascenso y luego la normalización de la extrema derecha. Era pasante en la embajada de Francia en Nigeria cuando se enteró de que Jean-Marie Le Pen, padre de Marine, había clasificado inesperadamente para las elecciones presidenciales contra Chirac el 21 de abril de 2002.

Seis años más tarde, Macron se incorporó a Rothschild, el banco de inversión; se ganó el respeto de sus colegas y 2,9 millones de euros por su asesoría a Nestlé en su adquisición valorizada en US$12.000 millones y, en su tiempo libre, ayudó a la campaña de Hollande.

En 2015, se había convertido en una figura popular y un enemigo de la semana laboral de 35 horas, el impuesto sobre la riqueza y los privilegios de una casta de políticos y economistas. Después de las negociaciones para aprobar un proyecto de ley de desregulación en el Parlamento, Macron comenzó a planificar un nuevo partido, En Marche!, que empezó en abril de 2016, renunció al Gobierno en agosto y anunció su candidatura en noviembre.

Una serie de acontecimientos imprevistos le abrieron espacio en el centro político: Fillon ganó la primaria republicana contra el favorito Alain Juppé; un mes más tarde, el presidente Hollande decidió no postularse; Benoît Hamon, un izquierdista que se había opuesto a las reformas laborales ganó la nominación al Partido Socialista en enero; ese mismo mes, el escándalo de ‘Penelopegate’ estalló, socavando la candidatura presidencial de Fillon.

“La intuición de Macron fue inmejorable, él evaluó la situación de la manera correcta”, señala Pascal Lamy, ex jefe de la Organización Mundial del Comercio, y un amigo. “Y aprovechó su oportunidad”.

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