En busca del verdadero Silicon Valley

Este no es un sitio emblemático en sí, que esté ubicado en un lugar en concreto, sino que más bien está compuesto por varias cosas intangibles: la marca, la red, la visión del mundo.

San Francisco

La región conocida como Silicon Valley no tiene un emplazamiento concreto, sino que se extiende a lo largo de la bahía de San Francisco, donde se ubican las empresas.

123rf

POR:
financial times
marzo 02 de 2018 - 10:23 p.m.
2018-03-02

Cuando la gente visita Silicon Valley, algunos salen decepcionados. En teoría, y en un mapa, se extiende a lo largo de la esquina sudoeste de la bahía de San Francisco, desde Santa Clara hasta Palo Alto. Pero, en la práctica, no hay mucho que ver: pocos puntos de referencia, ningún valle obvio y ningún lugar en el que un turista puede tomar una fotografía y sentir que ha llegado al Silicon Valley de sus sueños.

(Lea: Jefe de Airbnb articula la nueva visión de la compañía)

He notado este desconcierto en muchos visitantes nuevos. Recuerdo haber conversado con un grupo de empresarios chinos que estaban en una ‘gira de Silicon Valley’. Condujeron por la avenida Sand Hill Road, sede de muchos prestigiosos grupos de capital de riesgo en parques de oficinas monótonos, y se detuvieron para tomar fotografías frente al letrero de Kleiner Perkins, una firma de capital de riesgo prominente, hasta que fueron ahuyentados por los guardias de seguridad. No fue un punto culminante del viaje.

(Lea: La arrogancia de Silicon Valley en la batalla por la industria móvil)

Además de Sand Hill Road, hay otras atracciones: el Museo de la Historia de la Computación, el campus de la Universidad de Stanford o el puente Golden Gate en San Francisco. Pero ninguno de estos sitios capta la esencia del célebre Silicon Valley, porque ya no es un lugar. Los turistas todavía sueñan con un destino llamado Silicon Valley, pero ese sueño ya no está conectado a un lugar físico.

Éste no fue siempre el caso. En las décadas de 1950 y 1960, había silicio (en los chips de computadora) y un valle (el Valle de Santa Clara) que estaba a la vanguardia de la innovación científica, impulsado por la inversión gubernamental en investigación y por el cercano Stanford Research Park. La invención del transistor y el microchip condujo a olas de creatividad tecnológica, estrechamente vinculadas a los avances científicos, gran parte de los cuales ocurrieron en el Área de la Bahía de San Francisco.

Sin embargo, esto cambió con la llegada de internet y el teléfono inteligente, cuando las empresas en línea y luego las aplicaciones reemplazaron a las ciencias duras como instrumentos de disrupción. En ese momento, Silicon Valley se extendió por todo el Área de la Bahía y desencadenó el ascenso de imitadores en todo el mundo: Silicon Alley en Nueva York, Silicon Hills en Austin, Silicon Roundabout en Londres.

Actualmente, las empresas startup más asociadas con Silicon Valley son compañías como Uber, Airbnb y Twitter, todas basadas en San Francisco, a decenas de millas de la versión literal de Silicon Valley. Si bien ya no se centra en un lugar físico, hay ciertos factores que forman parte de la identidad de Silicon Valley.

El primero es su marca, tan poderosa que necesita poca explicación. El segundo es su red de personas, el verdadero corazón de Silicon Valley, y la razón por la cual es tan difícil de descubrir para los de afuera.

La red no sólo consiste en emprendedores y capitalistas de riesgo, sino también ingenieros de software que evitan ser el centro de atención, multimillonarios excéntricos que financian sueños y profesores de Stanford con algunos proyectos paralelos.

Si bien esta red es de bajo perfil, es por mucho la cualidad más poderosa, pues controla no sólo el acceso a la financiación, sino también el acceso al talento (a quién puedes contratar depende de a quién conoces) y el acceso a las ideas.

Esto nos lleva a la tercera cualidad distintiva de Silicon Valley: aquí hay una forma muy específica de pensar. Hay un optimismo implacable, que es una cualidad necesaria para cualquier inventor. También es un lugar donde el fracaso es aceptado, incluso celebrado; se considera perfectamente normal que un emprendedor comience una conversación diciendo: “Bueno, mi última compañía no funcionó, y esto es lo que estoy haciendo ahora”. Además, es un área de gran seriedad, aunque esto tiene el efecto secundario de hacer que los técnicos bien intencionados parezcan más fuera de contacto de lo que ya están.

Hay una desventaja en esta forma compartida de pensar, y es que tiende a centrarse hacia adentro, con poco interés en el resto del mundo (excepto como mercado potencial).

Silicon Valley no es un sitio emblemático en sí, sino más bien está compuesto por cosas intangibles: la marca, la red, la visión del mundo. He vivido aquí durante casi cuatro años y me mudaré pronto; ésta será mi última columna desde San Francisco. Me gustaría pensar que me llevo un poco de su identidad, el optimismo y la capacidad de recuperación, sin haber absorbido demasiados aspectos negativos. Pero aún me pregunto si encontré el lugar que vine a ver.


Leslie Hook

Siga bajando para encontrar más contenido