‘Podemos estar frente a una guerra fría comercial’

Presidente de McKinsey & Company dice que un quiebre de las relaciones entre Estados Unidos y China sería grave para la economía.

"Tenemos más nacionalismo, vemos un quiebre de las fábricas multilaterales, pero aún así, soy optimista porque sabremos cómo arreglarlo", afirma Dominic Barton, presidente de McKinsey & Company.

"Tenemos más nacionalismo, vemos un quiebre de las fábricas multilaterales, pero aún así, soy optimista porque sabremos cómo arreglarlo", afirma Dominic Barton, presidente de McKinsey & Company.

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ricardo ávila 
febrero 01 de 2017 - 10:57 p.m.
2017-02-01

Uno de los principales retos que tienen hoy las empresas de todo el mundo, y que es vital, es contar con personal cada vez más adaptado a la tecnología disruptiva.

Así lo asegura el canadiense Dominic Barton, presidente de la firma consultora McKinsey & Company, quien sostiene que este aspecto lo vienen cubriendo bien las empresas de América Latina, las cuales pueden “perfectamente entrar a competir en las economías asiáticas”. El directivo visitó Colombia para realizar la inauguración de la segunda oficina de la empresa en el país. Esta fue localizada en Medellín, la primera de sede de la firma se abrió en Bogotá.

Barton habló con Portafolio sobre el tema de inmigración en el mundo, la entrada plena de la disrupción tecnológica y el buen momento por el que pasa América Latina, frente a las potenciales crisis económicas por las que pasaría la economía mundial, con una plausible guerra comercial.

¿Cómo están hoy las empresas frente a la economía mundial?

Creo que en los últimos 30 años, el capitalismo ha pasado a ser de corto término y se ha tornado menos inclusivo, es decir, en este momento el énfasis está más en los resultados y las ganancias de corto plazo.

Esto ha llevado a que las compañías inviertan menos en investigación, desarrollo y entrenamiento de trabajadores, y es que el coletazo más fuerte de esta dinámica radica en que crear puestos de trabajo se torna más complicado cada día. Esto ha llevado también a que los negocios piensen más en su rol social, porque los cambios son inminentes y ya están sucediendo.

¿Cómo pensar la modernización, que además implique economía de costos?

En principio, debe pensarse en que la globalización y el libre mercado generan riqueza y crean muchos trabajos, pero la tecnología ha venido disminuyendo esto, aunque más que la tecnología, es el ritmo al que ha venido incursionando en la sociedad.

De allí que podamos hablar de la disrupción tecnológica, que viene siendo algo mucho más significativo hoy en día, aun cuando no tengamos conciencia plena de ello. Estamos frente a una época en que la gente perderá sus empleos y, por ende, habrá más gente enfurecida, aspectos ambos que engendrarán niveles de nacionalismo muy fuertes.
Esta respuesta negativa de la gente, siento que viene en buena parte de la tecnología, la cual ha hecho muy nacionalista a las personas e instituciones.

¿Cómo mitigar este efecto?

Es muy importante reentrenar a los trabajadores porque se trata de ir al mismo ritmo de la tecnología. Por ejemplo, en lugar de despedir empleados -que es lo que normalmente se haría- se puede reentrenar cada vez más, lo cual también lleva a una estabilidad económica.

¿Qué tan preocupado está frente al papel que han tomado las empresas?

Muy preocupado porque siento que nadie está tomando responsabilidades frente al tema, es decir, los gobiernos y las empresas tienen sus propias agendas y lo que necesitamos es rediseñar el sistema; si todos asumimos que va a estar listo per se, esto colapsará.

Vale destacar que no estamos en zona roja, pero vamos hacia allá. Tenemos más nacionalismo, vemos un quiebre de las fábricas multilaterales, pero, aun así, soy optimista porque sabremos cómo arreglarlo. Poniendo de ejemplo a McKinsey, para nosotros es complicado porque somos una empresa global y tendremos que asegurarnos de que lo que hacemos vale la pena, tanto a nivel mundial como local.

Debemos adaptarnos a lo que traerá consigo cada país, cada ciudad. Igualmente no sabemos si habrá una disrupción mayor y, si esto pasa, todos quedaremos aún más vulnerables.

¿Cómo sería una disrupción mayor?

Por ejemplo, un quiebre en las relaciones entre China y EE. UU. que lleve a una guerra comercial y de integración económica, porque no es solo que tengamos menos intercambio entre ambos países (que afectaría a los consumidores de las dos naciones), sino también a los negocios: la mayoría de multinacionales tienen presencia en China y eso en términos de estabilidad es grave.

Esto nos puede llevar incluso a una especie de ‘guerra fría comercial’, y a un panorama de resolución de conflictos vía Twitter que, finalmente, no sirve para el intercambio comercial mundial.

¿Qué más le preocupa?

Otra cuestión que me preocupa es la incertidumbre y el miedo.

Es que esta guerra llevaría a que se reduzca considerablemente la inversión en regiones del mundo que necesitan recursos como África o cualquier lugar donde haya inestabilidad política, finalmente llevando a un crisis migratoria mucho mayor a la que tenemos hoy.

¿Qué tan importante es el tema de la inmigración?

Vale recordar que los que están en la Ocde necesitan de una fuerza laboral que soporte todo el crecimiento económico que tienen cada año y esto se logra, en buena parte, gracias a la inmigración. Canadá y EE. UU. se han construido a través de migrantes y es puramente económico decir que necesitamos incrementar esta tasa de inmigración casi al doble.

Es vital que no le tengamos miedo a esto, si se tiene presente que en los últimos tiempos ha venido en aumento el rechazo de trabajadores migrantes, a la par que el mismo nacionalismo que mencionaba previamente ha crecido políticamente.

¿Cómo enfrentar este fenómeno antimigratorio?

Si bien este es un fenómeno que ha crecido en los últimos tiempos, creo que los países necesitan cada vez más de la inmigración, los Estados Unidos, por ejemplo, necesitan vitalmente de la inmigración; ese es el combustible para el crecimiento de su productividad.

Es, entonces, imperativo que desde las empresas tengamos presenten nuestro papel pedagógico: debemos asegurarnos que las personas se eduquen sobre la importancia de este tema y de no tenerle miedo, porque se trata de una fuente importante de crecimiento y vitalidad económica.

Usted también menciona la importancia de tener presente la disrupción tecnológica, ¿cómo es eso?

En este punto siento que la disrupción tecnológica ha sido muy valiosa para las empresas, pero todavía nos quedamos cortos en su implementación.

Es decir, estoy seguro de que su desarrollo generará una variedad de trabajos muy amplia, aun cuando todavía es difícil predecir cuáles serán estos trabajos. Mi preocupación, no obstante, tiene que ver con la velocidad con la que esto está pasando.
Y es que en anteriores disrupciones, las generaciones impactadas pudieron analizar el panorama y las empresas tuvieron la capacidad de actuar de forma instantánea, entrenando a las personas.

Sin embargo, en este caso -que se viene dando a velocidad muy altas-, las personas que se capacitan para las nuevas tecnologías casi que quedan ‘inservibles’ en cinco años para lo que estudiaron y deben volverlo a hacer.

¿Qué hacer, entonces?

Esta es una realidad que debe aceptarse y, por ello, la administración empresarial debe ir encaminada a que las compañías entiendan que el ritmo de su implementación debe ser igual al de la expansión de la tecnología.

Los desarrollos empresariales deben ir a la par de la irrupción tecnológica. Y aunque a algunas personas no les guste esto, estamos frente al futuro: esto significa que tendremos que entrenar cada vez más a las personas, porque si no innovas o cambias, mueres; las empresas tienen que innovar y una buena forma de hacerlo es que, a la par que cambian formas, también se debe reentrenar al personal.

¿Debe cambiar la forma del contrato?

Es imperativo que todas las empresas tendrán que asumir la disrupción tecnológica, por ello también tiene que haber un contrato social nuevo para los trabajadores, necesitamos un nuevo contrato social sobre cómo le aseguraremos a las personas que no se quedarán atrás con este ritmo.

¿América Latina está lista para este cambio?

En principio, siento que hay un buen momento en la región, si se tiene en cuenta que ha habido un cambio importante de los gobernantes, lo cual ha generado que los crecimientos económicos mejoren. En segundo lugar, creo que la región al fin ha tomado protagonista en el ciclo de materias primas, lo cual se mejorará la entrada de Latinoamérica a los mercados de consumo de regiones como Asia.

Tercero, veo grandes compañías latinas que van más allá y tienen altos índices de emprendimiento, piensan con mente abierta y son más ambiciosas en su rol frente al mundo. Estos emprendedores regionales tienen, sin dudas, todo el derecho y la capacidad de competir en países como India, China, Indonesia, Nigeria, entre otros.

Nuestro optimismo frente a América Latina es fuerte. Por ello abrimos en Medellín nuestra segunda oficina en Colombia (la primera está en Bogotá), aprovechando el buen momento por el que pasan el país y la región.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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