Las fábricas zombis acechan economía china

Changzhi está repleta de cementeras que están medio muertas y con silenciosas plantas inactivas. Trabajan sin sueldo para proteger los puestos.

Internacional
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septiembre 12 de 2015 - 12:22 a.m.
2015-09-12

Miao Leijie pierde dinero por cada tonelada de cemento que produce su empresa. Pero suspender la producción no es una opción.

Cuando se inauguró la planta en el 2011 para proveer a las industrias inmobiliarias y de infraestructura en la ciudad de Changzhi, en el norte de China, la compañía recaudó en bancos la mayor parte del dinero inicial. Ahora, Miao, el director general de la fábrica, necesita seguir produciendo cemento simplemente para que la compañía pueda pagar el interés sobre sus préstamos.

Será difícil para la empresa, Lucheng Zhuoyue Cement Plant, salir del hoyo. Los clientes y las inversiones están secándose, y la compañía está pidiendo prestado aún más dinero para mantenerse a flote.

“Si cesáramos la producción, las perdidas serían aplastantes”, dijo Miao, mientras fumaba un cigarrillo tras otro en la silenciosa y austera oficina de la compañía. “Estamos trabajando para el banco”.

Changzhi y sus alrededores están repletos de fábricas cementeras medio muertas y silenciosas plantas inactivas, un inquietante telón de fondo para la economía china en apuros.

Como muchas ciudades industriales en toda China, Changzhi, que creció agresivamente durante el largo auge de inversiones del país, tiene demasiadas fábricas y muy poca demanda. Esa capacidad excesiva, indican muchos economistas, tendrá que ser eliminada para que la economía china regrese al crecimiento saludable.

Pero en vez de cerrar, Lucheng Zhuoyue y otras compañías de Changzhi siguen adelante con dificultad en una especie de marcha de los muertos vivientes.

Para proteger los empleos y las plantas, el Gobierno y sus bancos estatales mantienen en ocasiones a las empresas deficitarias en cuidados intensivos reinvirtiendo o reestructurando los préstamos, ofreciendo crédito nuevo u otorgando otra forma de ayuda. Aunque esto quizá parezca una táctica empresarial extraña, es parte de una estrategia más amplia para mantener la estabilidad social, un objetivo importante del liderazgo de China.

Las autoridades en las provincias y ciudades de China también respaldan a las fábricas en apuros, simplemente porque son consideradas importantes para la economía local.

Mientras China permite a sus propias “zombis” abrumar a la economía, la situación está empañando el panorama del país, dificultando predecir a dónde se dirige el crecimiento. Si el liderazgo no aborda el problema latente, la debilidad económica pudiera prolongarse.

Ha estado aumentando la preocupación de que la desaceleración de China esté empeorando y sus problemas se estén volviendo más difíciles de superar. Esos temores ayudaron a encender una dramática liquidación en los mercados bursátiles en todo el mundo. Las acciones en la bolsa de valores de Shanghái se han deslizado más de un tercio desde su punto más alto en junio.

PROSPERIDAD AMENAZADA 

Alejada del destello de Shanghái o de las zonas de exportación de Shenzhen, Changzhi es una ciudad modesta de tres millones de habitantes que viven en complejos de departamentos de poca altura y trabajan en cuadradas instalaciones fabriles.

La economía local depende de la manufactura acerera y otras industrias pesadas que apuntalaron las décadas de alto crecimiento del país. A medida que el mercado inmobiliario crecía y el Gobierno invertía en carreteras y otra infraestructura, las fábricas de cemento brotaron en las afueras de la ciudad para capitalizar la bonanza, creando cientos de empleos bien pagados. En los últimos años, las bulliciosas tiendas y los restaurantes de comida rápida a lo largo de las estrechas calles del centro de Changzhi rebosaron de actividad por la nueva prosperidad.

Pero la economía del país se está desacelerando, amenazando a esa riqueza. El Producto Interno Bruto creció 7 % en el segundo trimestre del 2015. Aunque eso sería un desempeño estelar para los estándares de la mayoría de los países, es el ritmo más lento para China en un cuarto de siglo.

Algunas industrias se están desplomando, causando estragos en ciudades y localidades menos diversas económicamente.

Los conjuntos habitacionales vacíos, construidos durante el auge, están siendo un lastre para el sector inmobiliario. Los hombres de negocios en Changzhi se quejan de que los proyectos de construcción apoyados por el Gobierno local también se han reducido.

Como resultado, las plantas cementeras de Changzhi están abrumadas por un exceso de capacidad. Las compañías en la provincia pueden producir tres veces la cantidad de cemento que fue necesaria en el 2014, según la Asociación Provincial de Shanxi de Industrias de Materiales de Construcción. Dos tercios de ellas pierden dinero.

Esas condiciones han convertido a compañías anteriormente prometedoras en zombis.

Como empresa propiedad del Estado, Huatai ha estado operando con ayuda de asistencia especial. Huatai recibe carbón a crédito y acceso a créditos baratos de su compañía matriz, que es propiedad del gobierno provincial. Eso ha permitido a la administración conservar en nómina a sus 300 trabajadores; la principal prioridad de la empresa.

“Nuestros empleados necesitan comer, necesitan vivir”, dijo un gerente, quien declinó dar su nombre.

Temiendo que el desempleo pudiera conducir a la inestabilidad social, el Gobierno ha hecho de mantener el empleo un objetivo primario de su política económica. El primer ministro Li Keqiang dijo durante una rueda de prensa el año pasado que la tasa de crecimiento más baja aceptable para el régimen “necesita asegurar un empleo bastante pleno y generar un aumento razonable en el ingreso de las personas”.

Eso ayuda a explicar por qué Pekín está emprendiendo acciones más firmes para apuntalar a la economía.

A largo plazo, los formuladores de políticas chinos tratan de reducir la dependencia de la economía de la inversión excesiva para el crecimiento y de permitir que el consumo familiar desempeñe un papel más grande. Eso significa que las fábricas en muchas industrias pesadas, como el cemento, pudieran nunca operar de nuevo al 100 %.

Wang Xiaohu no ha perdido la esperanza por completo. A lo largo de los años, Wang, un hombre de negocios de 40 años de edad, invirtió 20 millones de yuanes (3.1 millones de dólares), en Changzhi Ruili Building Materials Ltd., que puede producir 300.000 toneladas métricas de cemento anualmente. Pero ahora la fábrica es vigilada por un anciano y solitario guardia de seguridad vestido con un uniforme que no le ajusta bien.

Wang se vio forzado a suspender la operación de la planta hace unos 18 meses, despidiendo a casi todos sus 100 empleados. Sin embargo, Wang se ha negado a liquidar la fábrica.

VACACIONES ETERNAS, PERO SIN SUELDO 

La situación también está complicando las cosas para los trabajadores que no son lo suficientemente afortunados para conservar sus empleos. Aunque el desempleo ha permanecido bajo nacionalmente, los trabajadores en la afligida Chang- zhi se quejan de que es difícil encontrar buenos empleos. En el Changzhi Cement Group, cuando la producción en la planta propiedad del Estado se suspendió, dejaron de llegar sus cheques de nómina.

Michael Schuman
Nueva York