Haddad aspira a ser el próximo Lula para los votantes brasileños

Desde su celda, el expresidente nombró al exalcalde de São Paulo como su sucesor.

Fernando Haddad

Fernando Haddad fue el alcalde de São Paulo y también se desempeñó como ministro bajo el Gobierno de Dilma Rousseff.

AFP/Nelson Almeida

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septiembre 14 de 2018 - 08:15 p.m.
2018-09-14

Cuando Fernando Haddad fue confirmado el pasado martes como el candidato presidencial del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) en lugar del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva para las elecciones del próximo mes de octubre en Brasil, apareció una imagen en Twitter que lo mostraba como Clark Kent convirtiéndose en Superman.

El tuit, en el que el exalcalde de São Paulo tenía la imagen del expresidente en su pecho en lugar de la ‘S’ roja habitual de la figura de la caricatura, era una señal de la esperanza del partido de que Lula da Silva pueda transferir su enorme popularidad entre los votantes más pobres del país al menos conocido Haddad.

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Lula da Silva, un coloso de de la izquierda de Latinoamérica y considerado por algunos un gran populista que ha influenciado la política brasileña durante cuatro décadas, estaba liderando las encuestas con 39% de apoyo, a pesar de que fue condenado a principios de este año por corrupción y está cumpliendo una sentencia de prisión de 12 años. Este mes le prohibieron que se postulara y le informaron que tenía hasta el martes para nombrar a su sucesor.

“Desde hoy, Fernando Haddad será Lula para millones de brasileños”, afirmó el expresidente desde su celda en Curitiba, en el sur de Brasil.

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Haddad, un abogado, economista y filósofo de São Paulo - que no es muy conocido por los votantes fuera del sur de Brasil - está ingresando en las elecciones más impredecibles del país desde el retorno de la democracia hace más de tres décadas. La economía de Brasil ha salido cojeando de la recesión y necesita la implementación de reformas de inmediato.

Aunque Haddad es visto como un candidato moderado, que se ha reunido en numerosas ocasiones con banqueros de inversión y otros actores económicos, los mercados desconfían profundamente de su partido, el PT, por sus ideas izquierdistas sobre la economía.

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“Fernando es un hombre afable e inteligente con un currículum impresionante”, pone de manifiesto Marcos de Barros Lisboa, presidente de la universidad de negocios Insper en São Paulo, en la que Haddad fumaestro hasta agosto. “Pero discrepo profundamente con las propuestas económicas de su partido y con su modelo de desarrollo obsoleto para Brasil”.

Así las cosas, con la retirada de Lula da Silva de la carrera, Haddad se enfrentará al archienemigo del PT, el político de extrema derecha Jair Bolsonaro, en la elección presidencial de doble vuelta. Cabe resaltar que el excapitán del ejército lleva la delantera con 24% de apoyo en la última encuesta de Datafolha.

Haddad recibió 9% de las intenciones de voto en la misma encuesta, frente al 4% que registraba hace tan solo dos semanas. Pero se está quedando atrás de los otros contendientes principales, incluyendo a otro izquierdista Ciro Gomes que tiene 13%, la centrista Marina Silva con 11%, y el centroderechista, favorito del mercado, Geraldo Alckmin con 10%.

Eso sí, las encuestas sugrieron que todos vencerían a Bolsonaro en la segunda ronda de votación, pero que el margen de Haddad sería de sólo 1%.

En esta misma línea, tal como indicó una encuesta anterior, el 49% de los encuestados dijeron que votarían o podrían votar por un candidato ungido por Lula da Silva.

“El desafío de Fernando Haddad es convencer a los votantes del PT de que él es el candidato de Lula”, apuntó Lincoln Secco, un historiador de la Universidad de São Paulo y experto sobre el PT.

Hijo de un comerciante libanés y una maestra, Haddad también fue ministro de educación bajo Dilma Rousseff, la sucesora ungida de Lula da Silva, quien fue destituida en 2016. La semana pasada, Haddad fue acusado de corrupción en relación con su exitosa campaña para la alcaldía de São Paulo en 2012. Es poco probable que las acusaciones, que él negó, descarrilen su candidatura presidencial.

Él está acostumbrado a los conflictos con la extrema derecha. En 2011, los conservadores religiosos dirigidos por Bolsonaro acusaron a Haddad de tratar de introducir material sobre la homosexualidad en el currículo escolar brasileño. Haddad negó el reclamo.
Asimismo, como alcalde de São Paulo en 2013, se enfrentó a protestas por el aumento de los precios de los boletos de autobús que se convirtieron en un movimiento nacional contra la celebración de la Copa del Mundo en el país.

En una señal de su postura moderada sobre la economía, le aseguró al Financial Times en 2016 que el error de Rousseff fue “aumentar el gasto público sin una garantía de sostenibilidad”.

Pero los mercados permanecen amargamente opuestos a su candidatura y al PT debido a las políticas y posturas económicas del partido, que incluyen oponerse a una revisión del sistema de pensiones que, según los economistas, está llevando al país hacia una crisis fiscal.

El partido también propone usar parte de las reservas de divisas extranjeras con las que cuenta Brasil para un fondo de inversión en infraestructura y quiere implementar medidas para elevar el límite del gasto presupuestario.

“Haddad tenía un historial de conservadurismo fiscal cuando era alcalde de la ciudad de São Paulo”, explicó Thomaz Favaro, analista de Control Risks.

Sin embargo, si gana las elecciones, Haddad tendrá que balancear a un PT radicalizado, enfurecido por el encarcelamiento de Lula da Silva, con un congreso hostil que probablemente estará dominado por conservadores de los bloques rurales y evangélico, y a la vez cumplir con sus promesas a los votantes.

Y, sumado a todo esto y de una forma incluso más importante, tendrá que lidiar con Lula da Silva quien seguramente intentará dirigir los procedimientos desde su celda.
“Estaría en deuda con Lula”, indicó Secco. “Eso podría ser un problema para él”.

Joe Leahy y Andres Schipani

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