‘Es un mito creer que la gente
va renunciar al consumismo’

Con Gilles Lipovestsky nace una nueva categoría de pensamiento donde el
hiperconsumismo y el hiperidividualismo forjan una sociedad hipermoderna.

Gilles Lipovetsky, filósofo francés.

Gilles Lipovetsky, filósofo francés.

Archivo particular

Internacional
POR:
Cristóbal Vásquez
febrero 25 de 2016 - 12:15 a.m.
2016-02-25

¿Qué hay después de la posmodernidad? Según el filósofo francés Gilles Lipovetsky, la hypermodernidad. Una nueva categoría de pensamiento donde las opciones de identidad abundan y el rol de los medios, la publicidad, el consumo van formando una cultura hiperindividualista que plantea grandes retos al rol de la mujer, a la relación entre personas, la publicidad y a la sostenibilidad entre el consumo y la estabilidad del planeta, entre otros.

En diálogo exclusivo para Portafolio, el famoso filósofo, sociólogo y escritor francés habla sobre los retos de lo que cataloga como la Hipermodernidad, una sociedad llena de opciones y modelos.

¿Cuál es el rol de la mujer en lo que usted llama hipermodernidad?

El rol es nuevo porque durante toda la modernidad, las mujeres fueron excluidas de la esfera política y los ámbitos creativos más importantes. Entonces lo que podemos llamar la hipermodernidad es cuando las mujeres conquistan el derecho y la posibilidad de ocupar los mismos lugares que los hombres.

Pero, ¿qué retos tiene la mujer en su liberación?

La mujer hipermoderna quiere seguir siendo mamá pero al mismo tiempo ser exitosa en su vida profesional. Esta es una gran oportunidad para la humanidad porque ellas que son la mitad de la población del mundo van a convertirse en actores principales. La pregunta clave es ¿cómo van a acceder las mujeres a las verdaderas responsabilidades en el mundo empresarial? Creo que esto es posible si se transforman las lógicas de la organización.

No creo en el machismo, no creo que sea eso lo que impide que las mujeres sigan creciendo, pero en cambio sí creo que es la manera cómo funcionan las organizaciones. Estas son hechas para los hombres, no para las mujeres.

¿Se podría plantear la liberación femenina como vehículo para llegar al hiperconsumo?

El hiperconsumo es para todos: hombres, niños y viejos. Pero hay un verdadero problema, y las mujeres lo saben, con el tema de la autonomía y tiene relación con la belleza, ahí es diferente a los hombres. El 80% de las mujeres son las que compran normalmente. Por ende, el problema del hiperconsumismo se presenta efectivamente en el consumo de cosméticos, en todo lo que toque el cuerpo y la alimentación, y muchas mujeres se rigen por un prototipo de belleza en el que ellas no se reconocen.

"La belleza exige estar en forma, pero la mayoría de las mujeres fracasan
en el intento y se culpabilizan”.

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Ahí hay una contradicción porque el hipermodernismo es normalmente la multiplicación de los modelos y la inexistencia de los modelos estándar, menos uno, que es el de la belleza femenina. La belleza exige estar en forma, pero la mayoría de las mujeres fracasan en el intento y la mayoría de ellas se culpabilizan gastando grandes montos de dinero en esto.

Entonces nos encontramos con un case excepcional, porque en todas partes hay una diversidad de modelos, menos en los temas de belleza. En nuestro modelo cultural no se puede ser bella y gorda al mismo tiempo. No estoy seguro de que eso vaya a cambiar.

¿Es de una sociedad desorientada tratar de llenar sus vacíos por medio del consumo?

No, el consumo es más bien lo que viene a arreglar la vida desorientada. Una gran parte del consumo hoy es de tipo terapéutico. Cuando estamos deprimidos vamos al centro comercial, pero es verdad que también la lógica del hiperconsumo crea desorientación.
Por ejemplo en relación a la alimentación, hoy hay varios modelos, uno que dice que hay que comer sano, ligero, biológico, pero al mismo tiempo hay que darse placer. Es contradictorio y estresante.

A partir de esas contradicciones, ¿cómo podemos tener relaciones personales tranquilas?

Creo que podemos tener relaciones excelentes entre las personas. Simplemente que la sociedad hipermoderna no para de diversificar los gustos y las aspiraciones de la gente, por eso creo que hay toda cantidad de divorcios, por-que la gente cambia.

¿Por qué tanto cambio?

Porque somos una sociedad móvil con una oferta permanente y por ende no tenemos un lugar definitivo en la sociedad. Todo cambia y la gente cambia también; como todo cambia, la relación entre las personas no funciona. Esta es una de las razones por las que la gente vive u momento y después se separa.

"La manera como funcionan las organizaciones está hecha para los hombres y no para las mujeres".

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¿La sociedad de la información está afectando la forma de relacionarse entre personas?

Sí, la influencia, pero no tanto como lo dicen. Yo no creo en la idea de que la publicidad manipula. No creo en eso. La publicidad aporta muchas cosas y da muchas ideas y opciones, pero no manipula, eso no es verdad. Eso es algo erróneo que nos han vendido.

La publicidad nunca lo hará comprar algo que usted no quiere, nunca. Si a usted no le gusta esquiar, puede mirar mucha publicidad sobre los centros deportivos de invierno durante todo un año, pero no iría nunca de vacaciones.

¿Cree que hay un equilibrio entre el hiperconsumo y el mantenimiento del planeta?

Ese es el gran problema, evidentemente. Ahí hay dos opciones notablemente opuestas. Están los ecologistas radicales que consideran que vamos directamente hacia la catástrofe porque el planeta no podrá con 9 billones de consumidores en el mundo, entonces no podremos desarrollar un hiperconsumismo sostenible.

¿Cuál sería el otro extremo?

Hay posibilidades de actuar, hay que invertir enormemente en la investigación de energías renovables porque es un mito creer que la gente y las naciones van a renunciar al consumismo. Renunciar a esto es propio de naciones ricas, pero hay millones de personas que esperan abrir la puerta al consumismo y pedirles que paren el hiperconsumismo cuando ni siquiera han empezado a consumir es ilógico.

La India, los países africanos y los chinos no quieren sino eso. Es una ilusión creer que van a renunciar de manera racional. No hay otra opción que invertir el máximo de nuestras energías y inteligencia en sistemas de producción de energía limpia y reciclaje que nos permitan vivir sin austeridades imposibles de cumplir.

Cristóbal Vásquez