India, la más dependiente del estiércol

Aunque el gigante asiático ha progresado a grandes pasos en la reducción de combustibles sólidos contaminantes, sigue siendo el que más utiliza este tipo de fuentes de energía arcaicas.

Una campesina extrae  heces de vaca desecadas, que utilizará para cocinar y calentarse.

EFE

Una campesina extrae heces de vaca desecadas, que utilizará para cocinar y calentarse.

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agosto 01 de 2014 - 12:16 p.m.
2014-08-01

India es de lejos la nación que más se ha preocupado, según un informe de las Naciones Unidas, en que energías limpias como la propia electricidad lleguen a la mayor parte posible de su inmensa población, de unos 1.250 millones de personas.

Este esfuerzo se ha traducido en 20 millones de personas que cada año desde 1990 han podido sustituir la madera o el estiércol por combustibles no sólidos para cocinar o calentarse, tal como recoge este estudio titulado "Energía sostenible para todos".

Un logro seguido a poca distancia -16 millones anuales- por China, el país más poblado del planeta con cerca de 1.350 millones de habitantes.

Sin embargo, todavía unos 700 millones de personas en la India y algo más de 600 en China carecen de fuentes de energía como la electricidad o el gas y dependen de la madera, el carbón o el estiércol.

Como Devender Jatana, un campesino que utiliza heces de vaca para cocinar y calentar la humilde casa de adobe en la que vive en el campo con su mujer y dos hijos cerca de Noida, una de las ciudades satélite que rodean Nueva Delhi.

Jatana, de 34 años, explica que de enero a marzo o abril, según el tiempo que haga, su familia se dedica a hacer una especie de tortas con estas heces, que una vez secas, almacenan en montones para disponer de ellas el resto del año.

La razón de elaborar en invierno estas formas redondas desecadas es que el resto del año la presencia de insectos hace que las tortas se estropeen.

El campesino reconoce que prefiere este recurso ancestral a otras energías más limpias, ya que aunque dispone de gas, utiliza el estiércol seco: "no nos gusta cocinar de otra forma; esto es comida pura".

"Hemos tomado la comida cocinada con esto desde la niñez y aunque tenemos el gas, lo utilizamos solo cuando viene algún conocido de fuera, pero no para nuestra comida. Toda nuestra familia también lo prefiere así", declara rodeado de sus vacas y búfalos.

"Es la costumbre de hace mucho tiempo, porque los ancianos de la familia siempre han utilizado esto y toda la sociedad donde hemos crecido lo usa", concluye mientras recorre su modesta granja, de la que cada vez están más cerca los grandes bloques de pisos en construcción en esta ciudad dormitorio de la capital india.

Uno de sus vecinos, Mohammed Shahabudin, de 53 años, coincide en que aunque haya gas en el pueblo, la mayoría de la gente prefiere los excrementos de ganado para cocinar, por lo que sus casas están rodeadas de montones de estas tortas desecadas.

"Ha sido así desde hace siglos", subraya Shahabudin, que explica que también hay que tener cuidado para que este combustible no se estropee durante el monzón, la época de lluvias en el verano.

Sin embargo, este y otros combustibles tradicionales, de los que todavía depende el 85 por ciento de la población rural en la India según el informe, son mucho más contaminantes de lo que en principio puede parecer.

Su humo contiene unas partículas perjudiciales para la salud de quien las respire, con hasta 3.000 microorganismos nocivos por metro cúbico, más contaminantes incluso que la polución procedente del tráfico o de la industria.

Las Naciones Unidas advierten de que si se dejaran atrás estos combustibles anticuados y se sustituyeran por cocinas de gas o eléctricas, se mejoraría notablemente el nivel de vida de los campesinos, empezando por su salud.

EFE