Inversionistas extranjeros sostienen a Brasil durante la recesión

El dinero sigue entrando a raudales en la mayor economía de Latinoamérica a pesar de una desaceleración récord.

Rio de Janeiro - Brasil

El país recibió US$78.930 millones en inversiones extranjeras directas durante el pico de la recesión. 

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Portafolio
julio 28 de 2017 - 06:40 p.m.
2017-07-28

Cuando la ejecutiva de propiedades israelí Mia Stark llegó a Brasil en 2013, la economía del país ya estaba comenzando su larga caída hacia lo que se convertiría en la peor recesión de su historia.

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Impertérrita, la directora Ejecutiva en Brasil del grupo de centros comerciales Gazit Globe compró el control o las participaciones en siete propiedades ubicadas en lugares privilegiados de la ciudad más grande en la nación más grande de Latinoamérica, invirtiendo $2.000 millones de reales (US$635 millones) en los últimos cuatro años.

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Desde aquel entonces, Gazit le ha dado un vuelco a las propiedades que controla, que van desde Light — un centro comercial histórico en el centro de la ciudad de São Paulo — hasta otro establecimiento en el lujoso distrito de Morumbi, afirma Stark.

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“Cuando llegamos a Brasil, no sabíamos a lo que nos íbamos a enfrentar”, comentó Stark.

A medida que la economía se deterioraba, disminuyendo más del 7% durante los últimos dos años, ella explicó que su equipo directivo había tomado una decisión consciente. “Nosotros dijimos: ‘¿Sabes qué? En lugar de negatividad, vamos a buscar oportunidades de negocios’”.

Los sólidos inversionistas extranjeros de largo plazo como Gazit han sostenido a la mayor economía de Latinoamérica a medida que ha sufrido no sólo la recesión, sino uno de los períodos políticos más tumultuosos de su historia.

La expresidenta izquierdista del país, Dilma Rousseff, fue destituida el año pasado por violaciones presupuestarias, mientras que su sucesor, Michel Temer, ha sido acusado de corrupción.

Temer está luchando contra los cargos, los cuales han amenazado con descarrilar un programa de reforma por parte de su Gobierno centroderechista destinado a restablecer las reducidas finanzas públicas del país.

Sin embargo, los inversionistas extranjeros han continuado invirtiendo dinero en Brasil a pesar de estos retos. El país recibió US$78.930 millones en inversiones extranjeras directas (IED) durante el pico de la recesión en 2016, la séptima entrada de capital más alta del mundo, según datos del Banco Mundial.

Los analistas aseguran que esta resiliencia — el banco central reportó que la IED neta durante los 12 meses previos concluyendo a fines de mayo fue de US$80.700 millones — se debió en parte a las entradas netas en fusiones y adquisiciones.

Las empresas y los activos brasileños se volvieron más atractivos después de una depreciación del real — la moneda del país — frente al dólar a cerca de la mitad de su valor desde que alcanzara sus máximos en 2011.

Los accionistas y las compañías locales también estaban interesados en deshacerse de activos debido a las dificultades financieras ocasionadas por la recesión o debido a las investigaciones de corrupción. Estos activos fueron a menudo arrebatados por extranjeros.

“A fin de cuentas, en comparación con otros países, Brasil ha estado recibiendo una gran cantidad de IED durante un período de tiempo relativamente largo porque hay un montón de activos a la venta”, señala David Beker, el economista para Brasil de Bank of America Merrill Lynch.

La principal investigación de corrupción, conocida como Operación Lava Jato, ha forzado desinversiones de activos por parte de compañías que van desde la petrolera estatal Petrobras hasta la constructora Odebrecht, cuyos negocios han sido devastados por las acusaciones de que participó en estrategias de soborno político.

La siguiente compañía en la fila de venta de activos es JBS, la mayor empacadora cárnica del mundo, la cual está en el centro de las acusaciones de corrupción en contra del presidente Temer.

Según la compañía de datos Dealogic, las fusiones y adquisiciones brasileñas el año pasado alcanzaron los US$46.600 millones, de los cuales cerca de US$37.000 millones fueron el resultado de las fusiones y adquisiciones realizadas por inversionistas del extranjero.

China fue la mayor fuente de inversión, con cerca de US$12.000 millones en negocios — incluyendo una adquisición de US$9.000 millones de una compañía de electricidad — seguida por EE. UU. y Canadá, cada uno con aproximadamente la mitad de esa cantidad.

“Algunos de los activos locales son baratos y muchos inversionistas que tienen una estrategia de mediano a largo plazo lo consideran una buena oportunidad para posicionarse o aumentar su existente presencia en la economía brasileña”, considera Alberto Ramos, un economista de Goldman Sachs.

Sin embargo, los expertos advirtieron que poco menos de la mitad del dinero reportado como IED eran préstamos interempresariales entre compañías en el extranjero y sus filiales brasileñas y beneficios reinvertidos.

Algunos de estos préstamos interempresariales fueron básicamente operaciones de divisas para aprovechar las altas tasas de interés reales de Brasil, mientras que otros pudieran haber sido para recapitalizar subsidiarias que luchaban con la recesión.

“Solamente entre 20 y 25% de las entradas de IED en Brasil representan inversiones ‘greenfield’ (totalmente nuevas), es decir, dinero para construir fábricas y puertos y aeropuertos", estimó Neil Shearing, el economista Jefe de mercados emergentes en Capital Economics.

Según los inversionistas, la construcción de nuevos proyectos en Brasil sigue siendo, de hecho, tan difícil como siempre debido a la burocracia del país y a la volatilidad política.
Incluso Stark de la compañía Gazit comentó que prefería evitar el desarrollo de sitios desde cero debido a los retos burocráticos, aunque lo haya hecho en ciertas ocasiones.

Más bien, su estrategia era mantenerse eficiente y concentrarse en cada oportunidad de negocios; su equipo de gestión de 20 personas ha crecido poco, aunque la compañía se ha ampliado en nueve veces en términos de sus activos durante los últimos años.

Su enfoque estaba en propiedades que tenían “grandes activos” pero que estaban mal gestionadas y ubicadas dentro de un radio de siete kilómetros del centro de São Paulo, un área que es el epicentro de la mayor economía del continente.

“Si piensas que eres más inteligente que los lugareños y que encontrarás oportunidades de negocios sencillas, estás en el lugar equivocado”, destacó Stark. A lo que agregó: “Nada es fácil”.