Kioto, uniendo tradición milenaria y modernidad

La tradición artesanal de esta ciudad convive con sofisticadas tecnologías.

Los artesanos de Kioto

Archivo particular

Los artesanos de Kioto

Internacional
POR:
marzo 21 de 2015 - 01:25 a.m.
2015-03-21

Kioto, en otros tiempos denominada la ciudad de las “geishas” por excelencia, y capital del imperio desde su fundación en el año 794 hasta mediados del siglo XIX, conserva esa mágica atracción del Japón tradicional que se vive al caminar por sus calles y templos, mientras evoluciona para no dejar morir la industria artesanal que una vez la hizo brillar.

Sus artesanos continúan creando exquisitos productos de cerámica, utensilios de bambú y kimonos, mientras diversifican sus negocios “para ganarse la vida”, explica Takeshi Nishimura, un artista de 61 años que ha pasado 43 primaveras cultivando su arte de crear estampados para la tradicional prenda.

La demanda de kimonos ha descendido en más de un 90 por ciento desde la década de los 70. Por ello, Nishimura se ha visto obligado a buscar un nuevo uso a sus habilidades, en un campo tan moderno que cree que tiene salida más allá de Japón.

Sus patrones, que una vez sirvieron para teñir delicados kimonos, se utilizan hoy para adornar fundas para tabletas, tarjeteros y monederos.

NUEVOS USOS DEL BAMBÚ

El futuro es más halagüeño para Yuki Yokoyama, director ejecutivo de Yokoyama Bamboo. A sus 35 años, es la cuarta generación de un negocio dedicado al bambú, que apenas tiene competidores en la ciudad por la reducción de manufactureras dedicadas al tratamiento de esta madera.

Construcciones, utensilios, recipientes para “ikebana” (arreglo floral japonés) y atrezo para obras de teatro tradicional kabuki se derivan del bambú.

Sin embargo, el uso del bambú, al ser un material inflamable, está limitado por las leyes niponas de la construcción a los “ryokan” (alojamiento de estilo tradicional japonés), espacios públicos e instalaciones turísticas.

Pero la industria artesanal de Kioto no ha sido la única que ha tenido que buscar nuevas vías para sobrevivir.

El castillo imperial Nijo, icono de la ciudad y designado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, también ha echado mano de las nuevas tecnologías y las técnicas ancestrales para conservar sus tesoros.

RECUPERANDO PINTURAS

El palacio Ninomaru, construido bajo el mandato del legendario Ieyasu Tokugawa, en sus paredes y techos luce lienzos pincelados por maestros de la escuela artística de los Kano, cuenta Shiho Nakano, conservadora del palacio.

Las pinturas, algunas tan envejecidas que cuesta distinguir los trazos originales de las manchas producidas por el desgaste, forman parte del tesoro nacional de Japón.

Empleando las mismas técnicas que usaban los Kano hace 400 años, el pintor Toshihide Tanii trabaja desde 1972 para reproducirlas y reemplazarlas por los originales, que se restauran y guardan en habitaciones en condiciones controladas.

El equipo tarda entre 20 días y medio año en terminar una réplica, en función de la complejidad de la pintura y las condiciones en las que se encuentra.

EFE