La alcaldesa de Puerto Rico que se enfrentó a Trump

Carmen Cruz recuerda el huracán María, un año después.

Carmen Cruz

Esta semana Donald Trump criticó las cifras de casi 3.000 fallecidos durante el huracán que emitió la isla y afirmó que murieron 20 personas.

AFP

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septiembre 14 de 2018 - 08:15 p.m.
2018-09-14

La voz de Carmen Yulín Cruz tiembla mientras abre la puerta. Entra a una pequeña habitación en la parte trasera del estadio de San Juan que fue su hogar, junto con otras 700 personas, cuando el huracán María azotó Puerto Rico.

En el interior, la decoración es escasa: un solo colchón, una silla acolchada y jarras de plástico de agua con otras raciones de emergencia en un estante improvisado. Cruz vivió aquí por tres meses. Ella lo llama “Mi Mar-a-Lago”.

“No he estado aquí desde noviembre”, dice, aunque parte de ella nunca se fue. “¿Todavía está mi cepillo de dientes aquí? Todo esto me llena de recuerdos. Vivimos cosas que nadie debería tener que enfrentar”. Cruz parece aturdida mientras camina. Sus ojos se llenan de lágrimas.

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Con sus distintivas gafas de montura cuadrada y cabello rubio, Cruz es la alcaldesa de la capital puertorriqueña quien usó una camiseta negra con la palabra ‘Nasty’ al frente cuando se enfrentó a Donald Trump después de que lluvia y vientos de 155 millas por hora azotaran la isla el 20 de septiembre del año pasado.

Cruz repartió bolsas de hielo, rescató a jubilados, consoló a los afligidos y lloró de rabia mientras pedía en televisión más ayuda para “salvarnos de la muerte”. Anteriormente, Trump había tuiteado: “Un liderazgo tan pobre”.

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Cuando el Presidente más tarde se adjudicó a sí mismo un perfecto 10 por el manejo de la tormenta, ella respondió “Sí, de 100”.

“Estábamos hasta la cintura de agua y excrementos mientras Trump jugaba golf”, comenta la alcaldesa. “Puerto Rico se ha convertido en un estudio de lo que no se debe hacer”. De hecho, un organismo de control del Gobierno esta semana criticó la respuesta federal al huracán María por no haber desplegado suficiente personal calificado.

Se detiene junto a un muro cubierto con mensajes de apoyo que llama el “Muro de la Esperanza”. Sólo tres días antes, el Gobierno de la isla elevó tardíamente el número oficial de muertos de María a 2.975 desde 64. Ella acaricia el muro y susurra una oración. De repente, vuelve al presente y muestra su sonrisa característica.

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“¿Vamos a mi apartamento? Conocerás a mi perro. Ladra mucho. Ya sabes, a veces yo también ladro”.

Ahora en su segundo mandato, la franqueza de Cruz le dio a Puerto Rico una importancia internacional cuando más se necesitaba. También le ganó un lugar como una de las ‘100 personas más influyentes del año’ de Time. En la isla, sin embargo, siempre ha tenido una reputación de hablar con franqueza y con toque populista. Los radioaficionados la satirizan como “camarada Yulín”.

Condujimos a su apartamento de tres habitaciones sin ascensor. Aunque se encuentra en un vecindario agradable, el apartamento está frente a una carretera transitada y su obvia modestia revela a una mujer tan compleja como Puerto Rico, un territorio de 3,5 millones de personas atrapadas entre la soberanía y ser estado de EE. UU. Las encuestas muestran que casi la mitad de los estadounidenses no saben que los puertorriqueños también son ciudadanos estadounidenses.

En el interior, el daño es obvio. Las paredes están manchadas por la lluvia y las persianas rotas. El aire acondicionado todavía no funciona. Su perro, Victoria de San Juan, uno de los 27 perros callejeros que rescató, ladra desde arriba.

Cruz se mudó al apartamento en 2003, una década después de regresar a la isla. Había estudiado ciencias políticas en la Universidad de Boston y recibió una beca para obtener un segundo título en políticas públicas en Carnegie Mellon.

La conversación vuelve a Trump, nunca muy lejos. “No quería pelear, pero la realidad lo exigía”. Señala una pintura de un pitirre, un ave conocida por defenderse sin miedo de los animales más grandes, incluso las águilas. Su abuela, “una mujer muy pobre”, la imbuyó con su espíritu. “Ella me dijo: nunca comiences una pelea, pero siempre termínala. Como eres pequeña, sólo tienes una oportunidad, así que lucha”. El apartamento es casi tan espartano como el estadio. Arriba, hay una maleta medio desempacada en el piso. En todas partes hay libros, en su mayoría biografías de líderes inspiradores. La política de Cruz fluye claramente de su conciencia, formada por su gran corazón. Su aura es inspiradora; su transparencia emocional tanto desarmadora como excesiva.

Bajamos y echa un montón de toallas a la lavadora. “Tengo una señora de limpieza, pero me encargo de todas mis compras, cocina y lavandería. De lo contrario, como figura política, puedes llegar a sentirte diferente de los demás. Eso es peligroso. Es un error”.

La actitud de Cruz parece muy diferente a la del quebrado Gobierno de la isla, que gastó US$245.000 en un vehículo a prueba de balas para el gobernador. Sin embargo, los críticos se burlan de que es una pose oportunista. Después de todo, las alcaldías son a menudo un paso intermedio político y frecuentemente se rumorea que Cruz busca cosas más grandes. Las frases marcadas con tiza en la pared sugieren lo contrario.

“¡Voy a ser alcalde en 2012!”, dice uno. “¡Seguiré siendo alcalde en 2016!”, dice otro. “¡Sigo siendo alcalde!”, indica el tercero. El último es más tentativa. “Voy a ser feliz en 2020”.

Cruz echa totopos en un plato, rocía queso por encima y lo coloca en el microondas. Nos sentamos en una mesa de comedor ovalada mientras come. Solía haber un aparador, pero su perro lo mordió después de María y ahora está afuera.

“Está bien que llegue el aniversario de María”, agrega. “Es una oportunidad para lamentarse y seguir adelante”. La habitación se llena de silencio. Sus ojos se llenan de lágrimas otra vez. “Una de las ventajas de María es que ya no podemos ocultar nuestra pobreza detrás de palmeras y piñas coladas”, proclama. “Cuando ves la desesperación, puedes actuar o alejarte. Pero, ¿para qué sirve el poder?”

Busca una copia de la Declaración de Independencia de EE. UU. y un libro de Martin Luther King y lee pasajes. “¿Acaso estas palabras no son ciertas?”, se pregunta. “Por eso me enojé tanto con Trump. Trató de sacar provecho político de una crisis humanitaria. La muerte viene en diferentes formas. Puedes matar de muchas maneras”.

John Paul Rathbone

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