'La comida es solo para los chavistas, los opositores que se mueran de hambre'

Una persona de la UBCh, encargados de repartir alimentos en las comunidades en Venezuela, relata cómo se distribuye la poca comida que llega.

Venezuela

Lo común es que los anaqueles estén vacíos en los supermercados de Venezuela.

Lo común es que los anaqueles estén vacíos en los supermercados de Venezuela.

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Portafolio
mayo 31 de 2017 - 10:53 a.m.
2017-05-31

“’La comida es para los chavistas, los opositores que se mueran de hambre’, es lo que dicen los jefes de las Unidades de Batalla Bolívar–Chávez, UBCh, encargados de repartir la comida a precio subsidiado en las comunidades de Venezuela”, dice Darío*, un exchavista desengañado con la revolución.

Darío relata que su chavismo comenzó a resquebrajarse cuando vio que los alimentos comenzaban a escasear y lo poco que llega ya no es para toda su comunidad (unas 300 familias) en la ciudad de San Cristóbal, fronteriza con Colombia, sino solo para las familias registradas como chavistas. 

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Cuenta que hasta hace unos tres años no había problema porque llegaba comida, pero ahora está muy escasa. Entonces los dirigentes del UBCh llegan a las comunidades con los pocos alimentos que hay, les preguntan a los jefes de comunidades, como él, cuántas familias registradas hay en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), partido oficialista, y les dan solo esa cantidad.

“Yo protestaba y les decía que la demás gente también tenía que comer, pero ellos decían que eso era solo para los chavistas y revolucionarios, que los de la oposición no tenían derecho a la comida de la revolución y que merecían morirse de hambre”, afirma Darío.

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Relata que en diciembre llegaron con camiones cargados de un jamón importado (equivalente a 1.000 pesos el kilo), le preguntaron por las familias chavistas registradas y solo les dejaron jamón para ellos. Él les reclamó que los demás también necesitaban comer, pero le dijeron que no se preocupara, "que si los opositores tenían hambre, que se fueran para Colombia".

Ya hace unos meses que dejó de ser el que repartía la comida en su comunidad y le dejó ese oficio a su segundo en la escala jerárquica, “también por seguridad, pues la gente (opositores) ya me hacía muchos reclamos porque no les daba comida, ya me había ganado muchos enemigos y de pronto me matan o le hacen algo a uno de mis hijos”, asegura.

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Y es que según Darío, la situación está tan polarizada en Venezuela que la vida no vale nada. “Matan a alguien y los del otro bando dicen era un hp chavista o un hp opositor, como si se hubiera muerto un animal”, cuenta.

También le “indigna” la prepotencia de las autoridades venezolanas (chavistas) o los militares, pues fue testigo de cómo se quedan con la mejor y gran parte de los alimentos y tienen la potestad de llegar a un supermercado “y mientras a los demás les venden un kilo de carne, ellos piden media res y se las venden sin problema”.

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Explica que la escasez de alimentos en el interior de Venezuela llegó a un punto de no retorno, pues así la gente tenga plata, no hay que comprar. “Tengo familiares y amigos que viven en Valencia o Caracas y me dicen que solo comen sopa de arroz, así sin un pedazo de carne o pollo y ni siquiera verduras. Y cuando llegan alimentos a un supermercado, tienen que hacer filas hasta de 12 horas para conseguir un kilo de azúcar o arroz”.

Por ejemplo, cuenta que hace un mes llegó azúcar y harina, pero no ha vuelto a llegar nada más. Esa es la explicación por la cual una ONG venezolana sacó la triste cifra de que el 75% de los venezolanos perdieron hasta 9 kilos de peso en el último año.

Pero además lo que se consume en el mercado negro llega desde Colombia a cuatro veces su precio de lo que se compra a este lado de la frontera, y no alcanza en un país en donde el salario mínimo apenas llega a los 35.000 pesos.

Asegura que come porque vive cerca a Colombia y es fácil pasar a comprar alimentos, como el domingo pasado que fue a Cúcuta y compró dos kilos de arroz, tres de pasta, dos de harina y no le alcanzó para el frasco de aceite de cocina. Su esposa afirma que llora cuando su hijo más pequeño de dos años le pide leche y no tiene ni líquida ni en polvo, o algunas veces no tiene plata para comprarla, así sea subsidiada en Venezuela.

La falta de empleo y la crisis económica llegó a tanto, que les tocó irse a vivir con sus hijos a la casa de los padres de Darío, en donde ya vive otra hermana suya, y entre todos comparten las penurias y la felicidad de ir encontrando lo poco que se consigue para comer y compartirlo.

Darío cree que la situación está a punto de explotar, no solo por la cantidad de muertos (unos 60) que han dejado las protestas que ya completan dos meses, sino por la escasez de alimentos, “que hasta un día ni los mismos dirigentes chavistas van a tener qué comer”.

Mientras tanto, por cuestión se seguridad, sigue siendo un chavista registrado, protestando por la situación para sí mismo, pero esperando las elecciones del 2019 para votar por la oposición o espera que pueda haber un cambio de gobierno lo más pronto posible porque “eso del socialismo es solo para la dirigencia, los militares y los comandos chavistas”.

* Nombre cambiado por razones de seguridad.

Pedro Vargas Núñez
Editor Portafolio.co

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