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La desigualdad, el otro tema que preocupa en Davos

Altos impuestos para los más ricos y la lucha contra los paraísos fiscales fueron algunas de las soluciones que se plantearon.

Joseph Stiglitz

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001.

EFE

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enero 19 de 2017 - 09:14 p.m.
2017-01-19

No deja de ser curioso que el evento que posiblemente reúne más magnates y directivos de las grandes compañías del mundo se preocupe por el tema de la desigualdad. Pero así es. Este jueves la reunión del Foro Económico Mundial en Davos le prestó atención al que muchos consideran uno de los problemas más difíciles de solucionar en el planeta.

Que la torta está mal repartida, es algo que no tiene discusión. La organización no gubernamental Oxfam señaló el lunes que los ocho billonarios de mayor chequera en el globo terráqueo tienen la misma riqueza que la mitad de la humanidad, compuesta por 3.600 millones de personas.

(Lea el especial: Todo sobre el Foro Económico Mundial 2017). 

La cifra puede sonar contradictoria cuando se tiene en cuenta que en los últimos años los indicadores sociales han mejorado en casi todas las latitudes. Para citar un caso concreto, en 1990 los países que integran las Naciones Unidas se fijaron como objetivo reducir la pobreza en el 2015 y la meta se alcanzó un lustro antes, en el 2010.

De acuerdo con el Banco Mundial, en el último cuarto de siglo cerca de 1.100 millones de personas han escapado de las garras de la miseria y la proporción de 10 por ciento de seres humanos en esa condición es la más baja desde que se llevan estadísticas. El dato más reciente es del 2013 y equivale a 767 millones de individuos.

No obstante, al mismo tiempo, la distribución del ingreso empeoró, comenzando por las economías más ricas y continuando con China, que a pesar de su ideología comunista ha visto alejarse los extremos entre los que tienen mucho y los que poseen poco. Esa disparidad explica en buena parte las críticas a la globalización, responsables a su vez del populismo que hace presencia en las sociedades más prósperas.

(El populismo preocupa en Davos). 

El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos o la victoria del ‘Brexit’ en el Reino Unido son exhibidos como demostración de que la inequidad repercute en la política y puede dar paso a escenarios que cuestionan el modelo de desarrollo que impera en occidente desde el final de la Segunda Guerra y que en los últimos tiempos comprende liberación comercial y menores barreras para los capitales.

La incertidumbre está al orden del día y ese no es un elemento propicio a la hora de hacer negocios.

Debido a ello, que Davos le meta el diente al asunto está justificado. Al respecto, los expertos reunidos para hablar del tema señalaron que el remedio es el mismo de siempre. “Impuestos a los que más dinero posean y gastos que apoyen a los que ganan menos: no hay otra fórmula”, señaló el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz.

En la práctica, lamentablemente, el asunto no es tan sencillo. Como las tarifas tributarias varían de país a país las multinacionales o las grandes fortunas buscan los regímenes más favorables. Apple es un caso emblemático, al usar a Irlanda para sus operaciones en Europa y pagar una tasa efectiva sobre sus utilidades que está muy por debajo de lo que en abstracto le correspondería.

Además, está el tema de los paraísos fiscales. Panamá, precisamente, pasó al tablero en Suiza en un panel sobre la idea de poner un gravamen global con el fin de evitar la ingeniería financiera que está en boga. En una intervención, la vicepresidenta del país vecino, Isabel de Saint Malo, insistió en que los excesos develados en la filtración de documentos de la firma Mossack Fonseca ya no tienen espacio legal en el istmo.

Al respecto, el secretario de la Ocde, Ángel Gurría, sostuvo que lo que funciona es la cooperación a la hora de intercambiar información. “En el 2008 había 30 convenios de este estilo y ahora contamos con unos 3.500”, afirmó el funcionario de la entidad multilateral.

Esa misma actitud es la que sirve para enfrentar la corrupción, como lo dijo el fiscal brasileño Rodrigo Janot.

El apoyo de Estados Unidos y Suiza acabó siendo definitivo para que se conocieran los sobornos pagados por Odebrecht en una docena de naciones.

A pesar de esa certeza, la gran ironía es que el propósito de trabajar por un mismo propósito funciona mejor si la globalización se profundiza. En cambio, si cada uno hace toldo aparte, los mismos excesos que causan el aumento de la desigualdad en el mundo pueden profundizarse.

Ricardo Ávila Pinto
Director Portafolio

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