La difícil encrucijada de la oposición venezolana

Después de las elecciones regionales en las que se impuso el oficialismo, las divisiones internas es lo que más preocupa a los analistas. Con la mayoría de las opciones parece perder.

Elecciones regionales Venezuela

Un grupo de personas votando el domingo pasado en Maracaibo para elegir a su gobernador.(Venezuela).

EFE

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octubre 21 de 2017 - 04:28 p.m.
2017-10-21

Casi todos los días, parece, la dictadura encubierta de Venezuela logra superarse a sí misma. Considere el fuerte respaldo que recibió en las elecciones regionales del pasado domingo el Gobierno, bajo cuya autoridad el país se ha enfrentado a la peor tasa de inflación del mundo, filas para conseguir alimentos por toda la nación y hospitales sin medicamentos.

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"Inconcebible. Absurdo. Increíble. Improbable", escribió Raúl Stolk en una mordaz columna para Caracas Chronicles, "pero no imposible".

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Convertir lo indignante en lo habitual ha sido una rutina para los guardianes de la República Bolivariana, que se han aferrado al poder incluso mientras llevaban al precipicio a la que en su momento fuera considerada la economía más rica de América Latina.

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Entonces, ¿por que la oposición democrática del país no ha podido convertir el ruinoso estado de las cosas en capital político y votar para sacar del gobierno a los irresponsables?

Es verdad que los opositores de Maduro son un grupo díscolo, dado a las disputas y con aires de superioridad, con poca claridad sobre que políticas o innovaciones van a defender si asumen el mando del país.

Sin embargo, los descontentos de la nación han trabajado arduamente durante los últimos dos años para reducir sus diferencias y responder a los ultrajes oficiales con impresionantes protestas callejeras, al tiempo que acataban el estado de derecho y buscaban el apoyo internacional desde Roma hasta Washington. "Las dos cosas más importantes que ha logrado la oposición son la unidad y el movilizar a la gente para ir a votar", me dijo Javier Corrales, politólogo de Amherst College. Esa dedicación será difícil de mantener.

A pesar de la gran caída en su popularidad y de que la economía esté en camino a un segundo año de contracción de dos dígitos, Maduro y sus partidarios han usado la fuerza o el artificio para neutralizar cada avance de la oposición. Si en los últimos meses, el gobierno ha criminalizado la disidencia y mirado hacia otro lado cuando matones paramilitares recorrían las calles para intimidar a los manifestantes que protestaban contra Maduro, últimamente sus intentos de inclinar la balanza política se han vuelto más intrincados, como puede verse en las irregularidades en el procedimiento de las elecciones del domingo pasado.

Pero la oposición también puede haberse hecho daño. Una minoría vociferante de disidentes llamo a los votantes a no acudir a las urnas. Eso puede explicar por qué la participación electoral fue aceptable, en torno al 61 por ciento, pero no abrumadora: el umbral que se desea para alimentar una rebelión democrática.

También se informó una escasez de observadores independientes, aunque eso pudo haberse debido a que fueron rechazados por los responsables oficiales. "La información es escasa, pero lo que está comenzando a aparecer es que quizás los partidos de la oposición no presentaron testigos suficientes en las mesas de votación", dijo David Smilde, experto en Venezuela de la Universidad Tulane. "Ese sería un nivel histórico de irresponsabilidad".

Distanciándose de los reclamos de fraude de la oposición, dos prominentes candidatos de la oposición admitieron la derrota ayer. La contundente victoria oficial en las elecciones difícilmente engaña a alguien. "La mayoría de la gente verá los resultados de estas elecciones por lo que son: el trabajo de un gobierno antidemocrático", dijo Corrales.

Después de un desconcertante silencio, los líderes de la oposición calificaron la votación de fraude -aunque no ofrecieron ninguna prueba solida- y exigieron en consecuencia la revisión de las papeletas de respaldo que también generan las máquinas de votación electrónicas en presencia de observadores internacionales.

La principal pregunta es que harán ahora los opositores al gobierno de Maduro. Aumentar las protestas callejeras, que ya se han cobrado la vida de 125 personas, podría provocar más violencia. Un boicot electoral sería un regalo para el gobierno, como aprendió la oposición en 2005, cuando los acólitos del entonces presidente Hugo Chávez se quedaron con el control del Congreso.

Sin embargo, si regresan a las urnas, los opositores del régimen se arriesgan a convertirse en los tontos útiles de Maduro. "Cualquiera sea la estrategia, será difícil vender la idea de retirarse de la votación otra vez", dijo Smilde. Por ahora, habrá examen de conciencia y, probablemente, algo de recriminaciones del lado de la oposición. "Habrá una repercusión entre quienes favorecen la participación en las elecciones e incluso más divisiones políticas entre las fuerzas de la oposición", dijo Oliver Stuenkel, experto en relaciones internacionales de la Fundación Getulio Vargas en Sao Paulo. "Creo que la gente subestimó la capacidad de Maduro de aferrarse al poder".

El mandato de Maduro termina en 2019 y, sin ningún alivio a la vista de lo que se ha descrito como la peor economía del mundo, las próximas elecciones presidenciales deberían ser las que perderá la oposición.

Pero esto es Venezuela, donde incluso los lideres irresponsables tienen una vida después de la muerte y los opositores deben convencer a sus filas de que ir a votar no es una pérdida de tiempo.

Mac Margolis
Bloomberg

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