La reforma tributaria de Trump

El mercado ya empieza a descontar el impulso económico que traerá el estímulo fiscal, aunque todavía quedan muchos interrogantes sobre sus limitaciones y consecuencias.

Donald Trump y tensión iraní

El impacto negativo que la reforma tendría en el déficit fiscal del país plantea serios interrogantes frente a su sostenibilidad de largo plazo.

Reuters

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Portafolio
diciembre 12 de 2017 - 09:35 p.m.
2017-12-12

Efecto Trump, segunda parte. Tras varios meses en los que vimos cómo se desvanecía el efecto positivo que tuvo Trump en los mercados financieros a finales del año pasado, vuelve a repetirse el mismo fenómeno tras el anuncio de “el mayor recorte de impuestos y paquete de reforma fiscal en la historia de los Estados Unidos”.

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Consecuentemente, el mercado comienza a descontar nuevamente el impulso económico que representaría dicho estímulo fiscal, reflejándose lo anterior en mayores tasas de interés, un dólar más fuerte y un aumento en los índices del mercado accionario.

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Es posible argumentar que la reforma fiscal de Trump tiene sentido. La tasa impositiva estatutaria corporativa de Estados Unidos es del 35%, siendo la más alta dentro de la OECD y reflejando una desventaja en competitividad para las empresas norteamericanas.

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La propuesta de Trump es bajar dicha tasa al 20%, lo que ubicaría a las empresas norteamericanas con una tasa inferior a la del promedio del grupo.

Un recorte en los impuestos de esta magnitud tendría un impacto sustancial en las utilidades de las empresas y podría impulsar el crecimiento económico, asumiendo que tendríamos un aumento en la inversión y que la reducción en los impuestos generaría un aumento en el consumo privado.

Lo anterior explica en gran medida la reacción del mercado ante el anuncio de la reforma y en particular el fuerte aumento que han tenido las acciones en los últimos meses.

Ahora, cabe aclarar que la diferencia entre la tasa impositiva de Estados Unidos y la de otros mercados desarrollados no es tan marcada como parecería. Si consideramos la tasa impositiva efectiva, es decir, la tasa que realmente terminan pagando las empresas después de deducciones, las empresas estadounidenses pagan una tasa del 24%, muy cerca del 21% que pagan en promedio las empresas de los países del G7.


Aun así, la noticia de una reducción de 15 puntos porcentuales en la tasa impositiva corporativa es muy relevante y el mercado la toma como tal. Además, la reforma no solo incluye una reducción en la tasa de las empresas sino que también modificaría la tributación de las personas naturales, factor que contribuye con un 40% del total de los ingresos del gobierno estadounidense.

La pregunta inmediata es: ¿cómo financiaría el gobierno de Trump los recursos que dejaría de recibir tras reducir la tasa impositiva? La respuesta del gobierno es que la reforma se pagaría por sí misma debido al impacto positivo que tendrá en el crecimiento económico.

Aunque esto es posible, es poco probable. Se estima que la reforma fiscal de Trump generaría un hueco de $1 trillón de dólares en las cuentas fiscales de EE.UU. debido a la reducción en el recaudo.

Considerando que el recaudo tributario en EE.UU. es cercano al 25% del PIB, para llenar el hueco generado por la reforma se necesitaría que la economía generara unos $4 trillones de dólares adicionales en producto interno bruto, lo cual equivale a un crecimiento del 20% durante los próximos años.

Asumiendo que Trump lograra que la economía crezca a una tasa constante del 3% (actualmente EE.UU. crece a una tasa del 2%), le tomaría unos 7 años lograr compensar el impacto negativo de la reforma.

Pero es muy difícil que Estados Unidos vuelva a tener las tasas de crecimiento que tuvo en décadas anteriores. Una de las principales razones es que las tendencias demográficas actuales afectan negativamente el crecimiento de la población estadounidense, variable que también se ve afectada por las restricciones que está imponiendo el gobierno a la inmigración.

Una economía que tiene limitaciones para crecer en su población solo puede crecer mediante aumentos en su productividad. Considerando que la productividad en EE.UU. crece a tasas inferiores al 1%, es casi imposible que el Gobierno logre compensar el recaudo que perdería reduciendo la tasa impositiva con un aumento sustancial en el crecimiento económico.

Al no poder financiar la reforma con mayor crecimiento económico, la alternativa es financiarla con deuda. Lo anterior implica que la reforma fiscal de Trump llevaría a Estados Unidos a aumentar significativamente su déficit fiscal, planteando dudas frente a la sostenibilidad de largo plazo de la misma.

A pesar de lo anterior, Trump logró que la reforma fuera aprobada por el congreso y solo faltaría que el Senado y la Cámara de Representantes se pongan de acuerdo en los detalles finales.

Lo anterior representa la primera gran victoria del gobierno Trump después de haber fracasado en sus intentos de modificar el Obamacare y las leyes de inmigración. Sin embargo, el estrecho margen por el que fue aprobada la reforma (51 vs 49 votos en el Senado y 227 vs 205 en la Cámara de Representantes) refleja la polarización política en EE.UU. y la falta de consenso en torno a las propuestas de Trump.

Además, la tasa de aprobación de su mandato es cada vez más baja (aunque se ha recuperado levemente en los últimos días tras el anuncio de la reforma) y esto inevitablemente afectará sus probabilidades de reelección y la sostenibilidad de sus políticas.

De esta forma, lo más probable es que el efecto Trump II tenga un impacto limitado. Lo anterior se refleja en la corrección que han tenido las variables económicas en las últimas semanas, en particular en la depreciación del dólar y en la reducción de las tasas de interés de largo plazo.

El impacto negativo que la reforma tendría en el déficit fiscal del país plantea serios interrogantes frente a su sostenibilidad en el largo plazo.

Eventualmente el mercado volverá a enfocarse en los fundamentales económicos y los precios de los activos corregirán para reflejar dicha realidad y preguntas más relevantes.
¿Cuánto tiempo más puede durar este periodo de expansión económica que ya es uno de los más largos de la historia? ¿Qué pasará con los precios de los activos financieros una vez los bancos centrales comiencen a desmontar sus paquetes de estímulo monetario? ¿Hay una burbuja en los activos financieros? ¿Hasta cuándo podrá China jalonar el crecimiento económico mundial? ¿Qué tan expuestos estamos a fenómenos geopolíticos como Corea del Norte, la inestabilidad de la Unión Europea o los conflictos en Oriente Medio? ¿Cuál será el detonante de la próxima crisis económica?

Mario Acosta
Gerente de Estrategia & Investigaciones Económicas de Ultraserfinco.

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