La rendición involuntaria de EE. UU. ante China

Las grandes compañías tecnológicas estadounidenses continúan siendo líderes mundiales, pero sus rivales están ganando terreno rápidamente.

Estados Unidos corre el riesgo de quedarse rezagado en los nuevos desarrollos.

Estados Unidos corre el riesgo de quedarse rezagado en los nuevos desarrollos.

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Portafolio
noviembre 24 de 2017 - 08:05 p.m.
2017-11-24

Hace sesenta años, Rusia conmocionó al mundo con el lanzamiento del satélite Sputnik. Donald Trump tenía 11 años. Esa exhibición de superioridad indujo a EE. UU. a superar lo gastado por la URSS en un impulso que produjo internet y el sistema de posicionamiento global (GPS, por sus siglas en inglés).

El actual ‘momento Sputnik’, en cambio, parece haber eludido al presidente estadounidense de 71 años. China planea dominar abiertamente la inteligencia artificial (IA) para el año 2030 y Trump parece estar ocupado tuiteando como para haberlo notado.

Sin embargo, las ambiciones de IA de China representan una mayor amenaza para la seguridad estadounidense a largo plazo que el alcance nuclear de Corea del Norte. A Pyongyang probablemente se le pueda contener con una garantizada aniquilación, pero no existe una barrera al objetivo de China de superar a EE. UU.

“Quien se convierta en el líder de la IA, se convertirá en el dirigente del mundo”, aseguró recientemente el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Su observación ocurrió después de que China anunciara que intentará emparejarse con EE. UU. antes de 2020, superarlo en 2025 y dominar el campo de la IA mundial cinco años más tarde.

Los principales tecnólogos estadounidenses creen que las ambiciones de China son plausibles. “Simplemente detente a pensar un segundo”, indicó Eric Schmidt, director Ejecutivo de Google, la semana pasada. A lo que agregó: “El Gobierno chino declaró eso”.

A diferencia del Sputnik, no hay una sola acción china que pueda comunicar la magnitud de la amenaza. Pero las señales de una tendencia son extremas para quienes quieran notarlas. El presidente Xi Jinping ha anunciado la superioridad de la IA de China como objetivo estratégico, mientras que Trump no ha dicho nada sobre sus ambiciones.

Pero su propuesta de presupuesto lo dice todo. Él quiere recortar el financiamiento público estadounidense de los ‘sistemas inteligentes’ en un 11% y el gasto general en investigación y desarrollo (I+D) en casi un quinto. El presupuesto de la NASA también se reduciría.

Del mismo modo, Trump quiere dejar a la mitad la entrada de inmigrantes legales, lo cual afectaría la capacidad de EE. UU. de contratar a los investigadores más brillantes. Tendría mucho más sentido ofrecerles un permiso de residencia, pues los estudiantes chinos a menudo ganan los concursos de codificación de Google. “Si tienes algún tipo de prejuicio… de que, de alguna manera, su sistema educativo no va a producir el tipo de personas de las que estoy hablando, estás equivocado”, comentó Schmidt.

¿Es posible que EE. UU. pueda prevalecer a pesar de la miopía de Trump? Es bastante posible. Las grandes compañías tecnológicas estadounidenses continúan siendo líderes mundiales. Pero la brecha se está reduciendo y China tiene dos ventajas claves.

La primera es que, en comparación con EE. UU., una mayor parte de su economía está en línea. El 40% del comercio electrónico global se lleva a cabo dentro de China, principalmente a través de Alibaba, Tencent y Baidu, las tres grandes compañías tecnológicas chinas. Su capacidad para manipular enormes cantidades de datos enfrenta escasos límites legales.

Del mismo modo, su escala es abrumadora. La semana pasada, Tencent superó a Facebook al exceder una capitalización de mercado de US$500.000 millones. En algunas áreas, como en la de pagos en línea, el reconocimiento visual y el software de voz, China ya le lleva la delantera a sus contrapartes de Silicon Valley. Y se está emparejando con la conducción autónoma.

Casi todas estas tecnologías tienen aplicación militar, por lo que es fácil pensar en una guerra con un enjambre de drones.

La segunda ventaja es que el sector privado de China está unido al Gobierno. Eso podría parecer una desventaja a los libertarios, pero la gente tiene mala memoria. Así como Dwight Eisenhower financió el ascenso de Silicon Valley, Pekín está subsidiando el dominio chino de la tecnología de aprendizaje automático profundo.

Además, su sector digital es cada vez más autosuficiente. Con la excepción de los microprocesadores, campo en el que EE. UU. sigue liderando, la mayoría de las capacidades de China se desarrollan en el país. Este es cada vez menos vulnerable a las disrupciones en la cadena de suministro global, por lo que si surgiera una guerra comercial global, China podría seguir adelante, sin obstáculos, con su desarrollo de la inteligencia artificial.

Allí se encuentra la razón por la que China ha bloqueado a Google, a Facebook, a Twitter y a otras compañías tecnológicas.

Lo mismo se aplica a la tecnología espacial de China. El fin de semana pasado, John Hyten, el general a cargo de las armas nucleares estadounidenses, causó revuelo cuando declaró que él rechazaría una orden ‘ilegal’ del presidente.

Pero él simplemente estaba reiterando lo estipulado en los reglamentos. Más ominosos fueron sus comentarios acerca de los enormes avances chinos en materia de tecnología bélica del siglo XXI. Cuando alguien sugirió que la amenaza espacial de China era tan exagerada como la infame ‘brecha de los misiles’ con los soviéticos, Hyten declaró: “Lo que veo son acciones muy agresivas, tanto chinas como rusas, por construir una estructura de fuerza que podría enfrentarse a todas nuestras capacidades espaciales”.

Si quieres averiguar las prioridades de una nación, mira su presupuesto. La ambición principal de Trump es reducir la tasa del impuesto corporativo estadounidense al 20%.
Durante la época del presidente Eisenhower, la tasa impositiva marginal sobre los ingresos estaba por encima del 90%. Eso no impidió que el ingenio público y el privado aventajara a los soviéticos. Hoy en día, EE. UU. es el líder tecnológico mundial, pero, con Trump en la cabina de mando, puede que mañana sea muy diferente.

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