Macri apuesta por la infraestructura y la transparencia

El líder argentino corteja a los votantes con promesas de que los grandes gastos en construcción estarán libres de corrupción. 

Panamá Papers

"La corrupción nos preocupaba con la administración anterior y nos sigue preocupando ahora”.

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agosto 04 de 2017 - 07:24 p.m.
2017-08-04

El gobierno de Mauricio Macri ve un camino claro hacia la victoria en las elecciones de mitad de período en octubre a lo largo de los 600 km de rutas de autobús sin pavimentar en los extensos barrios marginales alrededor de Buenos Aires, la parte más pobre de Argentina y un bastión de Cristina Fernández de Kirchner, la expresidenta del país.

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“Cuando llueve, los autobuses no funcionan, y cuando está seco, viven en una nube de polvo”, asegura Guillermo Dietrich, el ministro de Transporte.

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Pero el nuevo Gobierno está pavimentando unos 220 kilómetros de carreteras en el área metropolitana de Buenos Aires.

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“Ahora, la gente tiene la esperanza de que estas calles se pavimentarán bien y que ellos ya no tendrán que depender de que haya buen tiempo para que sus hijos vayan a la escuela”, considera Dietrich.

Las elecciones de octubre se consideran cruciales para asegurar el éxito del programa de reforma económica de Macri. El presidente está tratando de cortejar a los votantes con enormes gastos en infraestructura, tras triplicarse el valor de los contratos licitados en el primer semestre del año en comparación con 2016. Los economistas indican que el gasto en infraestructura es la contribución más importante a la reactivación de la economía argentina.

Las cifras dadas a conocer esta semana mostraron que el crecimiento ajustado estacionalmente se situó en el 2,8% interanual en mayo, un alza en comparación con el 1,7% registrado en abril.

Pero la infraestructura ha sido una obstinada fuente de corrupción en el pasado y Macri también está tratando de convencer a los argentinos de que será diferente esta vez.

“Muchas empresas que se fueron a causa de la corrupción del pasado ahora están volviendo, porque hoy saben que hay una transparencia total”, destaca Dietrich, quien está a cargo del programa de infraestructura de US$33.000 millones, una cuarta parte de lo cual que él espera será financiada por el sector privado.

Macri está intentando hacer de la corrupción un tema central en las elecciones. “El Gobierno quiere que el debate sea acerca del pasado contra el futuro, de la corrupción contra la transparencia”, señala Julio Burdman, analista político. “Mientras tanto, la oposición quiere que el debate sea acerca de la economía”, añade, dada su lenta recuperación.

Según Burdman, los argentinos están más preocupados por la corrupción bajo la expresidenta y lideresa de facto de la oposición peronista, Cristina Fernández de Kirchner, que bajo Macri.

Muchos, incluso, sospechan que Fernández se ha postulado en estas elecciones para asegurar su inmunidad. Ella está acusada de utilizar a su amigo de la familia y socio de negocios Lázaro Báez, quien fue encarcelado el año pasado, para robar dinero de los proyectos de obras públicas. Ella niega haber cometido irregularidades.

No obstante, críticos del Gobierno se burlan de los intentos de Macri —hijo de uno de los hombres más ricos de Argentina, quien hizo su fortuna parcialmente de los contratos estatales— por encarnar una nueva era de buena ética empresarial.

“La corrupción nos preocupaba durante la etapa de la administración anterior, y lo cierto es que nos sigue preocupando ahora”, afirma Sebastián Pilo, codirector de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia.

Asimismo, deja claro que el sistema anterior, que carecía de transparencia, permanece prácticamente intacto.

El resultado de las elecciones depende de si Macri puede convencer a los argentinos que su ejecutivo realmente traerá el cambio que él promete, y no sólo en infraestructura.
Poliarquía, una encuestadora local, predice que la coalición gobernante será la que más crecerá en el Congreso, pero será incapaz de obtener una mayoría absoluta y, por lo tanto, ningún partido dominará la Cámara Baja.

No obstante, si Fernández es elegida senadora —lo cual Poliarquía considera ‘probable’— su presencia en la Cámara Alta fragmentaría la oposición peronista y retiraría su ya reducida mayoría operante.

“Parece que Cristina está de vuelta”, apunta un experimentado ejecutivo argentino, “pero nunca más volverá a ganar la presidencia”, concluye.

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