Trump lo 'intenta todo' con Corea del Norte

Las opciones van desde invitaciones para ir a cenar, hasta amenazas de guerra atómica. 

Donald Trump

El Presidente Donald Trump asegura que el EE. UU. está listo para la guerra.

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agosto 11 de 2017 - 08:07 p.m.
2017-08-11

Primero fue una hamburguesa; ahora es “fuego y furia como el mundo nunca ha visto”.
La retórica del presidente estadounidense Donald Trump es parte de una estrategia de ‘intentarlo todo’, en un esfuerzo por llevar a Corea del Norte a la mesa de negociaciones y convencer al Gobierno a renunciar a su programa de misiles nucleares que avanza rápidamente.

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Corea del Norte y EE. UU. están intercambiando amenazas cada vez más incendiarias. El país asiático, un estado autocrático, cuya ambición nuclear está consagrada en su constitución, afirmó el martes que estaba considerando atacar Guam, un pequeño territorio insular estadounidense al sur de Japón, después de los improperios de “fuego y furia”.

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Quizás peor, Trump puede haber dibujado una línea roja que tal vez lo obligue a actuar si Pyongyang no le presta atención a su advertencia, después de comprometerse a responder a “cualquier otra amenaza” desde Corea del Norte.

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En este sentido, ha aumentado la presión después de los informes de que Pyongyang había superado uno de los últimos retos tecnológicos en el diseño de misiles nucleares al miniaturizar una ojiva atómica. El avance se produce después de un número sin precedentes de pruebas y crecimiento en el alcance de los misiles en los dos últimos años.

A pesar de los esfuerzos para hacerla retroceder, el mes pasado Corea del Norte probó sus dos primeros misiles balísticos intercontinentales.

Los estrategas militares ya asumen que Corea del Norte podría alcanzar EE. UU., a pesar de que la opinión consensuada es que todavía no puede ensamblar todo para producir un complejo misil de largo alcance.

Aquellos que están familiarizados con el tema, dicen que Trump, quien hace tres meses dijo que se sentiría “honrado” de reunirse con Kim Jong-Un, el líder supremo, está indeciso con respecto a los consejos.

“Hay un grupo que cree que deberíamos empujar muy duro, hasta el punto de lanzar un ataque preventivo”, afirmó una persona familiarizada con el asunto, quien dijo que el segundo grupo prefiere proseguir las negociaciones, hasta ahora sin éxito. “El primer grupo va a ganar el argumento por defecto, salvo que el segundo grupo pueda llegar a la oficina de Trump y demostrar que tiene algo sustancial”, aseguró la persona.

“Nadie en la administración, incluyendo Trump, se preocupa por el cambio de régimen. Todo lo que les importa es la eliminación de la amenaza militar para EE. UU.”, añadió esta persona. “Ésta es una tremenda oportunidad para los norcoreanos”.

EE. UU. ha pasado meses intentando reunir una coalición internacional para ejercer ‘presión pacífica’ sobre Corea del Norte, tratado de aislar al país políticamente y económicamente mientras espera convencer a Kim de que él y su régimen paranoico pueden salir ilesos si se comprometen a la desnuclearización.

El pasado fin de semana, EE. UU. encabezó un esfuerzo exitoso de la ONU — para el cual obtuvo el apoyo ruso y chino a pesar de las difíciles relaciones con ambos países — para aprobar las sanciones económicas más fuertes hasta el momento que imponen una prohibición de la ONU sobre exportaciones clave y privan a Corea del Norte de un tercio de sus ingresos.

Un diplomático experto en Corea del Norte consideró que el país se había sentado a la mesa de negociaciones en el pasado sólo cuando enfrentó lo que consideró riesgos existenciales serios, citando las anteriores rondas de negociaciones después de momentos de alta tensión.

Kim mantiene mucho de su material nuclear en profundos escondites en montañas y su grandes arsenales convencionales, nucleares y bioquímicos podrían causar estragos entre la población de 10 millones de personas de Seúl, capital de Corea del Sur, que se encuentra a sólo 50 kilómetros al sur de la frontera.

Los militares han actualizado los complejos planes de guerra de EE. UU. cada año desde el final de la guerra de Corea en 1953, aunque Jim Mattis, el secretario de defensa, está entre los más altos funcionarios que argumentan que la guerra sería “catastrófica”. Pero, aunque una gran guerra posiblemente produciría millones de víctimas, Mattis ha dicho que EE. UU. podría enfrentar cualquier amenaza con “una fuerza eficaz y abrumadora”.

“Nuestro compromiso con la defensa de nuestros aliados, la República de Corea y Japón, sigue siendo férreo”, afirmó el funcionario de defensa.

Por su parte, Rex Tillerson, secretario de Estado del país, ha estado en Asia tratando de reunir apoyo regional para el enfoque estadounidense, mientras afirma que se niega a “pactar su camino hacia la mesa de negociación”. Pero le ha reiterado a Kim que él y su régimen no están en riesgo y ha dicho que Washington considerará las conversaciones siempre y cuando Pyongyang detenga sus lanzamientos de misiles, lo que sugiere que EE. UU. considera ese resultado “como la mejor señal que Corea del Norte podría darle”.

Los funcionarios de inteligencia a menudo describen al líder de Corea del Norte como un actor racional, quien calcula que aunque su programa nuclear ha reforzado su liderazgo, también sabe que detonar una bomba sería “un momento que acabaría con el régimen”, porque EE. UU. rápidamente destruiría los objetivos.

Pero Mike Pompeo, jefe de la Agencia Central de Inteligencia, quien dice que Trump le pregunta a diario acerca del país aspirante a potencia nuclear, pareció adoptar una línea más dura cuando indicó que sería bueno “separar” el régimen de las personas.

“Los norcoreanos deben darse cuenta de que si no le dan al segundo grupo algunas municiones — alguna indicación de que hay una ruta hacia las conversaciones — el primer grupo va a ganar y habrá un baño de sangre”, dejó claro la persona familiarizada con el asunto. “Lo cierto es que les toca a ellos decidir”.

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