Lula se fortalece a pesar de su condena por corrupción

Su pena a nueve años y medio de prisión en primera instancia por corrupción y lavado de dinero, maltrató su imagen a nivel mundial.

“El fiscal que anticipó su decisión de denunciar a Luiz Inácio Lula da Silva antes de escucharlo dio otra prueba de parcialidad al solicitar su detención preventiva”

Por más que intenten descalificar la figura de Lula, su influencia sólo aumenta.

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Internacional
POR:
Gloria Helena Rey
julio 25 de 2017 - 09:40 a.m.
2017-07-25

Lula espera que un tribunal superior defina esa sentencia y sigue luchando por regresar a la presidencia de Brasil en 2018, al tiempo que muchos analistas latinoamericanos están convencidos de que su condena, más que debilitarlo, lo fortalece políticamente, pues la vinculan a la feroz guerra desatada por las presidenciales de Brasil el año entrante.

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“Estamos en medio de una carnicería política entre la izquierda y la derecha brasileña donde vale absolutamente todo, y Lula, como cabeza principal y líder máximo de la primera fuerza, es el objetivo principal de la segunda, actualmente en el poder”, le dice a Portafolio el analista brasileño Marcio Gonçalves.

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Para él, Lula no es, ni mucho menos, un cadáver político. “La trompada jurídica lo tumbó a la lona, pero no lo mató. Hablar del fin de un sueño no es acertado pues el combate apenas comienza y, pese al golpe, Lula sigue conservando una popularidad que muchos envidiarían”, agrega.

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Lula, ícono indiscutible de la izquierda latinoamericana y global, fundó y comandó por tres décadas el Partido de los Trabajadores (PT), que lo llevó a la presidencia de Brasil en dos oportunidades y marcó un hito en la historia internacional, no sólo por lo que representó políticamente, sino porque personificó el triunfo de millones de brasileños humildes, pobres y sin futuro al llegar a la cima y hacer historia en Brasil y en el mundo.

“Por más que intenten descalificar la figura de Lula, por más que intenten condenarlo aún sin pruebas, su influencia y capacidad de convencimiento hacia los brasileños sólo aumenta”, afirmó Amir Sader en el diario La Jornada, de México.

Una encuesta de la revista brasileña ‘Veja’ sobre el futuro de Lula concluyó hace poco que un 14 por ciento de los encuestados considera que irá a la cárcel, y un 86 por ciento que será presidente de Brasil por tercera vez el año entrante.

“La historia brasileña sigue y Lula tendrá en ella siempre un rol fundamental. Como candidato, tiene todas las posibilidades de ganar de nuevo”, sostuvo Sader.

No obstante, la condena por corrupción empañó la imagen de quien ha sido un ícono de la izquierda y de los pueblos oprimidos de América Latina y del mundo.

Personalmente, no pude entender cómo alguien como Lula, que fue elegido, entre otras cosas, para combatir la añeja corrupción de la derecha en Brasil, fuera a caer en la misma zanja de podredumbre de los que combatió con tanto ahínco desde la tribuna por más de 20 años. Para mí, eso fue imperdonable.

Conocí a Lula a finales de 1980 cuando era obrero metalúrgico y se acababa de fundar el PT. Acompañé su trayectoria política de cerca; estuve en sus tres derrotas electorales por la presidencia de Brasil y en la victoria, cuando la asumió por primera vez en 2003.

Sin duda, armó un primer Gobierno con inteligencia y sabiduría, nombrando en los cargos más relevantes a los más capacitados y no a los más izquierdistas. Brasil creció y respiraba esperanza por todos sus poros pues, además, encabezó un Gobierno inclusivo, que tuvo en cuenta a millones de pobres y marginados, a los que favoreció con un abanico de programas sociales.

Lula convirtió al Gigante en un ejemplo, y se transformó en un líder político del que se enorgullecía hasta la derecha de América Latina y del mundo.

Entonces, ¿qué pasó? La fiscalía dice que hay pruebas contundentes de corrupción pasiva, de lavado de dinero y de que Lula debe ir a la cárcel, pero sus defensores sostienen que la condena en primera instancia se hizo sin pruebas, y vinculan lo sucedido con la guerra a muerte entre la izquierda y la derecha por la presidencia de Brasil del año entrante.

Aún más. Otros, como el analista Raúl Zibechi, ven tentáculos externos en todo este asunto. Para él, la condena de Lula “es el broche final de la ofensiva contra el proyecto de convertir a Brasil en una nación independiente de Estados Unidos y con proyección propia en el escenario regional y global.

Afirma también que la historia del proyecto ‘Brasil Potencia’ tiene más de medio siglo, se remonta al segundo Gobierno de Getulio Vargas (1951-1954) ya que el expresidente dejó constancia por escrito de eso, y de las presiones de Washington para frenar la independencia del país al escribir que “luché contra la expoliación de Brasil”, poco antes de pegarse un tiro en el corazón el 24 de agosto de 1954.

Sostiene que presiones similares de la potencia denunció después el expresidente Juscelino Kubitscheck (1956-1960), al tratar de frenar los intentos que buscaban que la industria brasileña pasara a manos extranjeras.

Recuerda que en los dos gobiernos de Lula se creó la Unasur y la Celac, sin presencia de Estados Unidos; que el país se convirtió en miembro destacado de los BRICS y que realizó enormes obras de infraestructura.

Para él, Vargas, Juscelino y Lula convergen en un punto: “trabajaron por un proyecto propio de gran potencia para Brasil y eso molestó a Estados Unidos. Subestimaron al imperio, probablemente, por confiar en la democracia”, afirma.

Independientemente de lo que pueda suceder con Lula, lo cierto del caso es que Brasil está en una de las mayores encrucijadas de su historia y cualquier cosa puede suceder.
Dentro de la misma derecha, el actual presidente, Michel Temer, es un cadáver político y la confianza popular, frente a tanta corruptela de la clase dirigente, parece tender a concentrarse de nuevo en Lula.

Ocho ministros del Gobierno Temer están bajo investigación del Supremo Tribunal Federal (STF) por sospecha de corrupción denunciada por dirigentes del grupo empresarial Odebrecht, y prácticamente toda la dirigencia política del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que Temer presidió entre 2001 y 2016, está detenida o bajo investigación penal.

Diversos analistas coinciden en que la derecha brasileña enfrenta dos desafíos: condenar a Lula a prisión y fortalecer más su imagen popular, o enfrentarlo como candidato a la presidencia en las elecciones del año entrante

“Cualquiera que sea el desenlace jurídico de los procesos en su contra, Lula seguirá siendo el personaje decisivo para el futuro de Brasil. Nada de importante sucederá en Brasil sin la presencia y la posición determinante de Lula, de tal forma su imagen es omnipresente en el país”, sentenció en un editorial el diario La Jornada de México.

Gloria Helena Rey
Especial para Portafolio