La mentalidad que divide a China y Estados Unidos

Ambos países tienen profundas diferencias en la forma como ven el mundo.

China tiene una visión más basada en la etnicidad de lo que significa ser ‘chino’.

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China tiene una visión más basada en la etnicidad de lo que significa ser ‘chino’.

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octubre 03 de 2015 - 12:08 a.m.
2015-10-03

Ambos países tienen una visión de ‘Reino del Medio’, convencidos de que su tierra es el centro de todo.

Los presidentes estadounidenses y chinos no saben hablar entre sí. Son como computadoras que ejecutan diferentes sistemas operativos. Esa fue la descripción que me dio una vez un funcionario estadounidense que ha visto muchas cumbres entre Estados Unidos y China de cerca.

Así, mientras que ambas partes hacen hincapié en que la reunión de hace unos días, entre los presidentes Xi Jinping y Barack Obama, fue constructiva, tengo mis dudas.

China y EE. UU. tienen formas profundamente diferentes de ver el mundo. Veo cinco grandes contrastes.

1. Cíclico vs. lineal

China tiene una historia muy larga. EE. UU. tiene una historia muy corta. Al señor Xi le gusta señalar que “China es una civilización antigua. Tenemos 5.000 años de historia”. Estados Unidos, por otra parte, tiene menos de 250 años de existencia. Esta diferencia de perspectiva tiene un efecto profundo en la forma en que los liderazgos de ambos países piensan sobre el mundo.

Por lo general, los chinos piensan en términos cíclicos, ya que la historia de su país se define por el ascenso y la caída de las dinastías. Las buenas rachas que son de larga duración son seguidas por períodos malos, que también pueden durar siglos. Por el contrario, desde 1776, EE. UU. ha tenido básicamente solo una dirección –hacia un mayor poder nacional y prosperidad personal. Los políticos estadounidenses tienden a pensar en la historia de una forma lineal y a creer en el progreso como el orden natural.

2. Universalismo vs. particularismo

El credo fundacional de EE. UU. es que “todos los hombres son creados iguales” y tienen los mismos derechos inalienables. A partir de este fluye la creencia americana instintiva en valores universales, como la libertad y la democracia –que deberían, idealmente, ser aplicados en todas partes. Los chinos, por el contrario, son particularistas. Ellos creen que lo que es correcto para China no es necesariamente adecuado para el mundo, y viceversa. Esta diferencia de mentalidad sustenta los contrastantes enfoques entre las dos naciones, en la intervención en conflictos y la protección de los derechos humanos.

3. Ideología vs. etnicidad

El estado estadounidense está construido alrededor de las ideas contenidas en la Declaración de Independencia y la Constitución. Millones de personas han adquirido la nacionalidad, viviendo en los EE. UU. y acogiendo esas ideas. Por el contrario, China tiene una visión más basada en la etnicidad de lo que significa ser ‘chino’. Si me mudara a EE. UU. podría llegar a ser “americano”, con bastante rapidez y mis hijos sin duda serían estadounidenses. No obstante, mudarme a China no me haría a mí ni a mis hijos chinos. Los dos países tienen diferentes suposiciones acerca de ideas cruciales como la nacionalidad, la ciudadanía y la inmigración.

4. Individualismo vs. comunidad

Los líderes de EE. UU. subrayan los derechos del individuo. Los líderes chinos enfatizan los intereses de la comunidad. En EE. UU., las ideas que el individuo necesita para estar protegido contra un estado superpoderoso están incorporadas en la Constitución y en la retórica política. En China, es más fácil argumentar que un Estado fuerte es la mejor garantía contra el “caos” que ha llevado, en el pasado, a la guerra civil y derramamiento de sangre. Muchos estadounidenses asumen que esta retórica china simplemente refleja el interés del Partido Comunista. Pero también tiene profundas raíces históricas. Los estadounidenses pueden rastrear su énfasis en los derechos individuales a la Guerra de la Independencia en el siglo XVIII. Por el contrario, subrayando la necesidad de un Estado fuerte, los líderes chinos se refieren sin timidez al período de ‘Estados Combatientes’, que comenzó en el año 476 AC.

5. Derechos vs. jerarquía

Diferentes actitudes hacia el liderazgo estatal contrastan los puntos de vista de lo que mantiene unida a la sociedad. EE. UU. hace hincapié en los derechos individuales y la ley. Pero a pesar de que ahora se habla de la necesidad de reforzar el “estado de derecho” en China, el Partido Comunista también está promoviendo la tradición confuciana, que hace énfasis en el sentido de la jerarquía y la obligación, como crucial para el buen funcionamiento de la sociedad. Una vez más, esto tiene implicaciones para las relaciones internacionales –ya que afecta la opinión de China de la relación adecuada entre los países grandes– como China y sus vecinos más pequeños.

El mero tamaño de China ha determinado siempre la forma en que ve el mundo exterior. Esta, por fin, es una gran similitud con EE. UU. Ambos países tienen una especie de mentalidad de ‘Reino del Medio’. Un historiador describe la idea como “la extraordinaria convicción del pueblo chino de que su tierra es el centro de todo”. Esta convicción se vio sacudida, un poco, por el “siglo de humillación” que comenzó en la década de 1840, cuando Europa y los imperialistas japoneses derrotaron a China en batalla. Pero al haber resurgido, China vuelve a ser acusada de regresar a una mentalidad de ‘Reino del Medio’, sobre todo en su relación con el resto de Asia.

EE. UU., por su parte, se ha acostumbrado a su papel como la única superpotencia del mundo. La política exterior estadounidense todavía se basa en la creencia de que este país es el “poder indispensable” para garantizar el orden global. Los presidentes estadounidenses, al igual que los emperadores chinos de la antigüedad, están acostumbrados a recibir homenajes extravagantes de los extranjeros.

Es reconfortante saber que hay por lo menos un aspecto en el que China y EE. UU. son muy similares. El problema es que mientras ambos países pueden considerarse a sí mismos como el ‘Reino del Medio’, no pueden ambos tener razón.

Financial Times