Países nórdicos cada vez menos generosos con migrantes

Bajo la presión de partidos de extrema derecha o populistas hostiles a la inmigración, los gobiernos de Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia están recortando las prestaciones sociales de los recién llegados y endureciendo sus políticas de asilo.

Países nórdicos cada vez menos generosos con migrantes

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Países nórdicos cada vez menos generosos con migrantes

Internacional
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noviembre 08 de 2015 - 05:19 p.m.
2015-11-08

Los países nórdicos, un destino deseado por muchos migrantes, se están volviendo menos generosos con sus ayudas, para evitar un efecto llamada y desviar a los refugiados a otros lugares de Europa.

El objetivo, afirman, es preservar las finanzas públicas del Estado providencia y sobre todo no crear un efecto llamada.

"Parece que hay una cierta competición por no ofrecer las prestaciones sociales más generosas a los demandantes de asilo", constata Asle Toje, especialista noruego de relaciones internacionales. Dinamarca inició la tendencia reduciendo casi a la mitad, a 5.945 coronas (797 euros) la ayuda a un demandante de asilo sin hijos.

El país ha endurecido su política migratoria bajo la influencia del populista Partido del Pueblo Danés (DF), aliado indispensable del gobierno liberal, en minoría en el Parlamento. La medida parece haber surtido efecto, ya que en septiembre el número de demandas de asilo bajó ligeramente respecto al año anterior, mientras alcanzaban niveles récord en el resto de Europa.

Ahora, sirios, afganos y eritreos siguen llegando en masa a Dinamarca, pero sólo de paso, camino de países considerados más hospitalarios. "Muchos de ellos dicen que las condiciones son mucho mejores en otros países, como Suecia. Así que se van allí", se felicita Kristian Thulesen Dahl, líder del DF.

LOS PARTIDOS ANTIINMIGRACIÓN EN AUGE

Noruega y Finlandia, dirigidas ambas por gobiernos que incluyen partidos antiinmigración, siguieron la tendencia de reducir las prestaciones sociales, endurecer las condiciones de reagrupación familiar y de naturalización, y restringir los permisos indefinidos de residencia.

"Está claro que los países nórdicos tienen Estados providencia generosos, pero tenemos que preguntarnos si queremos compartirlo con aquellos que llegan", apunta el secretario de Estado noruego de Justicia, Jøran Kallmyr, del Partido del Progreso (derecha populista).

Máxime cuando el país, muy próspero gracias a sus reservas de hidrocarburos, no está seguro de poder mantener su tren de vida con la caída duradera de los precios del crudo. Incluso la muy liberal Suecia, que ha acogido al mayor número de demandantes de asilo por habitante (este año espera 190.000, dentro de una población de menos de 10 millones de habitantes) ha decidido mostrarse menos generosa.

El país, donde ha podido observarse el ascenso de otro partido ultraderechista (Demócratas de Suecia) pide ahora a sus socios europeos que se relocalice a los refugiados, y va a endurecer las condiciones de reagrupamiento familiar.

"Ya hemos observado una serie de incendios de origen criminal contra centros de acogida de refugiados en distintos puntos de Suecia, y a la gente le preocupa el coste de la inmigración", apunta el politólogo Magnus Hagevi.

CAMPAÑA DE DISUASIÓN 

Los países nórdicos también están tratando de disuadir recurriendo a la prensa local de los países de origen o de tránsito. En septiembre por ejemplo, Dinamarca compró espacios publicitarios en la prensa libanesa para desanimar a los refugiados sirios en busca de un país europeo de acogida. Noruega y Finlandia por su lado han transmitido el mensaje por Facebook, donde muchos refugiados se informan antes de elegir destino.

"Hay traficantes de seres humanos que difunden rumores en las redes sociales, para vender viajes haciendo creer que hay que irse ahora a Europa porque las fronteras están abiertas", indica el noruego Kallmyr. "Tenemos que corregir esos rumores (...) y explicar lo que les espera: ayudas reducidas, una reagrupación familiar difícil y muchas solicitudes insatisfechas".

El investigador Asle Toje se muestra circunspecto ante este razonamiento. "Los refugiados no vienen aquí principalmente para aprovecharse del Estado providencia. Huyen de países donde hay guerra, conflictos y miseria. Así que aunque se reduzcan las ayudas, no creo que haya necesariamente una bajada del número de demandas de asilo", explica.

AFP