'A países que son capaces de dialogar les va mejor'

Luis Alberto Moreno, presidente reelecto del BID, habló con EL TIEMPO sobre los retos de la economía de América Latina.

'A países que son capaces de dialogar les va mejor'

EFE

'A países que son capaces de dialogar les va mejor'

Internacional
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septiembre 21 de 2015 - 05:02 p.m.
2015-09-21

El lunes 14 de septiembre, con el respaldo de todos los países presentes en una asamblea de carácter extraordinario en Washington, Luis Alberto Moreno fue reelegido para otro periodo de cinco años al frente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Como presidente de la institución desde 2005, el exministro y exembajador de Colombia ha adelantado ambiciosas reformas, que incluyen nuevas áreas temáticas, reorganización interna y más préstamos para la región: el promedio de créditos anuales aprobados pasó de menos de 7.000 a casi 14.000 millones de dólares en un lustro y medio.

Ahora, en medio de una notoria desaceleración en crecimiento económico en América Latina y el Caribe, la entidad se apresta a nuevos desafíos. Uno de los muchos es la conformación de una entidad que financiará al sector privado y comenzará con un capital superior a 2.000 millones de dólares.

Sobre este y otros temas, Moreno habló con EL TIEMPO.

¿Cómo recibe esta nueva elección?

Con mucha alegría. La interpreto como el respaldo a la gestión de un equipo que ha sido fundamental para impulsar al BID a enfrentar nuevos desafíos y respaldar mejor a los países de América Latina y el Caribe.

La situación de la región no es la más boyante…

Es verdad. El crecimiento es mucho más lento ahora, sobre todo por un cambio en el contexto externo. Los más golpeados son los países exportadores de materias primas, principalmente en Suramérica y que se enfrentan a un par de años duros.

¿De quién es la culpa de esa situación?

Es difícil ponerlo en esos términos, pero sin duda el frenazo que ha tenido la economía de China es lo que más influye sobre las cotizaciones de diferentes productos básicos, desde el petróleo hasta la soya, pasando por el cobre o el carbón. Al mismo tiempo, el planeta tampoco recupera el ritmo de antes.

¿Por qué?

De un lado, la crisis que estalló en 2008 todavía pesa. Estados Unidos pudo recuperarse, pero la posibilidad de que suba sus tasas de interés es motivo de mucho nerviosismo. Europa está en negro, pero todavía le falta mucho para normalizarse. Además, este tema migratorio le crea nuevas presiones. Y los chinos no han logrado hacer del todo la transición de una economía que creció gracias al comercio internacional a una que se base en el consumo interno.

¿Qué va a pasar con los precios de productos como el petróleo?

Nadie lo sabe a ciencia cierta. Por ahora hay una baja en las cotizaciones, que es cíclica y cuya duración es imposible de predecir. Con respecto al petróleo, hay un exceso de oferta en el mundo. Hasta que eso no termine, no veremos al barril subiendo de valor.

¿Nos gastamos la plata de la lotería?

Hay casos de casos. Ciertos países se prepararon mejor para las 'vacas flacas' e hicieron inversiones en infraestructura o educación que les van a servir mucho a mejorar su competitividad. Otros tomaron menos precauciones, pese a que advertimos que este era un auge temporal.

Sus críticos dicen que usted se equivocó cuando dijo que esta era la década de América Latina…

Esa es una simplificación que hacen quienes no leyeron lo que dije. Lo que sostuve en su momento era que había que aprovechar el viento a favor para hacer reformas y mejorar nuestra productividad, que consiste en hacer más que otros con los mismos recursos. Señalé hasta el cansancio que lo peor que nos podía pasar era la autocomplacencia y dejar para mañana lo que se podía hacer hoy. Unos me oyeron y otros no.

¿Pecó de optimista?

No lo creo. Hablé de una oportunidad que fue aprovechada por muchos. Además, experimentamos un avance extraordinario en el campo social. Unas 70 millones de personas salieron de la pobreza entre 2002 y 2012, y el tamaño de la clase media aumentó mucho. Tan solo en Colombia, esta pasó del 16 al 31 por ciento de la población, según el Banco Mundial.

¿Y ahora esos avances están en riesgo?

Parcialmente, si los Gobiernos se quedan con los brazos cruzados. Aquí sí que hay que recordar ese famoso dicho que afirma que “una crisis es una oportunidad demasiado grande como para desaprovecharla”.

¿A qué se refiere?

A que no se puede perder la voluntad de hacer la tarea. Nuestros sistemas tributarios son inadecuados e inequitativos, la educación es de mala calidad, el acceso al sistema financiero todavía es bajo, la infraestructura necesita mejorar, el mercado laboral es poco flexible y la justicia, poco eficaz. En todos esos campos y en varios más hay que hacer reformas que obviamente se deben ajustar a las realidades nacionales.

Pero eso suena difícil…

Nadie dice que sea fácil. Pero si no nos tomamos la medicina, será imposible mejorarnos. Sacar adelante los cambios requiere liderazgo, que es lo que cualquier ciudadano espera de sus gobernantes. La otra opción es quedarse de brazos cruzados, pensando que esto se arregla solo.

Los gobernantes son menos populares ahora…

Cierto, pero eso no se puede entender como una invitación a perder la iniciativa. En estas circunstancias, lo que la gente quiere es que le digan la verdad y le presenten fórmulas. Lo que más deslegitima a cualquier gobernante es la falta de transparencia y de propuestas.

En su discurso dijo que la democracia no pasa por un momento estelar…

Así es. Hay situaciones que me generan preocupación, entre otras razones porque deterioran mucho el clima de los negocios. Pero también veo casos que me dan esperanza. Lo que viene de suceder en Guatemala es la demostración de que hay un poder ciudadano que no se puede desconocer. Por eso hablé también de los indicios de una primavera que tienen que encauzarse bien.

¿Qué opinión le merece la situación en la frontera entre Colombia y Venezuela?

Es algo que lamento mucho. Creo que a los colombianos siempre nos ha movido el tener buenas relaciones binacionales. Lamentablemente, cuando eso no ocurre, quienes pagan los platos rotos son los habitantes de la zona fronteriza.

¿Cuál es su consejo?

Seguir intentando la vía de la diplomacia. Al mismo tiempo, usar esta situación para trabajar en temas de desarrollo fronterizo, una asignatura en la que venimos fallando desde hace tiempo, comenzando por Cúcuta, que en más de una ocasión no hemos tenido en cuenta, pero también pensando en Paraguachón, Arauca o Puerto Carreño. De lo que se trata es de ocupar el espacio para que no le quede espacio a la ilegalidad.

¿Sigue de cerca lo que pasa en el país?

En mi discurso señalé que salí hace 17 años, pero que nunca me he ido. Siempre estoy pendiente de lo que pasa allá.

¿Y cómo nos ve?

En lo económico, es indudable que el cambio de viento nos ha golpeado. Aun así, la economía colombiana es la que mejor crece en la región, y eso no es poca cosa. Además, creo que se ha hecho un ajuste importante, y el Gobierno está decidido a mantener la rienda corta en materia de gasto. El Ministro de Hacienda tiene un alto prestigio, que considero merecido.

¿Qué rescata?

Tenemos la fortuna de contar con un plan de infraestructura muy ambicioso, que apenas está comenzando. Ese sector es la locomotora que nos va a permitir cerrar una brecha inmensa en el tema vial y además tirar de otros renglones.

La devaluación del peso ha sido muy fuerte…

Es innegable, pero el dólar a 1.850 pesos no era sostenible en el largo plazo. Era absurdo que ciertas cosas costaran menos en un país desarrollado que en Colombia. Ahora quedamos en ‘nuestra plata’, como dice la expresión. Y aunque eso le pega a la capacidad que tenemos de comprar cosas importadas, no es del todo malo. Espero que eso nos sirva para tener una economía más diversificada y que tanto la industria como la agricultura se recuperen, para que así generen más empleo.

¿Cómo evalúa el proceso de paz?

Se ha tomado su tiempo, pero cada vez veo más probable que termine con un acuerdo. Dicho lo anterior, a partir de ahí comienza un trabajo inmenso que tomará años de esfuerzos. Pero eso no es lo que más preocupa.

¿Qué es lo que le preocupa?

Para comenzar, pienso que la agenda nacional no puede estar supeditada a lo que pasa en Cuba. Es incuestionable que acabar con el conflicto interno es algo que nos conviene a todos, pues mejora el clima de inversión y ahorra recursos que hoy se destinan a la seguridad, además de evitar la pérdida de centenares de vidas anuales. Pero las reformas en múltiples áreas tienen que avanzar cuanto antes.

¿Y qué más?

Que la polarización sigue, y eso nos hace mucho daño. Más de uno me ha escuchado decir que no solo necesitamos un pacto en La Habana, sino uno en Bogotá. Es increíble que no podamos ponernos de acuerdo en los temas grandes como la mejora en la educación o la disminución de la desigualdad, por la falta de visión, enemistades personales y rencillas políticas.

¿Se refiere a Juan Manuel Santos y a Álvaro Uribe?

También. A ambos los conozco bien y para ellos solo tengo palabras de agradecimiento. Doy fe de todo lo que aman a Colombia y aspiro a que se puedan entender en reformas que beneficien a las próximas generaciones. Pero también me refiero a los empresarios o los académicos. No podemos seguir como perros y gatos, mientras la gente exige que la justicia o la salud funcionen y que la inseguridad disminuya. En el BID he aprendido que a los países que son capaces de construir consensos son a los que mejor les va.

¿Por qué los empresarios?

Porque tienen velas en este entierro. Me impresiona que el nivel de pesimismo que encuentro cuando voy es mayor del que uno espera, sobre todo por parte de un sector privado al que le ha ido muy bien en lo que va de este siglo y que sería el primer ganador de un país más pacífico y con menores niveles de pobreza.

Respuestas como esa crean especulaciones sobre lo que piensa hacer cuando salga del BID…

Mis preocupaciones son mucho más inmediatas. Por ahora lo que me interesa es completar la tarea aquí en el banco, que es bien intensa. Se nos vienen toneladas de trabajo, no solo por los cambios que seguimos adelantando, sino por la coyuntura, que seguramente se va a expresar en mayores solicitudes de crédito. Honestamente no he pensado lo que voy a hacer después del 2020.

¿En qué temas se va a concentrar, entonces?

La agenda nuestra es muy amplia y se enmarca en la búsqueda del desarrollo social que beneficie a los más de 600 millones de latinoamericano que hoy existen. Mi propuesta es que nos fijemos más en tres asuntos: sostenibilidad, conocimiento abierto y la puesta en marcha de una entidad autónoma que se va a concentrar exclusivamente en operaciones con el sector privado.

A veces, en medio de los afanes se nos olvida pensar que nos estamos envejeciendo o que el cambio tecnológico apenas comienza, y en ese tren tenemos que montarnos.

¿Es optimista sobre la región?

Lo soy, porque creo que tenemos la posibilidad real de mejorar, como lo hicimos en estos años pasados. Sin embargo, esa mejoría hay que ganársela. La lista de cosas por hacer es inmensa. Toca comenzar cuanto antes.

Ricardo Ávila

Director de Portafolio