El papa no quiere más secretos financieros

La pregunta es si el Vaticano necesita tener su propio banco.

Las labores del papa Francisco para limpiar la imagen financiera del Vaticano han sido calificadas como ‘sísmicas’.

AFP

Las labores del papa Francisco para limpiar la imagen financiera del Vaticano han sido calificadas como ‘sísmicas’.

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junio 20 de 2014 - 12:40 a.m.
2014-06-20

Con el despido, la semana pasada en Roma, de toda la junta directiva de la entidad encargada de la regulación financiera del Vaticano (FIA), nadie tiene más dudas de que el papa Francisco está dispuesto a limpiar la que hasta ahora era considerada una de las instituciones más secretas.

Las primeras reacciones a la radical decisión fueron de sorpresa y aprobación. Una vez que la cortina de reputación respetable fuera abierta en el Banco del Vaticano para revelar escándalos de corrupción, lavado de dinero y malos manejos, las decisiones papales se han ido sucediendo inexorables.

Lo que no se sabía era hasta dónde estaba dispuesto a llegar. En todo caso, desde el comienzo la reforma del banco, que mueve activos superiores a los 8 mil millones de dólares, estaba entre sus prioridades.

En una columna publicada en la edición internacional del New York Times, Paul Valley, catedrático en ética pública y autor del libro Papa Francisco: Desatando los nudos, dice que se trata de una labor de limpieza profunda y que los cambios que el papa Francisco está haciendo son “sísmicos”, y muestran “el carácter inflexible del hombre al que le gusta presentarse a sí mismo ante el mundo como un modelo de humildad”.

Otros analistas, sin embargo, no encuentran del todo loable lo que está ocurriendo.

En su labor de reforma, el papa ha contratado algunas de las agencias internacionales de consultoría financiera más importantes y los críticos lo acusan de “llenar el Vaticano de buitres capitalistas”, mientras insta a los líderes mundiales para acabar con el culto al dinero y la tiranía de la economía de mercado libre.

“El papa Francisco ha llenado el Vaticano con los defensores y practicantes de la misma avaricia inmoral que denuncia”, escribió el Daily Kos.

Esto es lo que sabemos hasta ahora:

Después de meses de luchas internas entre la vieja y la nueva guardia dentro de la FIA, que está a cargo de supervisar no solo el Banco del Vaticano sino las inmensas propiedades de la iglesia, los salarios y contratos, el papa les pidió la renuncia a los cinco miembros italianos de la junta y los reemplazó por un equipo de expertos financieros internacionales, con un especialista en la lucha contra lavado de dinero en los bancos suizos, a la cabeza.

Igualmente le dio jubilación anticipada a dos de los más altos funcionarios de larga data de la entidad y trajo un nuevo gerente comercial desde Australia, para imponer transparencia fiscal y disciplina en todos los departamentos del Vaticano.

“Él será el hombre de confianza del cardenal George Pell, el ex arzobispo de Sydney, un tradicionalista, pero también un fuerte crítico de la disfunción de la Curia bajo el último papado, y quien está a cargo de la nueva Secretaría de Economía creada por el papa Francisco en febrero”, de acuerdo a Vallely.

Entre los asesores externos contratados para hacerse cargo de los análisis y reformas está el Promontory Financial Group de Estados Unidos, a cargo de revisar las más de 19.000 cuentas del banco y que ha encontrado toda clase de irregularidades, documentación y supervisión inadecuadas.

Al parecer cuando les pidieron explicación a los clérigos encargados la respuesta fue: “Respondemos ante Dios”. Hasta ahora han cerrado 1.600 cuentas.

“La firma internacional Ernst & Young está escudriñando patrimonio inmobiliario del Vaticano. KPMG está actualizando los sistemas de contabilidad para ajustarlos a las normas internacionales. La empresa global McKinsey está reformando el manejo de los medios de comunicación incluyendo televisión, radio y prensa, y Deloitte está asesorando en la gestión”.

Entonces, la pregunta es si el Vaticano necesita tener su propio banco. Hasta ahora la historia que Vallely recuenta sobre la entidad es bastante turbia.

En los años 80 el Banco del Vaticano estuvo implicado en el colapso del Banco Ambrosiano, cuyo presidente fue encontrado colgando de un puente en Londres, en lo que al parecer fue un asesinato disfrazado de suicidio.

El arzobispo Paul Marcinkus quien fuera presidente del Banco del Vaticano fue acusado de complicidad en la quiebra fraudulenta.

En la década de los 70, el Vaticano utilizó el banco para financiar las misiones anticomunistas encubiertas en América Central. Diez años más tarde el papa Juan Pablo II lo usó para canalizar dinero para el movimiento polaco Solidaridad.

Las autoridades monetarias de la Unión Europea encontraron faltas en el cumplimiento de 7 de las 16 regulaciones centrales contra el lavado de dinero por parte del banco y muchos otros bancos se han distanciado lo más posible para evitar untarse del aroma de corrupción.

Una de las alternativas en consideración es la creación de un banco central del Vaticano que controle más de cerca las transferencias al extranjero para eliminar la posibilidad de lavado de dinero y para combatir el abuso de cuentas para evadir el fisco italiano.

Según Vallely, establecer control de las caóticas finanzas del Vaticano es solo el comienzo en la labor de aseo profundo necesario dentro de la Iglesia Católica.

Cecilia Rodríguez
Especial para Portafolio
Luxemburgo

 

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