El poder pasó a manteles en Davos

Lally Weimouth, del Washington Post, convocó a la cita en el hotel Seehof, donde quedó claro que en la reunión anual del Foro Económico Mundial, a veces se dice más en las reuniones informales que en los grandes encuentros.

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enero 24 de 2015 - 02:00 a.m.
2015-01-24

Es conocido que la reunión anual de Davos tiene fama de ser un espacio en el cual se juntan los poderosos del planeta. Y a decir verdad, ese prestigio está justificado.

Así quedó demostrado ayer durante un almuerzo en el hotel Seehof de la pequeña ciudad helvética. La convocante fue Lally Weimouth, del Washington Post, quien viaja por el planeta haciendo entrevistas y mantiene su vínculo con el periódico, a pesar que este es ahora propiedad del fundador de Amazon, Jeff Bezos.

En torno a un menú que incluía mozzarella de búfala con tomates San Marzano y de plato fuerte medallones de salmón en salsa de azafrán, acompañados de arroz y vegetales, se congregaron 150 personas de las más diversas disciplinas y nacionalidades. Muchos prefirieron el agua a los vinos locales y todos se fueron sin probar el postre, que era un trío de sorbetes de frutas frescas.

Pero lo que importaba era estar presente e intercambiar opiniones con los demás. Tal parece que esa fue la opinión de Jamie Dimon, el poderoso banquero que encabeza el banco de inversión JP Morgan Chase y ha chocado en más de una ocasión con los reguladores estadounidenses.

Igual habría sido el cálculo de Paul Kagame, el presidente de Ruanda, quien llegó al Foro Económico Mundial (FEM) con el fin de hablar de los atractivos de su país. Quizás en la misma categoría se encontraba Vitaly Klitschko, el alcalde de Kiev, la capital de Ucrania, quien no hace mucho fue campeón mundial de boxeo en la categoría de pesos pesados y cuya estatura no pasa desapercibida para nadie.

Mary Barra, que ha tenido que manejar problemas de marca mayor al frente de General Motors, también aceptó la invitación. En su mesa se encontraba el canciller de Canadá, John Baird, y unas mesas más allá, el exprimer ministro de Israel Shimon Peres.

Y la lista no se detiene ahí. Entre los latinoamericanos figuraban el presidente de Pemex, Emilio Lozoya Austin, quien pudo cruzar palabras con el gurú petrolero Daniel Yergin. Un poco más allá estaba el columnista del Financial Times Martin Wolf, que discrepó cordialmente del exsecretario del Tesoro de Barack Obama, Larry Summers, sobre el efecto de la política que acaba de adoptar el Banco Central Europeo.

La situación en Egipto fue fuente de cierta discusión, mientras que lo que puede pasar en el Medio Oriente despertó múltiples opiniones.

Todo por cuenta de la habilidad de Weimouth a la hora de pasar el micrófono, quien no dudó a la hora de hablar bien de Colombia y expresó su confianza en que el proceso de paz que se adelanta con las Farc llegue a feliz término.

Tales fueron algunas de las instantáneas de un almuerzo en el que en menos de dos horas los asistentes intercambiaron tarjetas, hablaron de conocidos comunes y se hicieron preguntas sobre sus respectivos países. Al final de la cita quedó en claro que no todo en Davos son reuniones formales y que en las informales muchas veces se dice más… y se come mejor.

DESIGUALDAD OBSTACULIZA EL CRECIMIENTO

La excesiva desigualdad de ingresos, reflejada en el dato reciente de que las 80 personas más ricas del mundo controlan el 50% de la riqueza global, es un obstáculo para el crecimiento económico sostenible, dijeron ayer economistas y activistas en Davos, e incluso la directora del FMI, Christine Lagarde, en un debate.

Lagarde explicó que “las políticas redistributivas no son contraproducentes para el crecimiento", una idea que hasta hace poco "no formaba parte del pensamiento convencional”.

Ricardo Ávila Pinto

Director de Portafolio

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