Perspectiva del mundo de la élite china

Para los líderes, los encantos de la democracia y el libre mercado se han perdido.

Presidente de China, Xi Jinping

El presidente de China, Xi Jinping, ha establecido unas directrices para su gobierno basadas en una mayor apertura económica, pero con un gobierno central fuerte.

EFE/How Hwee Young

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mayo 04 de 2018 - 06:53 p.m.
2018-05-04

¿Cómo ve la élite gobernante china el mundo? El fin de semana, participé en un diálogo entre un grupo de académicos y periodistas extranjeros, y altos funcionarios, académicos y empresarios chinos, organizado por el Centro Académico para la Práctica y el Pensamiento Económicos Chinos de la Universidad de Tsinghua.

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La discusión fue más franca que cualquiera en la que haya participado durante los 25 años que llevo visitando China. A continuación se encuentran siete proposiciones que nuestros interlocutores nos presentaron.

China necesita un fuerte Gobierno central. Esta idea concordaba con la noción de que China es, en aspectos importantes, una sociedad dividida: un participante incluso comentó que a 500 millones de chinos les encantan las reformas de Deng Xiaoping, mientras que 900 millones favorecen la visión del mundo de Mao Zedong.

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Otro señaló el hecho de que el Gobierno gasta sólo el 11% del total de todos los niveles gubernamentales y emplea a solamente el 4% de todos los funcionarios públicos. Otros enfatizaron que China es un país en desarrollo con enormes retos.

La conclusión a la que llegaron los participantes fue que el Partido Comunista de China, con unos 90 millones de miembros, es esencial para la unidad nacional. Sin embargo, la corrupción y las luchas entre facciones han amenazado la legitimidad del partido.

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Un alto funcionario incluso afirmó que Xi Jinping “ha salvado el partido, el país y el ejército”. Esta perspectiva también justifica la suspensión de los límites del mandato presidencial, lo cual, se subrayó, no significa el gobierno perpetuo de un solo hombre.
Los modelos occidentales están desacreditados. Los chinos han desarrollado un sistema estatal dirigido por una élite tecnocrática de altamente educados burócratas bajo el control del partido. Éste es el antiguo sistema imperial de China en una modalidad moderna. La atracción que la democracia de estilo occidental y el capitalismo de libre mercado pudo haber ejercido sobre esta élite ahora se ha marchitado.

Los participantes hicieron hincapié en el hecho de que los Estados occidentales no invirtieron en sus activos físicos o humanos; en la deficiente calidad de muchos de sus líderes electos; y en la inestabilidad de sus economías. Un participante agregó que “el 90% de las democracias creadas después de la caída de la Unión Soviética ahora han fracasado”. No se debe correr este riesgo.

Todo esto ha incrementado la confianza en el singular modelo de China. Sin embargo, no significa un retorno a una economía controlada. Por el contrario, como lo comentó un participante, “creemos en el papel fundamental del mercado en la asignación de recursos.

Pero el Gobierno necesita desempeñar un papel decisivo ya que crea el marco para el mercado. El Gobierno debería promover el emprendimiento y proteger la economía privada”.

Un participante incluso insistió en que la nueva idea de un “líder central” pudiera conducir a un gobierno fuerte y a la libertad económica.

China no quiere gobernar el mundo. Este sentimiento fue recurrente. Sus problemas internos son, en opinión de los participantes, demasiado grandes para tener tal ambición. En cualquier caso, el país no tiene una calculada visión de qué hacer. Pero, como lo indicó un alto legislador, en el contexto específico de las relaciones con EE. UU.: “Debemos cooperar para lidiar con los problemas compartidos”.

China está siendo atacada por EE. UU. Un participante sostuvo que “EE. UU. ahora ha disparado cuatro flechas contra China: en relación con el mar de China Meridional, con Taiwán, con el dalái lama y actualmente con el comercio”. Éste es un ataque sistemático. Y muchos anticipan que esta situación empeore. Eso no se debe a lo que China haya hecho, sino a que Estados Unidos ahora considera a China como una amenaza a su hegemonía económica y militar.

Los objetivos de EE. UU. en las negociaciones comerciales son incomprensibles. Las personas estrechamente vinculadas al proceso están desconcertadas tratando de esclarecer qué busca EE. UU.

¿Donald Trump realmente quiere un acuerdo, se preguntan, o es su objetivo simplemente el conflicto? En cualquier caso, los altos funcionarios dicen que comprenden y aceptan la legitimidad (y el valor para China misma) de las demandas por una mejor protección de la propiedad intelectual. También entienden el argumento a favor de la liberalización unilateral, incluyendo los servicios financieros.

A China le gustaría, según lo sugirió un funcionario, hacer del programa “Hecho en China 2025” un “beneficio para todas las partes a nivel mundial”. Pero la actualización tecnológica no es negociable. Además, ¿cómo se espera que China reduzca el desequilibrio bilateral si EE. UU. impone severos controles sobre las exportaciones de bienes estratégicamente significativos y carece de la infraestructura para enviar carbón o petróleo de manera competitiva?

China sobrevivirá estos ataques. Los participantes chinos parecían bastante seguros de que su país podría superar las pruebas futuras. Uno señaló que China ya es un enorme país industrial. Su sector manufacturero es casi tan grande como los de EE. UU., Japón y Alemania juntos. El país cuenta con un gran número de personas capacitadas. La economía también es menos dependiente del comercio de lo que solía serlo.

Además, señaló otro, las empresas estadounidenses están extremadamente involucradas y son extremadamente dependientes de la economía china. El pueblo chino, subrayaron otros, probablemente sea más capaz de soportar privaciones que los estadounidenses.

Y los chinos también son muy resistentes a ser intimidados por el poder estadounidense. De hecho, los líderes chinos no podían ignorar la opinión pública al considerar concesiones. Pase lo que pase, insistieron algunos, el ascenso de China ahora es imparable.

Además, señalaron los participantes, aunque China no puede desafiar el dominio militar global estadounidense, no sucede lo mismo en el caso del Pacífico occidental, donde China es cada vez más potente. A más largo plazo, China desarrollará un ejército de “primera clase”.

Este año será revelador. China y EE. UU. tendrán una relación compleja y tensa a largo plazo. Pero, alguien comentó, “éste será un año de prueba. Si se encamina hacia la dirección correcta, todo saldrá bien; si se encamina hacia la incorrecta, será demoledor”.

El progreso realizado con Corea, área de cooperación china y estadounidense, podría ser un indicador de lo primero; la fricción en relación con el comercio presagia lo segundo. La dirección que se tome puede transformar el mundo.

Martin Wolf

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