¿Por qué los suizos deberían votar por la iniciativa Vollgeld?

Un replanteamiento radical del sistema financiero era necesario después de la devastadora crisis de hace una década.

UBS

La propuesta de esta regla, que los ciudadanos decidirán en referéndum, consiste en separar la seguridad que se le da al dinero, de la cobertura por operaciones de riesgo.

Bloomberg

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Portafolio
junio 08 de 2018 - 08:20 p.m.
2018-06-08

Un replanteamiento radical de cómo funciona el sistema financiero era, se pudiera haber pensado, esencial después de la devastadora crisis de hace una década. En cambio, el sistema fue remendado. Ahora, previsiblemente, la tendencia se está desplazando hacia la eliminación de gran parte de la regulación.

Es por eso que albergo la esperanza, a pesar de los resultados de las encuestas, que los suizos voten a favor de la propuesta Vollgeld en el referéndum del 10 de junio. Las finanzas necesitan un cambio. Y, para eso, se necesitan experimentos.

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Según una base de datos compilada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), entre 1970 y 2011 ocurrieron 147 crisis bancarias nacionales individuales. Estas crisis afectaron a países pequeños y pobres, como Guinea, y a países grandes y ricos, como Estados Unidos.

Además, estas crisis fueron colosalmente costosas en términos de producción perdida, de aumento de la deuda pública y, no menos importante, de credibilidad política. En sólo tres años desde 2007, las pérdidas acumuladas de producción, en relación con la tendencia, representaron el 31% del producto interno bruto (PIB) en EE. UU. En el Reino Unido, la reciente crisis impuso un costo fiscal sólo superado por la guerra napoleónica y por las dos guerras mundiales.

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Entonces, ¿cómo puede crear esta industria un caos de esta magnitud? ¿Y por qué se le permite hacerlo? Lo hace - y se le permite hacerlo - porque, como lo ha explicado el Banco de Inglaterra, los bancos crean dinero, el cual es un bien público esencial, como subproducto de sus préstamos, los cuales son un importante bien económico.

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Nosotros queremos que los bancos tengan activos riesgosos y pasivos seguros. Sin embargo, los pasivos de una institución con alto nivel de apalancamiento y de asunción de riesgos no pueden ser seguros e, inevitablemente, parecerán menos seguros durante una crisis. Pero es entonces cuando la gente quiere que su dinero - su reserva de poder adquisitivo en un mundo atemorizante - esté más seguro.

Peor aún, a menudo es más fácil para los bancos justificar prestar aún más justo cuando deberían prestar menos porque los préstamos crean auges de crédito y burbujas de precios de activos, particularmente en la propiedad.

La disposición del público de tratar los pasivos bancarios como ‘fuentes’ de poder adquisitivo seguro proporciona financiamiento estable, hasta que cunde el pánico.

Para reducir la probabilidad de que se genere el pánico, los gobiernos aseguran los depósitos bancarios, la liquidez e incluso la solvencia. Eso hace que las crisis sean más raras, pero de mayores proporciones. Las autoridades están, simultáneamente, apoyando a los bancos y controlando los excesos creados por el apoyo. Éste es un sistema diseñado para fracasar.

Hoy en día, los bancos están menos apalancados y mejor supervisados que antes de la crisis. En el Reino Unido, la banca minorista también está restringida. Sin embargo, los bancos están apalancados en una proporción aproximada de 20 a 1: si el valor de sus activos cae en un 5% o más, dicho banco se vuelve insolvente.

Entonces, una forma de hacer que los bancos fueran más seguros sería aumentar su capital social cuatro o cinco veces, tal como lo recomendaron Anat Admati y Martin Hellwig en su libro ‘El traje nuevo del banquero’.

Una forma alternativa de hacer que el sistema sea más seguro es despojar a los bancos del poder de crear dinero, convirtiendo sus depósitos líquidos en dinero ‘estatal’ o ‘soberano’.

Ésa es la idea respaldada por la iniciativa Vollgeld. Una forma alternativa de lograr el mismo resultado sería a través de un respaldo total - 100% - de los depósitos por los derechos ante el banco central, una idea propuesta en la década de 1930 por los economistas de la Escuela de Chicago favorecedores del mercado libre. El resto del sistema financiero estaría principalmente compuesto por la banca de inversión y por los fondos mutualistas.

La segunda estrategia dirige el riesgo hacia los inversionistas automáticamente. La primera alternativa pudiera requerir regulación, pero principalmente en el capital.

El cambio a un sistema como éste representaría, tal y como lo ha argumentado Thomas Jordan del Banco Nacional de Suiza, un miniterremoto. Además, la propuesta genera preguntas acerca de los propósitos a los que pudiera dedicarse el nuevo dinero soberano.

La posibilidad obvia es utilizar el dinero para financiar al gobierno. Para algunos, esta idea es altamente objetable: seguramente generaría enormes retos. Sin embargo, esos retos no son tan fundamentales como lo fue transferir la responsabilidad de un atributo central del Estado - la creación de una moneda sólida - a un conjunto favorecido de negocios privados en busca de obtener ganancias, coordinado por una institución gubernamental encargada de determinar los precios: el banco central.

En ninguna otra área económica se encuentra el poder público tan entrelazado con los intereses privados. La familiaridad con este arreglo no puede hacerlo menos indeseable. Tampoco lo puede hacer el familiarizarse con su desempeño.

Existen muchas otras ideas en esta amplia área que parecen dignas de ser exploradas. Una sería permitir que cada ciudadano tuviera una cuenta directamente en el banco central. Las razones tecnológicas para la existencia de las sucursales bancarias están, después de todo, pereciendo rápidamente.

Nicholas Gruen, un economista australiano, ha argumentado en distintas ocasiones que ninguna institución privada debería tener un mejor acceso al banco central público que el público mismo.

Además, él ha agregado que el banco central pudiera operar la política monetaria prestando libremente contra hipotecas seguras. El banco central, en este sentido, no necesitaría hacerles préstamos a los bancos en lo absoluto. Se enfocaría en los activos.

El punto fundamental aquí es que la carga de la prueba no debe estar en aquellos que favorecen el cambio. Después de una larga serie de enormes y destructivas crisis financieras y económicas, más bien recae en aquellos que apoyan el statu quo, incluso el modificado de la actualidad.

La ventaja de la propuesta que impulsa Vollgeld es que es un experimento creíble encaminado principalmente a separar la seguridad, que con razón se exige del dinero, de la cobertura de riesgo, esperada de los bancos privados.

Con el dinero inequívocamente seguro, sería mucho más fácil dejar que las instituciones que asumen riesgos sufrieran todas las consecuencias de sus fracasos. En la medida en que la quiebra siguiera siendo difícil, la regulación seguiría siendo necesaria, particularmente la del capital social. En el límite, como algunos argumentan, pudiera ser necesario poner fin a la intermediación financiera de riesgo.

La propuesta Vollgeld no es tan radical como esto. Sin embargo, pudiera resultar siendo una esclarecedora prueba de un mejor futuro posible para lo que ha sido, durante mucho tiempo, la industria más peligrosa del mundo. Esperemos que los suizos se atrevan a aprobarla.

Martin Wolf

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