Clinton y Trump: dos visiones opuestas de la economía

El candidato republicano ha prometido rebajar los impuestos y renegociar los TLC, la demócrata pide más supervisión financiera.

Clinton vs Trump

El próximo martes se conocerá quién será el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

AFP

Internacional
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noviembre 03 de 2016 - 07:40 p.m.
2016-11-03

La economía ha vuelto a ser uno de los elementos claves de la agitada campaña electoral entre la aspirante demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump, que chocan a la hora de valorar la recuperación en Estados Unidos tras la aguda crisis y con planes casi opuestos en materia impositiva y energética.

Para el republicano, la prueba de las fallidas políticas económicas del presidente Barack Obama, de quien Clinton, según considera, no es más que la “continuación”, se trata de la recuperación “más débil”, después de una crisis, de la historia de Estados Unidos. “La situación de la economía es desastrosa”, dijo Trump en Florida.

La economía estadounidense ha mantenido en los últimos años una tasa anual de crecimiento en torno a dos por ciento, y Trump promete doblar esa cifra “hasta cuatro por ciento o incluso más” de imponerse en las elecciones del próximo martes.

Si bien los economistas reconocen una lentitud poco habitual en la revitalización económica de Estados Unidos, también apuntan los avances en otros indicadores macroeconómicos como la tasa de desempleo, que se encuentra en cinco por ciento, en un rango cercano al pleno empleo y la mitad del tope registrado en los peores momentos de la crisis, en 2010.

Por su parte, Clinton celebra el recorrido realizado por Estados Unidos, especialmente tras la denominada ‘Gran Recesión’, como se conoce los años posteriores al estallido de la burbuja financiera de 2008, aunque reconoce que aún queda trayecto para devolver a la clase media a los niveles previos a la crisis.

Como recetas, la demócrata apuesta por aumentar los impuestos a las rentas más altas para financiar algunos de los grandes ejes de sus propuestas: realizar la mayor inversión en infraestructura desde la II Guerra Mundial, ofrecer acceso gratuito a la educación universitaria para las familias de bajos ingresos e impulsar la formación profesional.

Clinton no se cansa de enmarcar a Trump dentro de la teoría económica responsable de la creación y estallido de la crisis debido a su énfasis en la rebaja de impuestos para los ricos, la desregulación financiera y la falta de supervisión estatal. “Solo busca beneficiar a millonarios como él mismo”, subrayó la demócrata en un reciente mitin en Cleveland (Ohio).

Para el magnate neoyorquino, en cambio, el principal problema es el excesivo peso del gobierno federal a la hora de regular la actividad empresarial, como es el caso del énfasis en las fuentes energéticas renovables que lo que hacen es, a su juicio, ahogar la iniciativa empresarial.

Por eso quiere “cancelar los miles de millones en pagos a los programas de cambio climático de las Naciones Unidas” para respaldar proyectos domésticos.

Su objetivo es devolver el impulso a los sectores minero y siderúrgico en estados que se han visto afectados por la reconversión industrial y golpeados por la globalización, como es el caso del ‘cinturón de óxido’ de Ohio, Pensilvania, Indiana y Michigan y las cuencas del carbón de Kentucky, Virginia y Virginia Occidental.

Bajo el lema de ‘Volver a hacer a Estados Unidos grande de nuevo’, el republicano responsabilizó a la Administración Obama, de la que no se cansa de recordar que Clinton fue parte como secretaria de Estado, de destruir empleos estadounidenses y exportarlos al resto del mundo.

Asimismo, Trump ha atacado una y otra vez una de las principales instituciones estadounidenses que siempre han tratado de mantenerse lejos de la arena política, la Reserva Federal (Fed), ya que considera que su excesivo y prolongado estímulo monetario con los tipos de interés cercanos a cero están creando “una nueva burbuja financiera”.

Estas visiones, tan cercanas en ocasiones como el día y la noche, parecen solo tener un punto en común: el recelo ante los acuerdos comerciales internacionales y una inclinación al proteccionismo.

Tanto Trump como Clinton han prometido “retirar” a Estados Unidos del Tratado Comercial Transpacífico (TPP), firmado a comienzos de año por Obama y que engloba a 12 naciones de la cuenca del Pacífico. También aquí el republicano ha ido algo más lejos, y se ha comprometido a elevar las tarifas arancelarias para los productos procedentes de China y México, dos de los principales socios comerciales estadounidenses, y renegociar el acuerdo de libre comercio con México y Canadá.

Washington/EFE