¿Por qué la Reserva Federal (FED) se asusta con China?

La principal autoridad monetaria de Estados Unidos se plegó esta semana ante las dudas del nuevo escenario económico global, con el 'gigante' asiático mostrando sorprendentes síntomas de debilidad, y decidió aplazar el inicio del ajuste monetario en un gesto que añade sombras a una recuperación que nunca parece consolidarse.

Yellen insistió en las buenas perspectivas para la economía estadounidense, impulsada por el gasto de los consumidores.

EFE

Yellen insistió en las buenas perspectivas para la economía estadounidense, impulsada por el gasto de los consumidores.

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septiembre 20 de 2015 - 03:01 p.m.
2015-09-20

Después de meses preparando a los mercados sobre la inminencia del alza de tipos de interés de referencia en EEUU, la primera desde 2006, la Fed optó por no mover ficha y dejar los tipos en los niveles actuales de entre el 0 % y el 0,25 %, donde llevan desde 2008.

De hecho, en su comunicado sobre política monetaria a la conclusión de la reunión de dos días del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), el banco central estadounidense mencionó específicamente que "los acontecimientos globales económicos y financieros pueden frenar de algún modo la actividad económica y probablemente pongan mayores presiones a la baja sobre la inflación en el corto plazo".

La presidenta de la Fed, Janet Yellen, fue aún más lejos al apuntar directamente al gigante asiático. "Nos hemos concentrado principalmente en China y los mercados emergentes (...).

Los acontecimientos vistos en los mercados financieros en agosto reflejaron preocupación sobre riesgos a la baja en la actividad económica de China, y la destreza con la que las autoridades han encarado estas preocupaciones", dijo Yellen en la rueda de prensa posterior a la publicación del comunicado.

Para Jacob Kirkegaard, investigador del centro de estudios Peterson Institute for International Economics de Washington, los temores de la Fed no se centran solo en China, sino en sus efectos en el resto de los mercados emergentes.

"Nadie cree realmente que China vaya a sufrir una gran crisis, pero, incluso si no lo hace, las importaciones de materias primas bajarán notablemente, lo que dañará en gran medida a los mercados emergentes, que en los últimos años no han adoptado reformas y han vivido exclusivamente de los altos ingresos de las exportaciones a China".

Por tanto, agregó Kirkegaard, "China cuenta con significativas implicaciones para la economía global, aunque por sí misma no vaya a entrar en una crisis real".

En este contexto, no ha sido suficiente que los últimos datos macroeconómicos en EE. UU. hayan apuntalado la confianza en la mejoría de la economía nacional, con una tasa de desempleo del 5,1 % próxima al pleno empleo y una expansión de la actividad económica a una tasa anualizada del 3,7 % en el segundo trimestre del año.

Yellen insistió en las buenas perspectivas para la economía estadounidense, impulsada por el gasto de los consumidores, que supone casi dos tercios del producto interior bruto, pero matizó que es "necesario algo más de tiempo" para garantizar que la tendencia no ha cambiado al justificar mantener el precio del dinero en torno al 0%.

Coincidió con esta postura Larry Summers, ex secretario del Tesoro y profesor de Harvard, al señalar que "no es el momento de aplicar el freno" a la política monetaria en EEUU "hasta que no veamos claramente los ojos de la inflación", en un artículo publicado en el diario "The Washington Post".

Por su parte, los principales mercados internacionales se mostraron en desacuerdo y no recibieron con buenos ojos la decisión de la Fed, cerrando la jornada del viernes con pérdidas generalizadas.

El siguiente capítulo del drama monetario, "la decisión más relevante de la Fed en años", en palabras de Summers, tendrá lugar en la reunión del banco central que se celebrará el 27 y 28 de octubre.

Con información de agencias