Una charla con el economista al que Maduro quiere ver tras las rejas

El profesor de Harvard, Ricardo Hausmann, habla de la crisis venezolana y dice que a Trump le encantaría una política migratoria como la colombiana.

Ricardo Hausmann

Ricardo Hausmann, economista venezolano.

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noviembre 13 de 2016 - 04:23 p.m.
2016-11-13

Cuando a comienzos de noviembre Nicolás Maduro, en una intervención televisada, acusó al economista Ricardo Hausmann de ser el primer operador de una supuesta persecución financiera contra Venezuela, las reacciones no se hicieron esperar. Decenas de estudiantes y académicos expresaron su solidaridad con este profesor, para quien el inquilino del Palacio de Miraflores pidió un juicio, al igual que su requisición con “código rojo”, supuestamente por medio de la Interpol.

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No es la primera vez que el actual director del Centro para el Desarrollo Internacional de la prestigiosa Universidad de Harvard tiene un encontrón con la administración chavista, a la que responsabiliza de un enorme descalabro que ha empobrecido a la que fuera una de las naciones más ricas de América Latina. Desde hace rato, Hausmann viene señalando las falencias de un régimen que cree que sus dificultades tienen origen en una conspiración internacional.

Pero la verdad es que sus inquietudes intelectuales van mucho más allá. Su costumbre de decir las cosas en forma directa incluye a Estados Unidos y Colombia, como lo dejó en claro en la semana que termina cuando pasó por Medellín para asistir a la reunión de la Asociación Latinoamericana de Economistas, que tuvo lugar en la Universidad Eafit. Portafolio habló con él.

¿Cuál fue su reacción cuando supo de las declaraciones de Nicolás Maduro en las que lo acusaba de enemigo del régimen?

Esta es la tercera vez que me ataca. La primera fue en septiembre de 2014, por publicar un escrito en el cual proponía la moratoria en los pagos de la deuda externa. La segunda fue en octubre de 2015, cuando grabó ilegalmente y publicó una llamada mía en la que hablaba de pedir asistencia financiera al FMI. Y ahora, no sé de dónde, llegó esta amenaza de hacerme un proceso judicial.

¿Qué tan seria considera esa amenaza?

En lo personal no me inquieta. La diferencia es que esta vez tiene a mi cuñado Braulio Jatar preso desde el 3 de septiembre por divulgar el cacerolazo contra Maduro ocurrido el día anterior en isla Margarita. Mi preocupación no es por mí, sino por los más de 100 presos políticos que viven hoy las mismas condiciones inhumanas de prisión que él desea imponerme.

¿Por qué atacar a un académico?


Él cree que la razón por la cual a Venezuela no le prestan dinero es resultado de un complot, sin tener en cuenta que la deuda pública representa seis años de exportaciones, la proporción más alta del mundo. Para Maduro tampoco tiene que ver que tengamos un déficit fiscal gigantesco o una inflación de cuatro dígitos. Por eso se inventa estas teorías de la conspiración, para echarles la culpa a los demás de lo que es su responsabilidad.

¿Cómo se resumen los errores cometidos?


En toda sociedad las cosas que la gente necesita se consiguen porque otra gente las produce o las provee. Venezuela acabó con esa posibilidad a punta de controles. Esa forma de organizar la economía y acabar con el aparato productivo no produjo grandes traumatismos mientras era posible hacer importaciones.

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En 2012, cuando el barril de petróleo estaba en un precio promedio de 104 dólares, el Gobierno estaba gastando como si estuviera a 200 dólares. El faltante se financió con crédito, pero esa puerta eventualmente se cerró y después llegó la descolgada en las cotizaciones del crudo.

¿Cuál fue la consecuencia?

Las importaciones se fueron a pique y hay un colapso de la producción nacional. Como consecuencia, existe una verdadera crisis humanitaria de la que no se sabe más por la represión a los medios. El hambre, la escasez, la muerte de los niños en los hospitales pasan todos los días. La gente sobrevive vendiendo activos, pero si uno sale de su carro y se gasta el dinero, pues ya se queda sin qué más vender. Creo que la situación económica se está deteriorando y se va a seguir deteriorando.

¿Qué elementos tendría una cirugía de fondo que permita empezar a salir de la crisis?

Es necesario que a la sociedad se le restituyan sus derechos económicos, se unifique la tasa de cambio, se quiten los controles, se liberen los precios, se reestructure la deuda externa y se pida la ayuda financiera internacional. Para evitar más muertos, eso debe incluir ayuda humanitaria.

Cambiando de tema, ¿cómo analiza el triunfo de Donald Trump?

Lo que conocemos de su personalidad es que es alguien sumamente ignorante sobre cómo es el mundo y que no sabe de temas fundamentales de políticas públicas. Pensar que construyendo un muro o denunciando los tratados comerciales se resuelve un problema habla sobre su falta de conocimientos. Además, es alguien inseguro, impulsivo y mentiroso. Con esas características, solo le queda incumplir sus compromisos electorales, que son una locura tras otra, o los cumple y genera el caos.

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Eventualmente aprenderá, pero la curva de aprendizaje tendrá un costo fenomenal.

¿Está preocupado?

Mucho. Y los mercados, también. Me inquieta que alguna de las potencias quiera medirlo en una crisis, tal como hizo Kruschev con Kennedy en 1961. Por eso considero que viene un periodo de incertidumbre profunda para la economía mundial.

Pero Wall Street llegó a un máximo histórico el jueves...

Porque hay la idea de que el Banco de la Reserva Federal podría posponer un aumento de sus tasas de interés, combinado con la expectativa de un programa de mayor gasto público. Sin embargo, a los movimientos de corto plazo no vale la pena prestarles tanta atención.

¿Es esta una reacción contra la globalización?

Las personas actúan con base en creencias. Algo que han hecho los populistas es convencer a la gente de algo que no es verdad, tal como lo hizo Hitler en su momento. Por eso la reacción de los electorados no es contra la globalización, sino en contra de una narrativa de la globalización.

Las circunstancias externas oscurecen más las perspectivas de América Latina...

Es verdad que nada de esto es bueno para la región. Érase una vez que soñamos con un destino común de integración, y ahora el destino es la construcción de un muro.

En medio de esa perspectiva, ¿cómo se ve Colombia?

Me llama la atención la poca importancia que ha tenido en la discusión económica la preocupación sobre las exportaciones. Todos estamos sorprendidos con el hecho de que, a pesar de que el dólar pasó de 1.900 a 3.000 pesos, las exportaciones colombianas no reaccionaron. Eso quiere decir que hay problemas que se deben diagnosticar y atacar. Pero no veo una agenda concentrada en eso.

¿En qué nos ve concentrados?

En asuntos más externos, como ser parte de la Ocde, algo que implica un conjunto de tareas que son importantes para el país pero que no son críticas, en su mayoría, para atender los problemas de este momento.

Y el lío actual es que la economía tiene un gran déficit externo, por lo cual las exportaciones son definitivas para poder generar una dinámica positiva. Lamentablemente, veo poca disposición a mirar el asunto y seguir ejemplos de otros que han podido avanzar mucho, comenzando por Panamá, que experimenta un auge en materia de servicios. Su aeropuerto es un modelo.

¿Qué opción tenemos?

Hay que diversificar. Y lo que hemos aprendido es que las sociedades deben aprender a producir más cosas, y cuando uno no lo sabe consigue gente que se mude a su país. Es más fácil mover las cabezas que tienen el conocimiento que aprender desde cero.

¿A qué se refiere?


Voy a poner un ejemplo inobjetable. Nadie pone en duda que el auge que tuvo Colombia en su producción petrolera se dio por la llegada masiva de técnicos venezolanos que eran expertos en crudos pesados.

¿Hay que atraer talento?

Exactamente. Pero Colombia en materia de migración es casi un récord global. Según datos del Banco Mundial, la proporción de gente nacida en el exterior que hay en este país apenas llega al 0,2 por ciento del total, que es uno de los índices más bajos del planeta. Eso equivale a imponer un bloqueo al que aspiraría Donald Trump, que va a ser presidente de una nación en la cual el 13 por ciento de sus habitantes nacieron en otro sitio. Por cierto, en Canadá esa proporción es del 20 y en Australia, del 27 por ciento.

Al mismo tiempo tenemos una diáspora importante...

Así es. El Banco Mundial dice que hay 2,5 millones de colombianos viviendo fuera de su país y solamente 110.000 extranjeros en Colombia. Es decir, la relación es de 20 a uno, que es absurda. Y en el caso concreto de Venezuela, ese número llega a 650.000 colombianos, pero aquí hay solo 35.000 venezolanos, que es casi la misma relación.

Cuál es la explicación?


Siempre se ha dicho que la gente no quiere venir por los temas de violencia. Pero ahora estamos en una etapa en la que un gran número de venezolanos quieren instalarse aquí, y no se les permite. Había la visa Mercosur, que antes se entregaba con relativa flexibilidad y que ahora la Cancillería eliminó, argumentando la falta de reciprocidad, lo cual es absurdo pues, aparte de ser moralmente cuestionable, es económicamente un error, pues atenta contra los intereses de Colombia.

¿Por qué es un error?


Los estudios económicos más recientes muestran que la inmigración no reduce los salarios y no aumenta el desempleo. De hecho, ocasiona el efecto contrario porque los migrantes son complementos y no sustitutos de los trabajadores locales. Tristemente, aquí la reacción de la política pública es acentuar el cierre y expulsar venezolanos. Por eso no es casualidad que Colombia no se diversifique.

El 52 por ciento de las compañías que se crean en Silicon Valley son de extranjeros, la mitad de los profesores de Harvard somos extranjeros. Y en Colombia, una de cada 400 personas lo es. Así no se puede absorber el conocimiento y no se puede crear una sociedad moderna, que sea heterogénea.

¿Está seguro de que los parámetros son más estrechos ahora?

Totalmente. He visto correos de Migración Colombia en los cuales el argumento para rechazar una visa es la discrecionalidad. Eso quiere decir que el motivo es porque a un funcionario se le dio la gana.

¿Y Colombia se está disparando en el pie?

Totalmente. Es un síntoma de una enfermedad que es la que está detrás de la falta de diversidad social. Este país lo está pagando muy caro porque la experiencia muestra que el ánimo de emprender es mucho más elevado entre los inmigrantes que crean riqueza y aprovechan oportunidades. Lo reitero, a Trump le encantaría tener una política migratoria como la de Colombia.

¿De ese tamaño es la comparación?


Los colombianos no saben lo increíblemente cerrada que es su sociedad. Ustedes no se dan cuenta del gigantesco costo colectivo que eso implica.

RICARDO ÁVILA
Director de ‘Portafolio’
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto