Se cierne conflicto entre Estados Unidos y China en el Pacífico

Si Donald Trump se enfrenta al gobierno chino no podrá contar con el apoyo de los aliados.

Donald Trump

Aquellos que esperaban que Trump abandonara el proteccionismo después de ser elegido fueron rápidamente decepcionados.

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enero 20 de 2017 - 06:10 p.m.
2017-01-20

Las preguntas que rodean la relación de Donald Trump con Rusia son espeluznantes y apremiantes. Pero han servido como distracción de una historia más importante y peligrosa: las crecientes señales de que la administración de Trump se dirige hacia un enfrentamiento con China, que podría incluso ocasionar un conflicto militar.

(Lea: La toma de posesión de Donald Trump como presidente de EE. UU.). 

La última indicación salió a relucir la semana pasada en las audiencias de confirmación de Rex Tillerson, quien es el candidato de Trump a secretario de estado de Estados Unidos. Tillerson señaló un significativo endurecimiento en la actitud de Estados Unidos hacia las islas artificiales que Beijing ha estado construyendo en el mar de China Meridional.

Comparó el programa de construcción de islas a la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia y dijo que el gobierno de Trump tenía la intención de enviar una señal clara a Beijing de que “no se les permitirá el acceso a esas islas”.

Sonó como una amenaza de bloqueo estadounidense a las islas, en las que China ha estado construyendo instalaciones militares. China seguramente intentará irrumpir el bloqueo, por mar o aire. El escenario se prestaría para una versión moderna de la crisis de los misiles cubanos.

(‘China está preparada para tomar retaliaciones contra EE. UU.’). 

Los medios estatales de comunicación en China reaccionaron ferozmente a la declaración de Tillerson. El Global Times, un periódico nacionalista, advirtió de “una guerra a gran escala”, mientras que China Daily habló de una “devastadora confrontación entre China y Estados Unidos”.

Ciertamente, es posible que Tillerson haya ido más allá de lo que pretendía en su testimonio ante el Congreso. Su declaración parece contradecir la postura oficial de Estados Unidos: que su única preocupación es la libertad de navegación en el Pacífico y que no asume una postura sobre la soberanía de China sobre las islas.

Pero el testimonio de Tillerson no es la única indicación de que la administración de Trump busca una confrontación con China. Los cambios en la política de Estados Unidos sobre Taiwán y el comercio han girado en la misma dirección.

Desde 1979, cuando Estados Unidos y China normalizaron sus relaciones, Estados Unidos ha respetado la política de ‘Una sola China’ de Beijing, que insiste en que Taiwán es meramente una provincia rebelde.

Como resultado, ningún líder estadounidense ha hablado con un líder de Taiwán durante décadas. Pero en diciembre, Trump rompió con este precedente tomando una llamada telefónica del presidente Tsai Ing-wen de Taiwán.

Como es habitual con las sorpresas de Trump, algunos sugirieron que el presidente electo simplemente había cometido un error. Pero la semana pasada, Trump dio una entrevista en la que subrayó que su administración podría abandonar la política de ‘Una sola China’, a menos de que Beijing haga concesiones comerciales. Dado que China ha insistido repetidamente en que iniciaría una guerra en lugar de aceptar la independencia taiwanesa, ésta también es una política de alto riesgo.

Para Trump, el verdadero enfoque probablemente es el comercio. Durante la campaña electoral, sostuvo: “Tenemos un déficit de 500.000 millones de dólares con China. No podemos seguir permitiendo que China viole a nuestro país”.

Aquellos que esperaban que Trump abandonara el proteccionismo después de ser elegido fueron rápidamente decepcionados. Por el contrario, Peter Navarro, un conocido proteccionista y autor de un libro y película titulados ‘Death By China’ (Muerte por China), ha sido nombrado para dirigir el nuevo Consejo Nacional de Comercio, con sede en la Casa Blanca. Ya se habla de que Estados Unidos impondrá aranceles a los productos chinos y de un nuevo impuesto de importación.

Los tres factores -Taiwán, Tillerson y el comercio- sugieren que el Estados Unidos de Trump está inclinándose hacia una confrontación con China. Esto es aún más probable ya que China, bajo la presidencia de Xi Jinping, se ha movido en una dirección marcadamente más nacionalista.

En su discurso en Davos esta semana, Xi se presentó como la voz de la calma en el Pacífico. En realidad, China ha aumentado la presión militar, diplomática y económica sobre los aliados estadounidenses en Asia.

Países como Corea del Sur y Singapur se habían acostumbrado a la idea de que podían disfrutar de relaciones económicas muy estrechas con China, mientras gozaban de la protección de Estados Unidos. Pero eso puede estar cambiando. El gobierno chino ahora está amenazando con discriminar a las compañías surcoreanas a menos que el gobierno de Seúl revierta su decisión de desplegar un escudo antimisiles estadounidense en su territorio.

Singapur, mientras tanto, está bajo una creciente presión para romper los lazos con Taiwán, donde durante mucho tiempo sus tropas han llevado a cabo entrenamientos militares. China señaló su descontento confiscando algunos cargueros de tropas de Singapur, que estaban pasando por Hong Kong en camino a Taiwán.

La semana pasada, China envió un portaaviones a través del estrecho de Taiwán, lo que llevó a la fuerza aérea taiwanesa a preparar sus aviones de combate. A principios de la semana, las fuerzas aéreas japonesas y surcoreanas también fueron posicionadas para responder a maniobras chinas.

Hasta ahora no ha habido confrontaciones similares entre las marinas de Estados Unidos y China. Pero si Trump y Xi se aferran a sus posiciones actuales, puede ser sólo cuestión de tiempo.

Cualquier confrontación de este tipo planteará opciones agonizantes para los aliados de Estados Unidos en Asia y más allá. Durante los años de Obama, Estados Unidos podía contar con un discreto apoyo de sus socios en seguridad en Asia en cualquier enfrentamiento con China. Pero no hay ninguna certeza de que los tradicionales aliados de Estados Unidos estén dispuestos a alinearse con la errática, impredecible y proteccionista administración de Trump que parece estar activamente buscando una confrontación con Beijing.

Si el Estados Unidos de Trump se enfrenta con China, no puede dar por sentado el apoyo del resto del mundo.

Financial Times