Todo listo para la cita entre Trump y Kim

Ambos tratarán el martes de poner fin a un conflicto de casi 70 años.

Reunión Trump y Kim

A pesar del optimismo, los preparativos para la cumbre han sido un tira y afloja en el que ha vuelto a aflorar la desconfianza y la aversión entre ambas partes.

REUTERS/Ralph Orlowski

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junio 08 de 2018 - 08:20 p.m.
2018-06-08

Estados Unidos y Corea del Norte afrontan una histórica cumbre tras casi siete décadas de enemistad, durante las cuales se enfrentaron en una cruenta guerra y atravesaron fases de tensión máxima hasta muy recientemente.

Estas conflictivas relaciones tienen sus raíces en la división de la península de Corea y el nacimiento del régimen dinástico de los Kim en los albores de la guerra fría, acontecimientos que desembocaron en una contienda civil intercoreana (1950-1953) donde también intervinieron EE. UU., China y la URSS.

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Desde aquella guerra, considerada el primer “conflicto caliente” donde Washington y Moscú compitieron por imponerse en el nuevo orden mundial incipiente a mediados del siglo XX, EE. UU. y el Norte han intercambiado constantes amenazas y provocaciones que han hecho temer en varias ocasiones con un nuevo choque bélico.

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La fase más reciente de hostilidad coincidió con la llegada de Donald Trump, que marcó el inicio de una intensa actividad armamentística de Pyongyang. Contra todo pronóstico, los tambores de guerra dejaron paso a un proceso de acercamiento intercoreano impulsado por el presidente del Sur, Moon Jae-in, y facilitado por la disposición al diálogo de Kim Jong-un, y su suspensión de los ensayos nucleares y de misiles.

La histórica cumbre entre Norte y Sur del pasado abril allanó el camino para el encuentro previsto para el 12 de junio en Singapur entre Trump y Kim, al culminarse con un compromiso para la “completa desnuclearización” de Corea y para establecer la paz permanente en la península.

A pesar del optimismo, los preparativos para la cumbre han sido un tira y afloja en el que ha vuelto a aflorar la desconfianza y la aversión entre ambas partes, lo que por momentos dejó en el aire la celebración de la reunión.

Y es que el antagonismo con EE. UU. es parte del ADN norcoreano desde que las tropas estadounidenses intervinieron en la península en el verano de 1950 para frenar el rápido avance hacia el Sur por parte de fuerzas del Norte con el objetivo de reunificar el país.

El Ejército norcoreano, comandado por el fundador del país y abuelo del actual dictador, Kim Il-sung, recibió el respaldo de Moscú y Pekín en un sangriento conflicto contra las fuerzas estadounidenses. La contienda se prolongó durante tres años hasta suspenderse con un armisticio que no fue sustituido por un tratado de paz, y pese a sus devastadoras consecuencias humanitarias volvió a dejar la frontera fijada en torno al paralelo 38 y restableció el equilibrio de fuerzas entre los dos grandes bloques mundiales.

Para el hermético régimen, que nunca ha reconocido que comenzó la afrenta, las atrocidades bélicas de Estados Unidos siguen articulando su retórica y su propaganda anti-imperialista, mientras que el sueño de la reunificación continúa siendo uno de sus principios ideológicos. Según los historiadores, EE. UU. lanzó 635.000 toneladas de explosivos sobre Corea durante la guerra, una cantidad que supera a todas las bombas arrojadas en el Pacífico en la II Guerra Mundial.

Seúl/EFE

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