Trump crea caos con sus aranceles comerciales

La pregunta sigue siendo si otros países debieran contraatacar en represalia.

Exportaciones

EE.UU. ha justificado las restricciones al comercio en la ‘seguridad nacional’. AFP

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julio 13 de 2018 - 08:20 p.m.
2018-07-13

El líder del país más poderoso del mundo es un ignorante peligroso. Entonces, ¿cómo debiera responder el resto del mundo? Lo que hace que esta pregunta sea tan difícil de responder es que Donald Trump ha creado caos. Es muy difícil negociar con él porque nadie sabe lo que él y su equipo quieren.

Las acciones en materia de comercio y las intenciones anunciadas de la administración son, en este contexto, importantes en sí e indicativas de una disfunción más amplia. EE.UU. ya ha impuesto aranceles a las importaciones de paneles solares, de lavadoras, de acero y de aluminio. Si se agregan dos rondas de aranceles a China en virtud del artículo 301 de la Ley de Comercio de EEUU de 1974, el comercio afectado representa casi 7% de las importaciones estadounidenses.

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Si se incorpora la amenaza de represalias en contra de las represalias -las cuales pudieran afectar US$400 mil millones adicionales en importaciones desde China, así como la posibilidad de aranceles sobre US$275 mil millones de importaciones de automóviles y repuestos - el impacto total sería de alrededor de un tercio de las importaciones de bienes estadounidenses.

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La administración ha justificado las medidas ya vigentes sobre el acero y el aluminio haciendo referencia a la seguridad nacional. El mismo razonamiento se está utilizando en una investigación sobre las importaciones estadounidenses de automóviles. Los temores sobre ese abuso de las excepciones de seguridad son la razón por la cual las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) son restrictivas. Esas excepciones se enumeran en relación con las “materias fisionables”, o con el “tráfico de armas, municiones y material de guerra, y a todo comercio de otros artículos y material destinados directa o indirectamente a asegurar el abastecimiento de las fuerzas armadas”, o “aplicadas en tiempos de guerra o en caso de grave tensión internacional”.

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Las acciones estadounidenses en cuanto al acero, al aluminio y a los automóviles violan claramente las normas de la OMC. Pero si Canadá es una amenaza, ¿qué país no lo es? Si los automóviles representan un problema de seguridad, ¿qué no lo es? “La protección conducirá a una gran prosperidad y fortaleza”, dijo Trump en su discurso inaugural. Y, desgraciadamente, lo dijo en serio.

El fundamento para actuar en contra de China es más complicado. A veces, la acción parece tener la intención de obligar a China a eliminar sus superávits bilaterales con EE.UU. Algunas veces su objetivo parece ser detener su programa “Hecho en China 2025”. A veces parece tener la intención de remediar la transferencia de tecnología forzada. El primer objetivo es absurdo; el segundo no es negociable; el tercero es razonable, pero difícil de lograr.

Y, como si esto no fuera confuso, Larry Kudlow, el principal asesor económico de Trump, ha indicado que el presidente cree en un libre mercado, y que el objetivo es realmente eliminar los aranceles. De hecho, como un niño de dos años, Trump es un “disruptor” sin claros objetivos. Si él hubiera querido reequilibrar la relación con China, no se habría retirado del Acuerdo de Asociación Transpacífico y no habría agredido a sus propios aliados. Más bien habría confrontado a China con una poderosa coalición global.

La protección también tiende a extenderse debido a que los usuarios de insumos protegidos la pedirán, a que los sectores desprotegidos la exigirán y a que el comercio se desviará de los mercados protegidos. Las exportaciones de China, por ejemplo, cambiarán de los mercados estadounidenses a los de la Unión Europea (UE). La UE también pudiera sentirse obligada a actuar contra las importaciones. Entonces, ¿dónde pudiera terminar todo esto? Paul Krugman, experto en comercio, argumenta que si lo que está sucediendo se convirtiera en una guerra comercial generalizada, el comercio mundial pudiera reducirse en un 70%.

Sin embargo, es probable que la producción mundial no cayera en más de un 3%. Estos números se basan en los supuestos de los modelos de “equilibrio general computable”, los cuales ignoran la disrupción y la incertidumbre a medida que se reconfigura la estructura de la economía mundial. Tampoco toman en cuenta el dinamismo perdido conforme se reduce la competencia global.

Trump ha insistido en que “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”. El argumento de que un país con déficit “ganará” en una guerra comercial no es absurdo. En cualquier guerra de represalia, el otro bando se quedará sin municiones comerciales antes, porque sus importaciones son menores.

Pero las represalias pudieran extenderse más allá del comercio. Una vez que se toman en cuenta las represalias y el impacto de más altos aranceles sobre las tasas de cambio, es probable que el beneficio para la producción interna agregada sea mínimo. Todo economista sabe que la manera efectiva de reducir un déficit comercial en un país que está cerca del pleno empleo es una recesión. Es probable que ése no sea el objetivo de EE. UU., pero pudiera ser el resultado de la incertidumbre creada por sus políticas.

Quizás la pregunta más importante es cómo otros países debieran responder ante la agresión proveniente de la Casa Blanca. A Trump le gusta el conflicto. Él pudiera no responder a las represalias como lo haría una persona normal. Él incluso pudiera acoger el aumento de la protección que resultaría de una espiral de represalias.

A la misma vez, es probable que sólo las represalias puedan persuadirlo de cambiar de rumbo. Además, las perspectivas de una guerra comercial que se están acumulando pudieran simplemente impactar a las empresas estadounidenses de una manera que las lleve a tomar una acción efectiva. La decisión de hasta dónde llevar el ciclo de represalias, entonces, no es fácil.

Yo, personalmente, tomaría represalias, más porque la alternativa parece débil que por la creencia de que funcionaría. Otra cosa que el resto del mundo debiera hacer es fortalecer su cooperación. Pero lo más emocionante que pueden hacer otros países de altos ingresos es aceptar la oferta Trump de tener un comercio libre de aranceles. ¿Por qué no al menos ponerlo en evidencia? ¿Quién sabe? Pudiera incluso funcionar.

Martin Wolf

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