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Trump desafía el espíritu de cooperación internacional con mensaje de “EE.UU. primero”

¿Acaso este sombrío discurso en la asamblea de la ONU representa una doctrina de política exterior?

Donald Trump en la ONU

En contraste con los anteriores presidentes estadounidenses, Donald Trump descartó los llamados a la propagación mundial de la democracia en favor de un “despertar de las naciones”.

EFE

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septiembre 22 de 2017 - 06:45 p.m.
2017-09-22

Probablemente la ONU nunca había escuchado algo como el primer discurso de Donald Trump ante este organismo.

Fidel Castro habló durante horas y Nikita Khrushchev blandió su zapato. Pero ningún presidente estadounidense ha enviado un mensaje tan contradictorio a sus homólogos.

(Lea: Trump anuncia más sanciones para restringir el comercio con Corea del Norte

Funcionarios de la Casa Blanca habían informado que el Sr. Trump daría un discurso pragmático que reconciliaría sus valores de “EE.UU. primero” con un programa de cooperación internacional. Ese segundo objetivo parece haberse perdido en la traducción.

(Lea: Líderes se oponen al discurso de Trump)

La principal audiencia de Trump fue su base de apoyo doméstica. En contraste con los anteriores presidentes estadounidenses, descartó los llamados a la propagación mundial de la democracia en favor de un “despertar de las naciones”.

En cinco ocasiones, hizo un llamado a un mundo de “naciones fuertes y soberanas” en el que cada país debería velar primero por sus propios intereses. “Yo siempre voy a poner a EE.UU. primero, al igual que ustedes siempre deben poner a sus países primero”, dijo. Cada nación, dijo Trump, debe “seguir su propio destino”.

Luego vinieron sus casi declaraciones de guerra, sobre dos de las naciones más soberanas del mundo: Corea del Norte e Irán.

La primera, encabezada por Kim Jong Un, a quien Donald Trump apodó el “hombre cohete en una misión suicida”, enfrentaría la aniquilación a menos que accediera a renunciar a sus armas nucleares.

Irán, encabezado por un “régimen criminal”, también fue puesto sobre aviso.
Trump dio fuertes indicios de que sacaría unilateralmente a EE.UU. del acuerdo nuclear de seis naciones con Irán, el cual ha calificado de una “vergüenza para EE.UU”.
Trump también abogó por “un pleno restablecimiento de la democracia” en Venezuela y se comprometió a mantener las sanciones económicas contra Cuba. “Si los muchos justos no enfrentan a los pocos malvados, entonces el mal triunfará”, dijo Trump.

Fue uno de los discursos más sombríos que ha dado Trump. Pero, ¿acaso representa una doctrina de Trump en materia de política exterior?

El mundo se ha acostumbrado a la brecha entre la retórica mordaz de Trump y sus acciones menos duras. Pero había una tensión fundamental entre el mundo de naciones soberanas y transaccionales que Trump desea y sus llamados a la acción colectiva contra los estados rebeldes, los cuales denominó la “plaga de nuestro planeta”.

Trump no ofreció ninguna fórmula para decidir qué naciones eran plagas, y cuáles no. No hizo ninguna referencia, por ejemplo, a la limpieza étnica de musulmanes rohinyás en Birmania.

Trump “rechazó las amenazas a la soberanía de Ucrania y el Mar de la China Meridional”. Pero estas advertencias fueron ambivalentes. La única referencia de Donald Trump a Rusia por su nombre fue para agradecerle por haber votado para reforzar las sanciones de la ONU sobre Corea del Norte.

Es notable que ni Xi Jinping, el presidente de China, ni Vladimir Putin, de Rusia, asistieron este año la Asamblea de la ONU en Nueva York. (Putin estaba observando el ejercicio militar más grande de Rusia en años).

Asimismo, Angela Merkel, la canciller de Alemania, quien enfrenta una elección general el domingo, estuvo ausente. Merkel ha apoyado enérgicamente los valores occidentales que estuvieron notoriamente ausentes en el discurso de Trump.

Al igual que su discurso del “choque de civilizaciones” en Varsovia a principios de este año, el discurso de Trump ante la ONU fue escrito por Stephen Miller, un joven asistente quien es el responsable de la agenda “EEUU primero”.

A muchos de los aliados de EE.UU. se les ha garantizado que Trump está avanzando hacia una política exterior estadounidense más convencional, con la expulsión el mes pasado de Stephen Bannon, el ex estratega principal de Trump, como prueba de la normalización.

A juzgar por el discurso de Trump ante la ONU, no deberíamos deducir mucho de la salida de Bannon. 

Edward Luce
Columnista de Financial Times

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