Trump y la inminente crisis constitucional de EE. UU.

Mientras más profundamente indaga el abogado especial, más pánico siente el presidente.

El presidente Donald Trump (der.) acusa al fiscal Jeffrey Sessions (izq.) de ser laxo en las investigaciones a Hillary Clinton.

El presidente Donald Trump (der.) acusa al fiscal Jeffrey Sessions (izq.) de ser laxo en las investigaciones a Hillary Clinton.

EFE

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Portafolio
julio 28 de 2017 - 06:55 p.m.
2017-07-28

El ataque de agosto está listo para ser lanzado. Donald Trump se pregunta en voz alta si debe despedir a su fiscal general, Jeffrey Sessions. Viniendo del más alto nivel de la administración, tal especulación sólo puede resultar en la salida de Sessions.

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El presidente estadounidense también está reflexionando sobre quién lo librará del problemático abogado especial, Robert Mueller. Eso también debe culminar con la salida de Mueller. Ambos son una cuestión de tiempo. Mi corazonada es que será en agosto. Pero pudiera pasar en meses. O mañana.

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El punto es que Trump hará lo que sea necesario para bloquear la investigación. Su última escalada fue provocada por la decisión de Mueller de ampliar su investigación e incluir las transacciones financieras de la Organización Trump con Rusia. Los rumores de Washington han especulado que Vladimir Putin posee escandalosas grabaciones de Trump. La idea de tal “kompromat” (material comprometedor) pudiera despertar nuestra lascivia. Pero siempre pareció ser algo inverosímil. Por el contrario, sí existe causa de sobra para escudriñar la historia de Trump en cuanto a las relaciones comerciales con sus contrapartes rusas.

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Mientras más progresa el  Mueller, más pánico siente Trump. Sus reacciones delatan sus motivos. Ningún observador razonable podría concluir que Trump está dispuesto a abrir sus libros de contabilidad. Habiendo rechazado revelar sus declaraciones de impuestos, él arriesga una crisis constitucional al querer evitar que los agentes del orden público estadounidenses investiguen sus transacciones de negocios.

Las dos están obviamente conectadas. Tarde o temprano, los investigadores serios siempre terminan siguiéndole la pista al dinero. Si hay algo que caracteriza a Mueller es que es concienzudo. Y si hay algo que caracteriza a Trump es el ser despiadado.

Todo esto tan sólo puede resultar en una colisión. La cuestión es si la república estadounidense puede salir ilesa. Las comparaciones con Watergate son a menudo fáciles. Pero la “Masacre de la noche del sábado” de Richard Nixon en octubre de 1973 representa un paralelo demasiado relevante como para ignorarlo. Elliot Richardson, su fiscal general, renunció después de haberse negado a despedir al fiscal especial, Archibald Cox. Posteriormente, el vicefiscal general, William Ruckelshaus, renunció por la misma razón. Sólo en el tercer intento pudo Nixon encontrar un funcionario lo suficientemente flexible como para obedecer sus órdenes. Ese hombre fue Robert Bork.

Trump se enfrenta al mismo problema. Habiéndose recusado de todo lo relacionado con las investigaciones de Rusia, el  Sessions no tiene autoridad para despedir a Mueller. Pero también es poco probable que su vicefiscal, Rod Rosenstein, lo haga. Fue él quien nombró a Mueller después de haber despedido en mayo a James Comey, el jefe del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés). Trump está ocupado, por lo tanto, en difamar al Sessions y al  Rosenstein. Él está preparando a su base para la purga por venir. Podemos decir lo que sea de Trump, pero ciertamente es más fácil de interpretar que un semáforo.

Es en este punto en el que una crisis constitucional irrumpiría. Los padres fundadores de EE.UU. crearon un sistema basado en las leyes, no en los hombres. Pero es responsabilidad del pueblo mantener el sistema. En teoría, nada impide que  Trump haga lo que le venga en gana. La mayoría de los abogados constitucionales dicen que no se puede acusar a un presidente en ejercicio, incluso si ha repetidamente obstaculizado la justicia. En otras palabras, si Mueller fuera despedido, ningún tribunal lo reincorporaría. Lo mismo sucede en el caso de Sessions, y con cualquier otro funcionario en la cadena de mando que escoja Trump.

La máxima red de seguridad de la república estadounidense es la opinión pública. Hasta ahora la mayoría de los estadounidenses no están indignados por las investigaciones de Rusia. Es difícil culparlos. La gente en Washington está obsesionada con los dramáticos giros del día a día. Pero la mayoría de los estadounidenses comunes no tienen tiempo para absorber las interminables oleadas de detalles. ¿A quién le importa si  Sessions celebró reuniones no declaradas con el embajador ruso durante la campaña? La política es un juego sucio, y la gente que hace acusaciones generalmente no tiene una reputación impecable.

La otra red de seguridad es la destitución. A menos que la opinión pública se vuelque marcadamente en contra del Trump, es poco probable que un Congreso controlado por los republicanos haga algo al respecto. El Nixon no tenía donde ocultarse después de que se revelara que había grabado sus conversaciones en la Oficina Oval. La “Masacre de la noche del sábado” fue su último intento de impedir que las cintas de grabación cayeran en manos públicas. Fue sólo después de que fueran publicadas que un significativo número de republicanos se volvió en contra del  Nixon. Eso fue durante una época mucho menos partidista que la actual.

Irónicamente, una cosa que protege a Sessions es que él es más ‘Trumpiano’ que el mismo Trump. Durante los últimos meses, él ha estado ocupado poniendo en práctica el concepto de “EE.UU. Primero” mediante la intensificación de las deportaciones de inmigrantes ilegales. Esto le ha ganado amigos en medios como Breitbart News.

Es por eso que los ataques de Trump se centran en el fracaso de Sessions de procesar a Hillary Clinton. Trump necesita de su base para exigir el despido de Sessions debido a su supuesta suavidad hacia la “corrupta Hillary”. Como ya dije, las intenciones de Trump se pueden interpretar hasta con los ojos cerrados.

Edward Luce
Columnista de Financial Times

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