Turbulencias financieras en el extranjero siguen golpeando a Argentina

La principal garantía de sostenibilidad para la nación suramericana es el Fondo Monetario Internacional.

Buenos Aires, Argentina

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EFE

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agosto 20 de 2018 - 02:00 p.m.
2018-08-20

Argentina sigue haciendo frente a la "espada de Damocles" de la falta de confianza de los inversores en cada vencimiento de deuda, explicó a Efe el economista Víctor Beker, que aseguró que la reciente caída del peso es una nueva sacudida del "terremoto" de mayo que obligó al país a pedir un crédito al FMI.

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En lo que va de mes, la moneda argentina ha caído un 9,37 % frente al dólar -y un 61,37 % en el acumulado del año-, una tendencia que ha llevado al Banco Central a subir los tipos de interés hasta el 45 % para contener la hemorragia de cara a la millonaria emisión de deuda a un mes que tiene lugar mañana, ya que las dudas acerca de ésta habían redoblado la presión del mercado.

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Para Beker, director del Centro de Estudios de la Nueva Economía, de la Universidad de Belgrano de Buenos Aires, estas tensiones reflejan el principal problema de Argentina: tras haber decidido abrirse totalmente el movimiento de capitales, el país está "muy expuesto a los cambios de humor de los inversores".

En ese contexto, la nueva depreciación del peso es un "remezón" del "terremoto" que provocó la Reserva Federal hace tres meses, cuando al subir los tipos de interés actuó como una "aspiradora" de fondos de inversión, con unos activos que salen de aquellos países considerados de mayor riesgo, un grupo que actualmente encabezan Argentina y Turquía, uno de los detonantes en esta ocasión.

"Cuando Turquía estornuda, Argentina contrae gripe", sentenció el analista, para quien las turbulencias financieras ponen de relieve que "los inversores no creen que Argentina esté resolviendo sus problemas económicos". "A la primera señal de duda salen disparados tratando de retirar los fondos de Argentina, y el termómetro que mide esto es la demanda de dólares en el mercado cambiario", apuntó Beker.

La principal garantía de sostenibilidad para la nación suramericana es el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el que firmó un programa cuya viabilidad ha sido cuestionada incluso por técnicos de la institución, recordó el experto, lo que puede mover a cada vez más inversores a ver el acuerdo como "político" y de difícil cumplimiento. Beker, no obstante, opinó que por el momento los niveles de deuda externa "no son demasiado alarmantes", y no apreció un riesgo de impago en un futuro cercano.

Para este año, vaticinó un escenario de "estanflación", es decir, alta inflación y caída de la economía, esta última agravada por la estrategia del Banco Central,
que mantiene una política monetaria muy restrictiva, que contiene la inflación y el valor del peso pero supone un verdadero lastre para la actividad económica, y ya está teniendo consecuencias en indicadores como el consumo o el empleo.

El Ejecutivo inició el año con un objetivo de inflación del 15 % y confiado en un avance de la economía por encima del 2 %, mientras que, tras el desplome del peso de los últimos meses, ningún analista duda de que el avance de los precios superará ampliamente el 30 % y el PIB cerrará en números rojos.

Beker situó la salida de este bache en el primer semestre de 2019, en el que puede llegar una "leve recuperación" que se acentuaría en el segundo, lo que hará que "probablemente mejore la visión de Argentina".

El experto consideró que el factor determinante para propiciar esa reactivación es un aumento de las exportaciones de productos primarios, como soja o trigo, de los que Argentina depende en gran medida para conseguir dólares, y que este ejercicio registraron unas cifras muy negativas por las malas cosechas.

Beker bromeó al asegurar que la condición indispensable para esta recuperación es "que Dios se apiade de Argentina, y que no tengamos como este año primero sequía y después inundación", una referencia al clima que este 2018 agudizó la falta de divisas, un problema crónico en el país austral.

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