Venecia en la lista negra 

La ciudad podría perder el título de ‘Patrimonio de la Humanidad’.

Venecia

Archivo Portafolio.co

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POR:
Cecilia Rodríguez
junio 27 de 2017 - 03:25 p.m.
2017-06-27

Los venecianos no quieren vivir más en su ciudad. La población local de la famosísima zona italiana ha disminuido tanto en los últimos años, que Venecia podría perder el derecho a ser reconocida como tal y a seguir ostentando el título de ‘Patrimonio de la Humanidad’.

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Y a medida que sus habitantes disminuyen, los megacruceros siguen arrojando diariamente miles de turistas en sus estrechas calles y canales, empequeñeciendo el puerto y agravando los daños ambientales irreversibles en el frágil ecosistema de la ciudad y su laguna.

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Subpoblada de gente local y sobrecargada de visitantes, Venecia no sólo está por perder su estado sagrado, sino también prepara su entrada en la lista de sitios históricos ‘En Peligro’ –una categoría normalmente reservada para ruinas devastadas por la guerra y lugares dilapidados, en países del Tercer Mundo–.

La preocupación de la Unesco con los problemas de Venecia no es nada nueva. Italia Nostra, la principal agencia italiana de protección del patrimonio, dijo que por décadas, tales inquietudes “han sido respondidas con promesas vacías, pero no con propuestas concretas”.

El World Monument Fund incluyó a la ciudad en su lista de sitios que requieren vigilancia, debido a que “los cruceros a gran escala están empujando la ciudad al punto de una crisis ambiental y socavando la calidad de vida para su población”.

Ciudades como Venecia son el mejor ejemplo de la toxicidad del turismo masivo. Con menos de 54.500 habitantes, recibe más de 30 millones de visitantes al año. Solo durante el fin de semana de la Semana Mayor pasada, la ciudad fue tomada por 300.000 turistas de todas partes del mundo.

A la lista de males causados por esa diaria invasión, como la destrucción de sitios históricos, los habitantes, que han organizado numerosas protestas por años, agregan vandalismo, crimen, precios inflados de bienes raíces, gente orinando en las calles y bañándose en las fuentes históricas.

Durante el último verano, la ciudad estaba cubierta de volantes con un mensaje de los frustrados residentes: “¡Turistas vuelvan a sus casas!”

Cada año, aproximadamente 1.000 residentes abandonan la ciudad para irse a vivir en otro lugar del continente, exiliados por las rentas inaccesibles y la falta de protección oficial de los estragos del turismo.

Si la población cae por debajo de los 40.000 habitantes, Venecia ya no será una ciudad viable y viva”, advirtió Jonathan Keates, presidente de la organización Venice in Peril.

Para tratar de apaciguar a la Unesco y controlar el número de turistas, especialmente en las zonas más populares del norte, la urbe ha anunciado varias medidas como la instalación de contadores de personas en zonas de alto tráfico, campañas de publicidad para promover áreas menos conocidas y nuevos mapas destacando rutas alternativas e instalaciones –como áreas de picnic y baños para que los turistas no utilicen monumentos públicos para esos fines–.

Siguiendo el ejemplo de Barcelona, también afectada por el turismo masivo, limitará la cantidad de este tipo de alojamientos, con la esperanza de restringir el número de visitantes. La policía competente reforzará dichas iniciativas y reprimirá los hoteles y moteles no autorizados.

Muchos de los visitantes de cruceros, sin embargo, solo vienen por el día.

Igualmente, la ciudad ha establecido una política de ‘locales primero’ para sus autobuses acuáticos, conocidos como ‘vaporettos’, que transportan 70 millones de pasajeros al año. Cobra €6 más por boleto a los turistas y desde este mes, da prioridad a quienes tienen la tarjeta ‘Venezia Unica Oro’, demostrando que son ciudadanos.

Hasta ahora, los frustrados residentes del centro histórico han tenido que compartir
los ‘vaporettos’ con los turistas y sus maletas.

Para muchos –incluyendo Unesco, que ha estado presionando para una prohibición estricta de cruceros- todas esas medidas son meramente cosméticas y no responden a la necesidad de acciones más audaces para financiar e implementar esfuerzos serios de conservación.

Todos los expertos coinciden en que el mayor problema de la ciudad son los grandes cruceros que son atracados cada día en la laguna.

Tras esos inmensos barcos, hay enormes intereses económicos que son la verdadera razón que paraliza cualquier medida radical. Por eso, las autoridades les siguen dando la bienvenida. La asociación de cruceros de la ciudad dice que Venecia mantiene a toda la industria de cruceros del Adriático a flote y proporciona 5.000 empleos.

El Concejo ha rechazado propuestas para hacer un puerto rotante fuera de la entrada a la laguna y para cobrar tarifas de entrada a los sitios más populares. La titular del turismo de la ciudad, Paola Mar, dijo que, excepto para la Plaza San Marcos que es la mayor atracción de la ciudad, su oficina no aprobará cobrar la entrada a otros sitios.

La asociación de comerciantes también se opone a cualquier propuesta de cambio.

El Gobierno le ha pedido a la Unesco un indulto final, en un documento secreto que las autoridades no quieren abrir al escrutinio del público.

Para muchos, la situación ha llegado a un punto tan crítico, que la mejor opción –a pesar de la vergüenza internacional– sería que Venecia fuera incluida en la lista negra de la organización para que la ciudad se someta a supervisión internacional como única forma de asegurar su supervivencia.

Cecilia Rodríguez
Luxemburgo

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