Venezuela entró en incumplimiento y profundizó su crisis

Caracas debía US$420 millones en pagos de intereses de su deuda de unos US$60.000 millones.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.

Archivo particular

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Portafolio
noviembre 17 de 2017 - 08:20 p.m.
2017-11-17

Venezuela sufrió lo que se pronostica como el primero en un torrente de incumplimientos de su deuda de $US60.000 millones después de no haber efectuado varios pagos de intereses.

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El pasado lunes por la noche, el país no cumplió con el plazo para realizar pagos de intereses de US$200 millones de dos de los bonos del Gobierno, lo cual impulsó a S&P a declarar formalmente el primero de muchos incumplimientos. Caracas ya está retrasada en los pagos de intereses de US$420 millones en otros bonos, que también pronto caerán en mora, probablemente junto con PDVSA, la compañía petrolera estatal.

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Venezuela, un país rico en petróleo, logró pagar sus deudas durante mucho más tiempo de lo que pronosticaron muchos inversionistas después del colapso del precio del petróleo en 2014. Pero el presidente, Nicolás Maduro, finalmente admitió la derrota hace dos semanas, anunciando que el país tendría que “refinanciar y reestructurar” todas sus deudas externas.

Incluyendo los préstamos bilaterales y otros , éstos ascienden a más de US$150.000 millones, convirtiendo a este incumplimiento en uno de los más grandes de la historia.

Los precios de los bonos venezolanos habían comenzado a recuperarse del susto causado por el anuncio de reestructuración la semana pasada, pero retrocedieron para negociarse en unos centavos por dólar. Un bono de US$2.500 millones que vence en octubre del próximo año - uno de los que ya está en mora - perdió casi una quinta parte de su valor para llegar a 25,7 centavos por dólar.

La presión sobre el Gobierno socialista está creciendo después de que los inversores salieron de una reunión el lunes sin saber cómo superará sus desafíos financieros y después de que Europa impuso sanciones por abusos contra los derechos humanos.

A pesar de los llamados de algunos en América Latina a que se intensifiquen las sanciones para incluir prohibiciones de viaje y congelamiento de activos, así como un embargo a las exportaciones petroleras, Caracas no ha reaccionado ante el oprobio.

Maduro calificó a las sanciones de la UE como “estúpidas”. Tareck El Aissami, el vicepresidente, quien está bajo sanciones de EE. UU. por el presunto tráfico de drogas y fue el único funcionario del Gobierno que habló en la reunión de tenedores, no ofreció propuestas concretas para la reestructuración de la deuda.

En cambio, a los financieros se les ofrecieron chocolates, dijeron los que asistieron a la reunión. “Fue una locura”, dijo uno de ellos, “pero no me sorprendió”.

En un comunicado, el Gobierno describió las conversaciones como un “éxito rotundo” y “muy positivas y auspiciosas”.

La reunión sirvió para ratificar nuestra plena intención de continuar cumpliendo nuestros compromisos, pese a los obstáculos generados por Trump y sus aliados en Venezuela que buscan atacar a nuestro país”, dijo el comunicado.

La indiferencia de Caracas puede estar ligada a ventana de recibir ayuda financiera de Rusia, la cual no ayudó al Gobierno a evitar una declaración oficial de incumplimiento de la ISDA, la asociación de derivados, provocada por el pago retrasado de un bono de US$1.100 millones y el impago de intereses de US$47 millones la semana pasada. Venezuela y Rusia anunciaron el miércoles los términos de la reestructuración de su deuda bilateral de US$3.000 millones.

Pavel Federov, el director financiero de Rosneft, la compañía petrolera controlada por el Kremlin que le ha prestado US$6.000 millones a Venezuela, aseguró esta misma semana que “la compañía no planea realizar más prepagos adicionales a Venezuela”.

También hay esperanzas de que el Gobierno y la oposición puedan llegar a un acuerdo político que facilite un rescate financiero en las conversaciones mediadas internacionalmente.

La oposición se retiró de las conversaciones programadas para el miércoles en la República Dominicana debido a la falta de garantes extranjeros, pero el jueves llegaron a un acuerdo para iniciar el diálogo al comienzo de diciembre.

Aunque la oposición se ha debilitado a raíz de las pérdidas que sufrió en las elecciones, aún tiene mucho poder en el ámbito de las finanzas. Cualquier reestructuración de bonos requeriría una emisión de deuda nueva para los bonos antiguos. Pero esa nueva deuda sólo será reconocida por la comunidad internacional si es aprobada por la Asamblea Nacional dominada por la oposición. Aunque los miembros de la Asamblea fueron elegidos democráticamente, Maduro la ha usurpado mediante la Asamblea Constituyente.

“Lo mejor sería que el Gobierno y la oposición llegaran a un acuerdo político para que cualquier reestructuración de la deuda pudiera contar con la aprobación de la Asamblea Nacional”, explicó el economista Francisco Rodríguez.

Cabe destacar que la semana pasada, EE. UU. aseguró que “consideraría” permitir que los bancos e instituciones regulados por el país negocien con la deuda venezolana “si la Asamblea Nacional venezolana elegida democráticamente aprueba una nueva emisión de deuda”.

Los países más grandes de la UE y América Latina también han dicho que sólo reconocerán legislación aprobada por la Asamblea Nacional, incluyendo la emisión de deuda.

En teoría, el incumplimiento de la deuda podría ahorrarle a Maduro US$1.600 millones en pagos de su deuda este año. Pero el default también podría resultar en que los acreedores se apoderen de los envíos petroleros venezolanos, empeorando las condiciones económicas en un país donde los ciudadanos sufren cada vez más de desnutrición y enfermedades prevenibles porque no pueden encontrar ni comprar alimentos o medicinas.

En caso de un incumplimiento de la deuda, Rusia podría desempeñar un papel invaluable al facilitar el envío y la comercialización del petróleo venezolano, para ayudar a evitar el decomiso. El lunes, China, otro aliado y acreedor venezolano, y Rusia boicotearon una reunión informal del Consejo de Seguridad de la ONU en la que el embajador de EE. UU. llamó a Venezuela “un narcoestado cada vez más violento” que amenaza al mundo.

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