Vida, pasión y... venta de Pacific Rubiales

Tras ocho años de rápido crecimiento, la empresa entró en un proceso que daría paso a nuevos dueños.

Pacific Rubiales

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Pacific Rubiales

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mayo 10 de 2015 - 03:55 a.m.
2015-05-10

La alineación de los astros de manera positiva en sus orígenes y negativa en la actualidad resume la historia de la petrolera Pacific Rubiales, que, como toda esa industria, siente los rigores del descenso del precio del petróleo.

Tras un crecimiento vertiginoso y volverse la mayor petrolera privada de la región, hoy está a punto de ser vendida al grupo Alfa de México y Harbour de Hong Kong, con una valoración de sus acciones que es la sexta parte del precio que llegaron a tener hace cuatro años.

Justamente a uno de los socios, O’Hara Administration y sus filiales, el precio ofrecido le pareció poco, y en tres días se apresuraron a llegar al 19 por ciento de la propiedad para tener mucho más poder de fuego y lograr un precio justo, según le dijo a la agencia Bloomberg Orlando Alvarado, representante de ese grupo.

O’Hara, que congrega a inversionistas venezolanos, aparentemente busca presionar que suban la oferta, y no le interesa el control, según dijeron a las autoridades bursátiles de Canadá, en donde está domiciliada Pacific.

El despegue de la que hoy es la segunda petrolera del país, después de Ecopetrol, se originó hacia el año 2003. Entonces, Ecopetrol se dividió y se creó la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) como ente rector en promoción y asignación de áreas.

Una fuente ligada a ese proceso recuerda que esta apertura colombiana a la inversión petrolera se conjugó con la expulsión de directivos y empleados de primer nivel de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), con el acceso de estos al magnate canadiense Frank Giustra para conseguir capital de riesgo y con la subida de los precios.

Cuando en el 2003 el barril de crudo se cotizó en 30 dólares, José Francisco Arata, hoy presidente de Pacific, y otros exfuncionarios de PDVSA comenzaron a estudiar la geología colombiana y a adquirir los primeros campos, a través de Pacific Stratus, siendo el bloque La Creciente, una de las primeras zonas.

Luego, con un barril más caro que hacía viable aprovechar el conocimiento que tenían en crudos pesados, la jugada maestra fue la compra, en julio del 2007, al empresario Germán Efromovich, de la empresa Rubiales Holdings Limited, dueña de Meta Petroleum, que tenía un contrato de asociación con Ecopetrol en el campo Rubiales (Meta), que ese año produjo 18.724 barriles por día.

EL AUGE

Manuel Maiguashca, viceministro de Minas del 2003 al 2009, recuerda que en ese entonces, cuando Ecopetrol no se exigía en temas exploratorios ni operativos, estos empresarios implementaron nuevas técnicas para extraer el crudo de Rubiales.

En el 2008, tras la fusión de Pacific Stratus y Petro Rubiales (firma que compró a Rubiales Holdings), el campo cerró con 36.816 barriles por día, el doble del año anterior.

Y aunque estaba lejos de los 54.715 barriles diarios de Caño Limón, bastaron 12 meses para que Rubiales destronara al otrora gigante, al cerrar con 68.827 barriles por día en el 2009. En el 2010 subió a 123.000 barriles diarios y en el 2013 tuvo su pico, con 208.763 barriles por día.

Según Maiguashca, el éxito de Pacific coincidió con lo que llama “el auge de las petroleras de clase media”, pues por la apertura a la inversión, la industria se llenó de nuevos jugadores que no iban tras los grandes hallazgos, sino en busca de pequeños descubrimientos que fueron determinantes para la incorporación de nuevas reservas y el aumento de la producción.

Mientras aumentaba la producción, Pacific Rubiales comenzó a hacer inversiones en campos aledaños a Rubiales como Quifa, actividad exploratoria en La Creciente (Sucre) y el bloque CPO 6, entre otros.

ÉXITO Y TENSIONES

A medida que Pacific incrementaba su producción y compraba nuevas áreas y empresas (en el 2013 produjo 267.000 barriles antes de regalías y compartió barriles), las relaciones con Ecopetrol no fluían de la misma manera.

Maiguashca cree que siempre hubo una relación de precaución porque crecieron muy rápido, pero a la vez un nexo de respeto mutuo por el talento.

Una fuente que seguía paso a paso la evolución de la industria petrolera señala que “llegaron a una zona donde no había nada, y allí la gente vio que las firmas contratistas traían gente de fuera, lo que generó una serie de cosas, así como intereses políticos locales y regionales tratando de tener injerencia en la empresa”.

LA CRISIS

Pero a pesar de estos vientos en contra, Pacific Rubiales vio en la bonanza de precios una oportunidad de comprar empresas como C&C Energía o Petrominerales, que al tener crudos livianos le permitirían bajar el costo de transporte del petróleo pesado, como efectivamente ha ocurrido. También comenzó a diversificarse geográficamente, en Guatemala, Brasil, Perú y Papúa Nueva Guinea, principalmente.

De forma paralela, desde junio del año pasado, el grupo mexicano Alfa comenzó a invertir en la compañía, alcanzando una participación del 18,95 por ciento, pensando en aprovechar la experiencia de Pacific en crudos pesados para apostarles a las oportunidades que da la reforma energética de su país.

Sin embargo, luego de este crecimiento tan rápido, que se apalancó con un importante nivel de financiación (según Credicorp Capital bordea los 5.300 millones de dólares), y anunciar el año pasado con Ecopetrol que apagarían el proyecto piloto de recuperación secundaria Star en el campo Quifa, a la compañía la cogió la caída del petróleo sobreexpuesta en términos de deuda y en términos de una cantidad de proyectos que no están maduros y que tienen compromisos de inversión importantes.

Además, en marzo se confirmó que no se renovará en el 2016 el contrato de operación del campo Rubiales. “Comenzaron las dudas del sector financiero y se encontraron en una situación bastante insostenible, porque los mercados les han perdido confianza y la acción comenzó a tener valores muy bajos”.

Es en este momento cuando llega la oferta conjunta de Alfa y de la firma Harbour Energy (controlada por inversionistas chinos y estadounidenses), para comprar el 81,05 por ciento de las acciones que no posee Alfa actualmente, negocio que podría superar los 6.600 millones de dólares.

Lo que hay ahora sobre la mesa es, pues, una oferta de 6,5 dólares canadienses por acción, unos 12.900 pesos; un comité de Pacific para discutir la oferta; y la debida diligencia completada por Alfa y Harbour.

Aunque algunos analistas bursátiles dan como un hecho la transacción, el nuevo rumbo de Pacific Rubiales aún se desconoce.

ÓMAR G. AHUMADA ROJAS
Subeditor Economía y Negocios